Virginia Gamba: quién es la argentina que se presenta de modo independiente para dirigir la ONU
Libro "En la cuerda floja" de la argentina Virginia Gamba repasa una vida desconocida para las mayorías. Ganó el Nobel de la Paz en 1995. Ahora va por la ONU.
La diplomática de Argentina Virginia Gamba será candidata independiente para ocupar la máxima posición de la ONU. Una mujer revelación en muchos sentidos.
La diplomática argentina Virginia Gamba está en la lista de ganadores del Premio Nobel de la Paz, conseguido en 1995, como miembro del Comité Ejecutivo de las Conferencias Pugwash, una distinción que compartieron con el viejo conocido físico polaco-británico Joseph Rotblat.
Esta es una de las primeras novedades alrededor de la candidata independiente a dirigir la ONU, la Organización de las Naciones Unidas.
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Tiene este primer semestre del 2026 para tejer como una Penélope contemporánea un sistema de alianzas y apoyos en todo el mundo. Obvio que le pregunté por más detalles. Obvio que me dijo que siguiera participando (no lo dijo, pero sonrió, quizá por el invierno romano).
Virginia Gamba
Retomo lo del Nobel que incluye a la poeta oculta que también es Virginia Gamba. De hecho así empieza esta conversación. Pongamos que hablamos de poesía.
Nada se presenta como muy casual en aquel fallo del Nobel, ya que el científico Rotblat fue el primer conductor de esa organización en la que Gamba era una de las del board, la mesa chica si prefieren.
La calificadísima institución fue creada por los auspicios y colaboración de Albert Einstein y Bertrand Russell, responsables de la redacción del manifiesto Conferencias Pugwash para contagiar a otros monstruos similares a ellos (difícil, la búsqueda), en el armado de una entidad científica e intelectual de máximo nivel. Irreprochable.
En Estocolmo a mediados de los 90 ya alertaban sobre el papel de las armas nucleares en el complejo sistema de la política internacional.
Hoy, tres décadas después vivimos al filo de una guerra hasta ahora fuera de lo normal: posibilidades de conflictos bélicos de carácter nuclear.
A veces creo que deberíamos preocuparnos por la educación de los padres más que en la de los hijos. O ambos por igual, a la par.
ONU
La diplomática argentina está presentando su nuevo libro, “En la cuerda floja. Crónica de una lucha por la paz y el desarme”.
El miércoles por la tarde estaba en Roma. en gira de promoción. O rosqueando, quién sabe.
Es una mujer fuera de serie. Y así debe entenderse que Virginia Gamba sea actual precandidata para ocupar la Secretaria General de las Naciones Unidas, animada por su trayectoria como experta en temas de paz, seguridad y desarme.
Para que millones de personas sientan que toda esa burocracia sirve para algo en sus vidas. Entre esos millones de seres humanos se posiciona Gamba.
Nació en Buenos Aires, en 1954, aunque fue criada en Bolivia y Perú. Estudió en Gran Bretaña y desarrolló su carrera en distintos países de Europa, África y América como experta en cuestiones estratégicas.
Como miembro de la ONU ya trabajó por el control de armas, el desarme y desmovilización, así como por la defensa de los niños en contextos de conflictos armados.
Es autora de numerosos libros y artículos académicos sobre una amplia gama de temas relacionados con la paz y la seguridad humana. Y no lo duden: es poeta.
Su historia es casi una de película. Estudió Estrategia. Cuando volvió a la Argentina a los 27 años pocos días antes había comenzado la Guerra de Malvinas.
Nelson Mandela
Como pudo salió del país. Llegó a más que el máximo de sus estudios. E incluso trabajó con Nelson Mandela una vez elegido presidente de Sudáfrica.
De muy joven, fue la única argentina formada en Estrategia. Toda la documentación y archivos que ha recogido en su dilatada experiencia fueron donados a la biblioteca de la Universidad Católica. Ni consideró vender ese acervo a bibliotecas estadounidenses e inglesas, que, por supuesto, querían comprar ese lote.
