¡Viva la party a la caída del sol!
Este año las costumbres y el raid playero vienen con mucho movimiento. En la temporada anterior había una sola consigna que parecía ser la madre de todas las demás: pasar el día sin trasladarse demasiado. Del departamento a la playa, y a disfrutar el sol. Escuchar música tranqui, tomar mates o ricos tragos en la arena, "paletear" un rato con amigos o, a lo sumo, caminar un poquito de sector en sector para ver "a quién te encontrás" (sabemos que a la curiosidad del mendocino por encontrarse a coterráneos no hay moda ni relax que pueda matarla).
El sol baja y el día explota
Este año 2017, en cambio, la tranquilidad no es la reina de la playa: alcohol, tragos, fernet, cerveza, mucha cumbia pop y la arena llena de parlantes y reproductores de música de última generación transformaron a la temporada en un huracán de ruido y reviente. Y ni que hablar a la hora en que llega el after beach.
Es así: el sol cae y se desata el carnaval. La vereda se transforma en una pista enorme llena de chicos bailando descalzos y cantando los reggaetones del momento.
Con promos de cervezas en mano, cientos de argentinos y chilenos se encuentran, se conocen, se "histeriquean" y hasta intercambian palabras y gestos seductores.
¿La perlita? Ellas van a la playa con bolsos XL. En su interior viene la mini, el brillito, los anteojos ochentosos, un pañuelo para el pelo o el cuello y alguna remerita copada y -ya sea en los baños de estos bares o en improvisados cambiadores creados por dos o tres amigas que sostienen toallones gigantes a su alrededor- en un dos por tres, todos esos elementos trocan su lugar por la bikini, que queda guardada. Ya se han transformado en una nueva fémina hot, listas para hacer frente a lo que resta de la tarde con sandalias en mano.
Ellos no. Ellos son más básicos, y si trabajaron el lomo en el gimnasio no importa el frío: hay que mostrarlo. Cuero a morir.

