Las claves para entender la sorpresiva huelga del transporte
El brutal paro decretado por los choferes de micros del jueves fue sorpresivo para los usuarios, pero no para el gobierno y los empresarios del sector.
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Los empresarios del sector, descansaron en esos subisdios para discutir los sueldos de sus empleados.
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El gobierno de Celso Jaque tenía en sus manos la llave para destrabar el conflicto, pero el viaje del gobernador a Londres demoró una solución.
En ese sentido, el ministerio de Infraestructura había asumido el compromiso de decidir cómo se iban a aportar los fondos para que las empresas puedan pagar un incremento de salarios.
La discusión pasaba por dos puntos: o bien se les trasladaba en forma directa los subsidios que la Nación había destinado para que las provincias pudieran hacer frente a los aumentos del sector transporte (tal cómo se había hecho en el área metropolitana de Buenos Aires) o definía un incremento del valor del kilómetro recorrido que se les paga a los dueños de micro por cumplir el servicio.
Con el plazo encima, Infraestructura pidió una prórroga de cinco días bajo el argumento de que el gobernador se había llevado a Londres las carpetas para analizar la situación y tomar una decisión.
Hace unas semanas, trascendió que finalmente se había optado por aumenta el valor de lo que a las empresas se les paga, que oscila entre los $2,90 y $3,20. Pero eso hasta el momento no se transformó en un decreto, como así tampoco en una comunicación extraoficial en las reuniones paritarias para que las partes que estaban negociando tuvieran un camino a seguir.
Rodolfo Calcagni, titular del Sipemon, actuó en forma dura sin aceptar una prórroga. Con el certificado de defunción de la conciliación obligatoria en la mano, lanzó un paro casi sin aviso para los usuarios que dejó a pie a miles de pasajeros en el Gran Mendoza.