Gracias a su trabajo los índices de violencia por el uso de armas de fuego bajaron considerablemente en África. Fue una de las encargadas de la investigación por el uso de armas químicas en Siria. Ella y su equipo arriesgaron su pellejo para lograr una investigación objetiva, sin ceder ante las presiones de las potencias y los distintos grupos armados involucrados en el conflicto.
Además de desarme, a partir del 2017 ocupó el rol de Representante Especial del Secretario General para la infancia y los conflictos armados, cuya responsabilidad principal en las Naciones Unidas es la protección y el bienestar de los niños y niñas afectados por los conflictos armados.
Si quieren saber más sobre ella creo qu hay varios datos en la canción al cierre de la nota: "Nació donde el río se hace plata y olvido".
Este reportaje es para ser leído, así como otros funcionan con la imagen. Allá vamos.
Leer el reportaje
- Pude leer más de la mitad de su libro. El ritmo de la prosa es increíble, ayuda al lector, no lo cansa ni lo aburre. No es poco. Creo que hay una poeta oculta en esta narradora auobiográfica.
- (Ríe) Nooooo. Vos tenés que leer mi primer libro: "Chocolate chino en Budapest". Tenés que leerlo. Ese sí se puede conseguir incluso de segunda mano en Mercado Libre. Lo publicó Sudamericana. Pero me pude dar el gusto, aunque era mucho más largo que lo que salio impreso: es muy chiquito. Lo saqué muy rápido porque me jubilé recién a fines de julio del año pasado. Y tenía un ansia muy grande de escribir. Y tenés razón: soy poeta. Salí finalista en un concurso de poesía internacional hace muchos años.
- Me re contra pareció. Al final hay un costado errante y de no encajar en la vida de esa chica que tenía el mundo por delante. Casi como los poetas clásicos.
- [Más risas. Pausa. Piensa] Los poetas somos ... vos también sos, eh. Nos entendemos (risas).
- No. Soy apenas un simple aspirante al conocimiento universal. Acá la persona muy importante, más allá del libro que nos reúne, es usted. Nació en Argentina, se crió en Bolivia y Perú, y cuando se le ocurrió venir al país, se desató la guerra de Malvinas. Casi una metáfora.
- Todo eso ha sido una estrategia accidental [risas]. Y eso es porque en algún momento la vida te va llevando por senderos que vos no pretendés, no querés, no buscás, pero ahí: o estás a la altura de las circunstancias o no lo estás. En 1982 vine de vacaciones a la Argentina. Francamente a ver unos familiares. Venía por dos semanas y me agarró la guerra de Malvinas Mi familia desesperada en Perú quería que volviese. Era un país en guerra. Era peligroso.
- ¿Usted tenía qué edad entonces?
- Tenía 27 años. En ese momento me pregunté a mí misma: ¿trabajé cinco años de secretaria para poder volver a la universidad, para hacer lo que quería, que era ingresar en Estudios Estratégicos. Es el estudio de cómo los países usan la coerción armada para sus fines políticos. Me acababa de graduar. Había estado estudiando desde los veinticinco, Estrategia. Y me acababa de quedar sin dinero para esperar a la ceremonia donde te dan el diploma.
- Qué momento de su vida y también del país.
- Tuve que tomar una decisión. Uno a veces estudia y estudia y estudia, y dice que sabe, y le dan un título. Pero ¿sabe? Me propuse hacer un seguimiento de una guerra real y no una guerra histórica. Fue así que me quedé en Argentina. Hay cosas que uno no espera, no sabe qué va a pasar, no tiene la más pálida idea. Pero en el momento en que pasan esas grandes disyuntivas en la vida, uno puede huir o puede afrontarlas. Decidí probarme a mí misma y, y ver si lo que había estudiado servía.
