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Los hombres de la bolsa: la nueva modalidad delictiva en Mendoza
Utilizan un bolsón de algún comercio conocido con una caja revestida en papel madera y papel de aluminio adentro. De este modo burlan los sistemas de seguridad y logran meter mercadería sin ser detectados.
Los sujetos apelaron a la imaginación. Estudiaron cómo funcionaba el sistema de alarma de los negocios de venta de ropa e hicieron inteligencia sobre los movimientos de los agentes de
seguridad privada. Una vez que obtuvieron esos datos, los analizaron, los clasificaron y prepararon el mejor método para lograr golpes más efectivos y bajar el riesgo de ser descubiertos.
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Consiguieron un bolsón de nylon de una casa de electromésticos y una caja de cartón común y corriente. El plan consistió en forrar la caja con papel madera y papel de aluminio y luego pegarla al fondo de la bolsa. De esta manera, a primera vista, parecía que la bolsa sólo contenía una caja cerrada.
La clave del diseño estaba en la parte abajo: la bolsa simulaba estar cerrada, pero tenía una
suerte de pestaña armada con el cartón, que permitía abrirla desde afuera, y cuando se cerraba, nadie sospechaba de la existencia de un agujero.
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Los ladrones metían remeras, zapatillas y aparatos electrónicos en la bolsa. No llamaban la atención de nadie y, después de husmear en las góndolas y en los mostradores, salían de los locales con cara de resignados por no haber encontrado lo que buscaban. En caja escondían el botín.
Las víctimas se daban cuenta de las visitas inesperadas por la
cantidad de mercadería perdida, pero nadie se había percatado del modo de operar de esta versión superadora de los denominados “mecheros” en la jerga del hampa.
El papel aluminio lograba distraer el detector de metales que funciona como alarma en la mayoría de los comercios. En todo caso, si el alerta sonaba, los ladrones se mostraban sorprendidos y se encargaban de corroborar que, efectivamente, todo se trataba de un error. Abrían la bolsa y hurgaban un poco y dejaban que el guardia hiciera el resto: allí sólo se veía una caja cerrada.
Uno de estos casos fue descubierto hace días por personal de la Oficina Fiscal 2. Por eso, dos hombres quedaron detenidos y vinculados con los últimos robos de estas características que se registraron en Capital.
El papel aluminio lograba distraer el detector de metales que funciona como alarma en la mayoría de los comercios. En todo caso, si el alerta sonaba, los ladrones se mostraban sorprendidos y se encargaban de corroborar que, efectivamente, todo se trataba de un error. Abrían la bolsa y hurgaban un poco y dejaban que el guardia hiciera el resto: allí sólo se veía una caja cerrada.
Uno de estos casos fue descubierto hace días por personal de la Oficina Fiscal 2. Por eso, dos hombres quedaron detenidos y vinculados con los últimos robos de estas características que se registraron en Capital.