La historia de Víctor Vargas, el prófugo más buscado de la provincia
Es un ex policía que está sospechado de haber participado del crimen del cabo Eduardo Correa. Su nombre apareció en causas por robos millonarios y por el homicidio de otro efectivo hace dos años. Quedó absuelto de las imputaciones más graves que enfrentó y ahora lo buscan intensamente.
Por alguna razón desconocida, cada vez que los funcionarios del Ministerio de Seguridad apelan a los ejemplos para decir que los delincuentes “entran por una puerta, salen por la otra y que todo es culpa del sistema judicial”, olvidan mencionar al hombre que estuvo vinculado en algún momento con los casos más resonantes y violentos de los últimos años: Víctor Vargas.
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Es un ex policía que se convirtió en uno de los referentes del hampa vernáculo; actualmente con un pedido de captura por estar sospechado de ser uno de los asesinos del policía Eduardo Correa, durante un asalto a un blindado en la sucursal del Bango Regional que está en la Universidad Maza.
Pero no es la primera que su nombre aparece en un expediente vinculado con el asesinato de un efectivo. Hace dos años fue detenido e imputado por el crimen de Enrique Flores, un policía que cumplía servicios de custodio en la compañía financiera Montemar y que la madrugada del 6 de marzo de 2006 fue emboscado y acribillado a unas cuadras del Kilómetro Cero de Capital.
Para el fiscal de la causa, Daniel Carniello, Vargas era uno de los atacantes. Fundamentó su acusación a partir de declaraciones de testigos arrepentidos, pero para la Quinta Cámara del Crimen esa evidencia no era contundente y por eso decidió absolverlo de los cargos.
Vargas cayó luego de que un detenido por un robo a un local de venta de celulares confesara que, en realidad, había sido obligado a delinquir. El objetivo de la banda a la que pertenecía era, precisamente, ese: conseguir la mayor cantidad de aparatos telefónicos para darle a la gavilla una capacidad logística en comunicación difícil de descifrar.
En esa banda también participaba un supuesto pai umbanda (líder de una secta), quien habría estado a cargo de recabar datos sobre quienes tiempo después se convertirían en víctimas.
Con estos datos, se ordenó un allanamiento en su casa. Los investigadores consiguieron tanta información que demoraron algunos días en clasificarla. La mayoría de los datos tenían que ver con pesquisas por otros casos de robo registrados en la provincia.
En su computadora encontraron un plano de la sucursal del Banco Nación de Palmares, que había sido asaltado el 26 de abril de 2004 y de donde los delincuentes se llevaron un botín millonario. Unos días más tarde, le secuestraron otra PC en el centro de detención para policías o ex policías.
Estos datos fueron enviados a la Justicia Federal, y se presumía que esta prueba, además de lo que ya figuraba en la causa, era suficiente para condenarlo. Pues no: Vargas volvió a ser absuelto.
Víctor Vargas se convirtió en un sospechoso afortunado. Logró salir limpio de la investigación por un atentado explosivo en un Banco Regional de Malargüe y el frustrado robo al Banco Regional de San Martín, donde su esposa, Alejandra Legio cumplía servicios adicionales.
La mujer también fue separada de la fuerza. Contra ella existió una imputación por falsificación de documento público. Había trabajado en la división a cargo de emitir cédulas de identidad y, cuando se allanó su casa, los efectivos encontraron varios documentos en blanco. Y aún así, logró salir limpia de la causa judicial que la involucró.
Cuando comenzó la ola de robos a bancos, blindados y centros comerciales (como la joyería del Mendoza Plaza Shopping), alguien vaticinó: “Ojo que Vargas está suelto”. Quien hizo esa afirmación tenía motivos de sobra: en esos hechos siempre hubo amenazas de bomba, y Vargas tenía varios cursos sobre armado e instalación de explosivos. Aquella advertencia cada vez está más cerca de la realidad. Y, por estas horas, Vargas es el prófugo más buscado de la provincia.
En esa banda también participaba un supuesto pai umbanda (líder de una secta), quien habría estado a cargo de recabar datos sobre quienes tiempo después se convertirían en víctimas.
Con estos datos, se ordenó un allanamiento en su casa. Los investigadores consiguieron tanta información que demoraron algunos días en clasificarla. La mayoría de los datos tenían que ver con pesquisas por otros casos de robo registrados en la provincia.
En su computadora encontraron un plano de la sucursal del Banco Nación de Palmares, que había sido asaltado el 26 de abril de 2004 y de donde los delincuentes se llevaron un botín millonario. Unos días más tarde, le secuestraron otra PC en el centro de detención para policías o ex policías.
Estos datos fueron enviados a la Justicia Federal, y se presumía que esta prueba, además de lo que ya figuraba en la causa, era suficiente para condenarlo. Pues no: Vargas volvió a ser absuelto.
Víctor Vargas se convirtió en un sospechoso afortunado. Logró salir limpio de la investigación por un atentado explosivo en un Banco Regional de Malargüe y el frustrado robo al Banco Regional de San Martín, donde su esposa, Alejandra Legio cumplía servicios adicionales.
La mujer también fue separada de la fuerza. Contra ella existió una imputación por falsificación de documento público. Había trabajado en la división a cargo de emitir cédulas de identidad y, cuando se allanó su casa, los efectivos encontraron varios documentos en blanco. Y aún así, logró salir limpia de la causa judicial que la involucró.
Cuando comenzó la ola de robos a bancos, blindados y centros comerciales (como la joyería del Mendoza Plaza Shopping), alguien vaticinó: “Ojo que Vargas está suelto”. Quien hizo esa afirmación tenía motivos de sobra: en esos hechos siempre hubo amenazas de bomba, y Vargas tenía varios cursos sobre armado e instalación de explosivos. Aquella advertencia cada vez está más cerca de la realidad. Y, por estas horas, Vargas es el prófugo más buscado de la provincia.