- Hay mil cosas para hablar con usted. Mil, de verdad. Su vida es alucinante. Tengo curiosidad por saber cómo es que llegó a trabajar con el presidente Nelson Mandela en Sudáfrica.
- Una vez más fue una cosa bastante accidentada. Yo estaba haciendo un trabajo muy interesante en Ginebra, donde dirigía un proyecto único, al que había creado, sobre el estudio de si había funcionado o no el desarme durante las operaciones de paz de Naciones Unidas. Estaba trabajando en el Instituto de Estudios de Desarme de Naciones Unidas, que está en Ginebra. En ese trabajo saqué once libros en dieciséis meses. -
- ¿Once libros de su autoría?
- Sí, en dieciséis meses. Éramos un equipo de trece personas, de trece nacionalidades diferentes, del que yo estaba a cargo. Libro a libro se podía demostrar que nunca se había hecho desarme y menos que se había ordenado el desarme en una operación de paz. Se recolectaban las armas, pero nadie hacía nada con ellas. Cuando editamos la mitad de los libros de esta serie me viene a ver el nuevo embajador de Sudáfrica en Ginebra. Era el embajador designado por Nelson Mandela, que acababa de asumir.
- ¿Y cuál era el motivo?
- Tenemos la cita y a mí me toca profundamente el corazón. Me dice: "Mire, tengo órdenes de Pretoria de venir a hablar con usted. Hemos leído sus libros Estamos muy preocupados. Hay una paz en Mozambique. Hay una negociación en Angola para alcanzar la paz. Y con los resultados que usted obtuvo, nosotros en Sudáfrica pensamos que la paz en esos dos países nos va a matar a nosotros". Y me explica que todas esas armas van a cruzar la frontera y van a alimentar el crimen. Y directamente me pregunta: "¿Puede, por favor, venir a Sudáfrica y hacer la investigación pero al revés?". Me desafió a mostrar el impacto de las armas que no son destruidas. Fue un pedido directo de Mandela.
- ¿Entonces?
- Yo fui. No tenía la más pálida idea. Pero fui.
- ¿Nunca había ido a Sudáfrica, antes?
- No. Y a África tampoco. No tenía la más mínima intención de ir a África (risas). ¿Vio, cuando uno ni siquiera sueña con ir de turismo a un lugar? Eso era lo que pasó: jamás en mi vida pensé que quería ir a África. Me enamore no solamente de Sudáfrica, sino de todo el continente. Mucho peor (risas).
- ¿Y se quedó más de lo previsto?
- Sí, fue larga la pausa, pero valió mucho la pena. Lo conocí a Mandela, fue muy lindo. Aprendí muchísimo de él, tuve muchas conversaciones con él. Pero lo más interesante para mí es que me enamoré por completo del continente africano. Trabajé con la Unión Africana, trabajé con la Cumbre de los Países de África Austral. Trabajé con todos los jefes de policía de más de veinticinco países, para tratar de blindar las fronteras.
- Otra vez lo inesperado le cambió la vida.
- Soy una enamorada de África. Aprendí a diferenciar las etnias, los lenguajes, las culturas, porque es un continente enorme. Cada país es diferente y cada etnia es diferente. Y me enamoré de todas.
- ¿Cómo era Mandela en su liderazgo?
- Lo adoraba todo el mundo. Venían todos los presidentes del planeta a verlo, los reyes, como si fuera el Papa. Adoraban a una persona que merecía ser adorado. Era una persona humilde, con un sentido del humor maravilloso y con una capacidad de poder ver las cosas por lo que eran y no por lo que la gente quería que fueran. Era un realista absoluto, pero a la vez podía ver, podía ver cómo unir a la gente. Y eso me lo enseñó a mí. Muchas cosas me enseñó, de cómo se tenían que juzgar. Recuerdo una vez que su vicepresidente vino a plantear que todo el pueblo, y era verdad, quería la pena de muerte. Había una gran cantidad de crímenes en Sudáfrica, en esos años. Debe haber sido 1997 o 1998. Era terrible La gente quería más fuerza...
