Loros barranqueros: entre los cañonazos y la colonia más grande del mundo
En General Alvear, además de reinar una suerte de paranoia comunitaria contra los emprendimientos mineros además cada tanto se suman las molestias que apuntan contra los loros barranqueros, una especie valorada en el mundo y que en Argentina hasta tiene su propio santuario.
Científicamente conocidos por Cyanoliseus Patagonus la especie, mientras en el sur provincial corre el riesgo de ser cañoneada con cohetes antigranizo, habita mansamente al pie del faro más antiguo de la Patagonia, en un balneario de la costa rionegrina llamado El Cóndor.
Según la organización Bird Life Internacional, esa área es considerada como muy importante para la conservación de las aves, siendo la colonia de loros más grande del mundo. Vaya uno a saber lo que opinarían de los funcionarios de la comuna alvearense que sólo han atinado a planear un combate muy parecido a una guerra.
Según la oferta disponible en el mercado, actualmente existen métodos más civilizados para alejar ese tipo de aves de los espacios urbanos que se quejan de sus chillidos, excrementos y posibles enfermedades.
Un erradicador de aves ultrasónico, se puede conseguir en el país por unos $ 999. Un artefacto que sólo podría afectar la sensibilidad de los animales capaces de captar el ultrasonido sin producir contaminación sonora en el entorno afectado.
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En el Globo, además de ser una especie apreciada por muchos coleccionistas que le ha generado un alto valor comercial a su caza, existen los protectores que luchan contra el maltrato de estas aves, quizás, una de las más vistosas del planeta.
Psitacosis
Otro argumento que espanta a los lugareños de Cochicó, General Alvear, es la posible propagación de la psitacosis, una enfermedad infecciosa producida por la Chlamydia Psittaci que afecta principalmente a las aves, pero que esporádicamente puede transmitirse al hombre.
El principal reservorio de estos microorganismos, en efecto, son las aves. Los primeros casos fueron relacionados con las aves de la familia de las psitácidas, loros, cotorras, papagayos; de ahí el nombre de la enfermedad. Los pájaros enfermos eliminan las C. Psittaci por las secreciones respiratorias y del aparato digestivo, contaminando todo el medio ambiente donde habitan. El hombre se contagia en forma indirecta, a través de la inhalación de partículas contaminadas con las deyecciones de las aves enfermas; también puede infectarse en forma directa por contacto con el ave parasitada.
La mayoría de los casos se han registrado en personas que, por razones laborales, están en contacto directo con las aves, como cuidadores, veterinarios, empleados de granjas avícolas, entre otras. Es más frecuente en los adultos entre los 30 y 65 años de edad y es muy rara en los niños. Estos últimos, en su inocencia, tal vez de los pocos que valoran la notable inteligencia que demujestran -los loros- por sobre otras especies animales.
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