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Una idea mendocina, ya sacó de circulación casi un 10 por ciento de las armas del país

Este fin de semana fueron destruidas más de 31 mil armas de fuego que habían sido entregadas por al sociedad en el Plan Nacional de Desarme. De esta manera, ya se han sacado de circulación del país el 8,6 por ciento de las armas registradas.
Las armas recolectadas en el plan. Foto: Gabriel Conte
Las armas recolectadas en el plan. Foto: Gabriel Conte

Con la destrucción de 31.422 armas de fuego que habían sido entregadas por la población en el Plan Nacional de Desarme, la cantidad de este tipo de elementos que salieron de circulación definitivamente llega a los 100 mil.

Las autoridades nacionales que encabezaron este fin de semana el acto en el cual las armas fueron fundidas consideraron que, de esta manera, se ha logrado destruir “el 8,6 por ciento del total de armas registradas que hay en el país”.

Así lo afirmó el ministro de Justicia, Julio Alak quien, además, consideró que nos encaminamos a que ese porcentaje se eleve hasta llegar al 10 por ciento.

El plan mediante el cual la gente entrega voluntariamente sus armas de fuego al gobierno nació en Mendoza en el año 2000.

En un comienzo, fue parte de una serie de acciones del Gobierno provincial que tenían un multipropósito: estimular a las entidades intermedias a trabajar por la seguridad; sacar de circulación armas que la gente ya no usaba y que podían caer en manos de delincuentes; intervenir indirectamente en el mercado negro, con líneas gratuitas de teléfonos para denuncias; promover la convivencia entre los vecinos; eliminar un factor de riesgo dentro del hogar y fomentar una serie de programas vinculados a la resolución alternativa de conflictos, los foros vecinales de seguridad, las alarmas comunitarias y muchos otros.

En Mendoza duró tan sólo 43 días: 3 para la Navidad del 2000 y 40 a mediados del año siguiente. Se recolectaron unas 3 mil armas, pero en definitiva el plan sirvió para estimular la polémica y el debate.

Así, en la provincia y el país se elaboraron los primeros diagnósticos en torno a quién tiene las armas y para qué. Se elaboró legislación adecuada para depositar y vigilar las armas de fuego en manos del Estado y el tema se expandió –valga la expresión- como reguero de pólvora dentro y fuera del país.

Aquí, se realizó la primera auditoría al arsenal de la Policía en más de 30 años y se creó un depósito conjunto administrado en conjunto entre los poderes Ejecutivo y Legislativo.

Pero además se generó una corriente artística liderada por Eliana Molinelli, quien transformó (junto a un centenar de escultores y pintores de todo el país) las armas en objetos de arte, resignificando a las armas (ver foto).

Y las escuelas –todavía hoy- incluyeron en su agenda de actividades la discusión sobre la violencia, la resolución de conflictos y la presencia de armas, un tema tabú hasta entonces.

Casi diez años después, es posible que el tema todavía despierte polémicas. Pero no hubo una idea superadora y ésta, ya logró bajar los índices de muertes con armas de fuego por primera vez en 50 años en, por ejemplo, Brasil.

Un plan de 43 días no es evaluable. Lo sería si se lograra implementar con aquellos niveles de participación y difusión, sostenidamente y sin interrupciones. Pero sí puede evaluarse la idea: los resultados que hoy muestra la Argentina son el producto de una iniciativa de un Gobierno provincial que fue levantada como bandera por decenas de organizaciones sociales que lograron constituir, en 2004, la Red Argentina para el Desarme.

Lo que hace falta en el país es que el tema se tome como “política de Estado” y se incorpore a los municipios y al resto de la sociedad a trabajar por una sociedad con cada vez menos riesgo de morir como producto de un arma de fuego. Pero esto no sólo se logrará con un plan de desarme, ya que deben funcionar todas las leyes al mismo tiempo.

- La Justicia, detectando el tráfico, alquiler y tenencia ilegal de armas. Para ello no hace falta ningún plan: tienen en sus manos todo el peso de la ley cada día del año.

- Las áreas estatales de seguridad, controlando cómo, a quiénes y bajo qué condiciones de aptitud le pone un arma en sus manos.

- Y la sociedad, entendiendo que de lo que se trata, es de vivir. De esta manera, fomentar formas de resolver los problemas que podamos tener sin necesidad de echarle mano a la violencia.