- Mano dura.
- ¡Claro! Y él estuvo brillante, porque le dijo a su vice: "No, de ninguna manera. Vamos a hacer las cosas como Dios manda y vamos a hacerlo bien. Y la justicia va a funcionar y la gente va a ir a la cárcel y punto". Y el otro insistía. Y le dijo: "Mire, es lo que la gente quiere. Así que, si a usted le parece, hacemos un referendo, a ver la opinión pública". Y Mandela le contesto: "Mientras yo esté vivo, en este país no hay referendo, porque a mí la gente me votó para que los represente y tome decisiones. Es de cobardes hacer referendos".
- ¿Por entonces estaba vigente su política a través del rugby?
- Sí, pero no fue solamente el rugby. Y esa faceta es una parte muy romantizada de la historia. Ok. Hicieron una muy linda película, un lindo libro y todo lo demás. Mandela siempre lo vio así. Yo me acuerdo cuando él asumió. Y tomó posesión de su oficina. Estaban todos los grupos étnicos del país. La mayoría tenían miedo y estaban juntando sus cajas para irse a su casa, pensando que nunca más iban a conseguir trabajo por su raza. Rsultó todo lo contrario. Y Mandela al tomar posesión fue uno por uno a felicitar, a dar la mano. Dijo: "¿Qué hace con la caja en la mano? Si yo quiero que usted trabaje conmigo y siga trabajando". Él siempre decía: "Juntos vamos a hacer un futuro común. No miremos para atrás, porque el pasado divide", decía. Y aclaraba: "el futuro une". Entonces ahí nació lo que era su eslogan: el país arcoíris. Dijo: "Somos once naciones, once colores, once países y todos debajo de un solo Estado, que tiene un futuro brillante, porque hay lugar para todos nosotros en ese futuro". Nunca hubo el tema de justicia, venganza. Nunca existieron con él.
- ¿Podría explicar exactamente cuál es su trabajo?
- En este momento estoy jubilada, muy feliz, vivo en Bahía Blanca (risas). Me jubilé de Naciones Unidas a fines de julio del 2025. Por primera vez en mi vida me pude comprar una casa con mi jubilación. Vivo muy contenta con mi hija, mi marido y mi perro. La verdad que no puedo ser más feliz. Ahora, si me preguntas qué hice toda mi vida la respuesta es simple: Estrategia. Soy experta en paz y seguridad. ¿Qué quiere decir eso? Que mi área de especialidad es el manejo de crisis. Donde un país está por entrar en guerra o está en guerra, yo trato de negociar, mitigar y tratar de convencer, de bajarle el nivel a la cosa y, si se puede, encontrar un espacio, negociar algún tipo de paz. Y cuando no puedo negociar una paz, entonces trato de mitigar la violencia del impacto de la guerra en la gente. Así que soy muy reconocida a nivel internacional como posiblemente la más grande experta en el control de armas pequeñas, livianas, en el hemisferio sur. Escribí cuarenta libros. Soy muy conocida.
- Es una área de tremenda vigencia en el mundo
- En muchos países me pidieron que los ayude. Yo hice los planes nacionales para detener el tráfico ilegal de armas en veinte países. Hice el único plan nacional que existe para la prevención del crimen futuro en un país, a través de estudios, investigación y propuestas, y luego la implementación y capacitación del personal.
- ¿Y por qué tuvo tanto trato al más alto nvel de la ONU?
