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Análisis: Hunau, la Justicia y las víctimas de delito
En el caso del homicidio del asesor de gobierno se vieron todas las caras de la Justicia. Además, sirvió para comparar las diferentes conductas de quienes pierden a un ser querido en un hecho delictivo.
Silvia Ontivero, la madre de Alejo Hunau, supo cómo moverse. No buscó a los medios; los medios la encontraron a ella peregrinando durante años en Tribunales, haciendo casi lo imposible para encontrar y desenmascarar al asesino de su hijo. Y sí bien ayer tuvo su recompensa con la condena del único imputado que tenía la causa, desnudó –sin querer- algunos de los tantos cuestionamientos que la gente común hace al sistema judicial.
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Un asesinato es un asesinato. Y en todos los casos, la vida tiene el mismo valor y el homicida tiene el mismo desprecio por la vida. Pero no todos piensan así. Hay personas que suponen que el derecho humano a vivir cotiza de acuerdo con la clase social y económica a la que pertenece. Por ejemplo: a una pelea en un barrio conflictivo le llaman ajuste de cuentas y en un barrio privado lo califican como “disputa entre privados”. Lo mismo ocurre con los homicidios.
“Ese chico era medio drogadicto, ¿me entiende?”, justificó una vez Juan Carlos Blumberg, para explicar que no se podía poner en el mismo lugar a su hijo (rubio, universitario, deportista, secuestrado y asesinado) y a Sebastian Bordón, el adolescente que mataron unos policías en San Rafael.
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En el caso de Alejo, hubo un Tribunal que sugirió –sutileza jurídica mediante- que la víctima buscó su propio destino. En otras palabras, se dijo que haber sido homosexual potenció sus chances de ser asesinado. Toda una definición que sirvió para que el cartel de “homofóbico” se instalara en la Segunda Cámara del Crimen. Después de eso, otra Cámara decidió recusar a los jueces. Diferentes caras de la Justicia.
Algo parecido ocurre con las convocatorias a las marchas contra la inseguridad. Hay quienes ofician de voceros de esos movimientos y gozan de la condolencia popular por haber sufrido un hecho traumático. Fueron, son y serán víctimas. Pero no sólo de delitos. A ellos se suman personajes que aprovechan la situación para exponer sus ideas y sacar rédito político del sufrimiento ajeno. Y las víctimas vuelven a ser víctimas.
En esas reuniones se escuchan mensajes tales como “ellos o nosotros”. “Ellos”, los delincuentes, la lacra social y los que nunca asumieron el respeto por el prójimo. “Nosotros”, los trabajadores, los desamparados por el Estado que no controla ni logra encerrar a aquellos que disparan y apagan vidas. Paradoja: entre “nosotros” hay comerciantes que venden armas que sirven para matar. En el mercado blanco o negro, las armas matan por igual.
Entre “ellos” y “nosotros” existen más diferencias que las planteadas. “Ellos” no podrán ser como “nosotros” porque nunca recibieron una educación adecuada, porque perdieron el modelo familiar que contemplaba un afecto por el trabajo, porque no tuvieron contención social… porque se convirtieron en victimarios por cansarse de ser víctimas del sistema.
La madre de Hunau y el resto de los familiares de víctimas de delitos sufren por igual. Es el mismo sentimiento de impotencia de saber que ya nada será como antes. El tema es saber cómo canalizar ese nudo en el estómago para lograr Justicia y hacer que algo empiece a cambiar.
En esas reuniones se escuchan mensajes tales como “ellos o nosotros”. “Ellos”, los delincuentes, la lacra social y los que nunca asumieron el respeto por el prójimo. “Nosotros”, los trabajadores, los desamparados por el Estado que no controla ni logra encerrar a aquellos que disparan y apagan vidas. Paradoja: entre “nosotros” hay comerciantes que venden armas que sirven para matar. En el mercado blanco o negro, las armas matan por igual.
Entre “ellos” y “nosotros” existen más diferencias que las planteadas. “Ellos” no podrán ser como “nosotros” porque nunca recibieron una educación adecuada, porque perdieron el modelo familiar que contemplaba un afecto por el trabajo, porque no tuvieron contención social… porque se convirtieron en victimarios por cansarse de ser víctimas del sistema.
La madre de Hunau y el resto de los familiares de víctimas de delitos sufren por igual. Es el mismo sentimiento de impotencia de saber que ya nada será como antes. El tema es saber cómo canalizar ese nudo en el estómago para lograr Justicia y hacer que algo empiece a cambiar.