- Naciones Unidas me llamó tarde. Había una vacante de director de la Oficina de Desarme de Naciones Unidas en Nueva York y adjunto de Alto Representante de Desarme. Y todo el mundo me conocía, así que me pidieron que me presentara a concurso. No quería trabajar en una organización muy estructurada. Me gusta ser independiente. Toda mi vida fui independiente, fui investigadora independiente. Acepto un trabajo o no. Así que me costó mucho aceptar. Mi madre me convenció. Dijo: "Ninguna hija mía tira la toalla antes de tratar". Y eso me avergonzó. Entonces me presenté y gané el concurso sin ningún tipo de nepotismo, sin conocer a nadie, sin ningún tipo de apoyo de mi gobierno, de mi país, de nada. Y en ese trabajo me fue muy bien. Me fue tan bien que cada dos años me promocionaron. Así que de Directora pasé a ser asistente de Secretario General en menos de dos años.
- Debe ser un hito en la diplomacia del país.
- Creo que soy la argentina que más años estuvo en el cargo de subsecretario general de Naciones Unidas en la historia. Creo que estuve diez años en ese rol. Y fue muy difícil, porque siendo una funcionaria internacional de Naciones Unidas por quince años... sos una funcionaria internacional.
- ¿Me lo traduce?
- (Piensa) Hacés lo que te dice el secretario general. Y a mí me tocaron tres, cuatro. Me puso en cuatro diferentes lugares, uno después del otro, y fue muy difícil. El primero, directora de desarme, que tenía que ver con todo lo que era el desarme nuclear, el desarme de armas convencionales y el desarme regional en todo el mundo. Y a los dos años me eligieron para ser jefa de la primera investigación en la historia en el uso de sustancias químicas como armas químicas. En la guerra de Siria. Así que me mandaron al tema de Siria y estuve dos años investigando e identificando quiénes habían sido los culpables del uso de armas químicas en la guerra de Siria. Así que esos fueron dos años bastante horripilantes. Eso fue con el Secretario General coreano Ban Ki-moon, que me quería mucho y me respetaba mucho. Cuando vino el nuevo secretario general, Antonio Guterres me llamó y me cambió de lugar. Me dijo: "Mire, quiero que se ocupe de la cartera de niños y conflicto armado. Tiene que negociar para que liberen a los niños que fueron reclutados forzosamente en las guerras de todo el mundo".
- Una buena y una mala. La frontalidad del flamante funcionario y un trabajo cruel como pocos.
- Yo me enojé mucho. Le dije: "Señor, no tengo la más pálida idea de los niños. Yo no soy especialista en derechos humanos, ni en leyes... No soy abogada. No hago relaciones internacionales. ¡"Yo hago guerras!". Y me respondió: "Justamente es niños y conflicto armado. Y necesito un experto en guerras, porque si uno sigue la dinámica de la guerra va a ver las oportunidades de rescatar chicos". Y me convenció, así que me promovió a subsecretario general y me dio la cartera de ser su representante especial en el área de los niños de la guerra. Y en eso estuve ocho años. Luego decayó.
- Si calculo bien bien los tiempos estamos hablando de las puertas de la pandemia.
- Después del Covid vino un periodo muy malo para Naciones Unidas. Empezamos a tener problemas muy graves, económicos, de recursos, de falta de credibilidad, falta de confianza. Y hasta el día de hoy sigue en Naciones Unidas este problema. Y empezó a renunciar gente. En el último año que yo estuve a cargo de niños, conflicto armado, me pidió que, por favor, aunque sea por un mes o dos, me ocupara, al mismo tiempo, de la cartera de la Subsecretaría General en la Prevención del Genocidio y del Lenguaje de Odios. Y era algo que yo no sabía hacer, pero bueno, lo tuve que hacer y eso me duró un año.
- ¿Será que perdió eficacia Naciones Unidas y fue ganada por la burocracia global? El trabajo que hicieron y hacen: ¿es efectivo?
- Claro que sí. Yo sacaba a catorce mil chicos de la guerra por año. Durante mi mandato saqué ciento cuarenta mil chicos. ¿A vos te parece que es poco?
- No, Pero por eso lo pregunto.
- Hubiera sido uno solo y ya hubiera valido la pena. Vos no conocés a esos chicos. Cuando vos conocés a esos chicos y a esas chica... la esperanza que te dan, la polenta que tienen. La gente se equivoca. piensa: "¡Ay, pobre chico, pobre chica, son víctimas!". Sí, son víctimas, pero sobrevivieron. Y tienen una voluntad tan grande de mejorar sus vidas, que da optimismo nada más trabajar con ellos. Siempre a mí me dieron más de lo que yo les di, porque me dieron ejemplos de vida, que uno no se olvida.
- Ingresamos en el tramo quizá más delirante de esta nota. ¿Cómo explicar lo qué está pasando en el mundo? Una pregunta fácil.
- (Suspira) no es una pregunta difícil. es una pregunta lastimosa, lo que es diferente. No tendríamos que estar en esa situación. Yo estoy muy desilusionada. Considero que no hay estadistas. Desde que murió Mandela yo no he visto un estadista en el mundo que tenga la capacidad de dirigirnos a todos con una visión de futuro humanista. Creo que lo que pasó, si me hablas como profesional, es que con el covid, cuando vino la pandemia y todos nos metimos en casa, había una cierta ilusión. Que todos volvieramos a las bases, a las raíces, a las cosas simples, a la familia. Y no pasó eso. Pasó al revés. Era como que la gente estaba con mucha violencia, muy violentada. Y esperó a poder salir con la vacuna. Con la vacuna del Covid empezaron las guerras fuertes, vinieron conflictos armados brutales. Y el tren de historia no hay fin, porque es el comienzo de todo. Pero esto dio por resultado dos cosas. A mí personalmente me afectó mucho, porque muchos de los países que yo había trabajado para lograr la paz, se revirtieron, y muchos de los abusos que pude evitar para mujeres y niños y niños con discapacidades, se revirtió.
Naciones Unidas
- ¿Este clima de la época le hizo decidir asuntos importantes?
- Me afectó tanto que decidí presentarme como candidata independiente para ser Secretario General de las Naciones Unidas. Así que estoy muy contenta, jubilada, pero he decidido que tengo una responsabilidad.
. Digamos que no es una ambición sencilla.
- Yo qué sé... como está Naciones Unidas ahora, que tiene una muy mala fama, que no tiene confianza, sin credibilidad, sin plata porque no hay presupuesto. No hay nadie que hable bien de la organización. Así que complicado no creo que sea. Lo que sí es un poco suicida. Eso sí (risas). Yo creo que vale la pena pelear por una organización que podría hacer las cosas mejor, ciertamente. Tengo quince años de experiencia dentro del sistema, dentro del Consejo de Seguridad. Lo entiendo, sé la dinámica, comprendo el impacto en la gente. Así que pensé que que era mi responsabilidad individual como profesional. Pienso que puedo hacer una diferencia. Así que soy candidata independiente. Vamos a ver qué pasa.
- ¿Y qué apoyos tiene hasta ahora? ¿Qué ha conseguido?
- No, no es una cuestión de conseguir apoyos. Es un proceso. Yo lo conozco muy bien. Ya vi pasar tres secretarios general. Sé cómo son las carreras para este tipo de, de posición. Y lo que te puedo decir es que las reglas cambian. Cuando yo decidí lanzarme, todavía se podía hacerlo como independiente, sin ningún país que te apoye. Y ese era mi objetivo. En noviembre del año pasado cambiaron las reglas. El presidente de la Asamblea General tomó la decisión de que no se podían presentar candidatos independientes y que tenían que tener respaldo de uno o más países.
- ¿Y cómo se empieza una campaña así?
- Obvio que es necesario tener el aval, yo no diría el apoyo: simplemente el aval que te nomine desde un Estado miembro de Naciones Unidas.
- ¿Está por conseguir eso o no?
- Tengo muchas ofertas, de muchos países, de muchas regiones que han trabajado conmigo y que conocen cómo trabajo. O sea, a mí lo que me ayuda es mi reputación y cómo trabajé con muchos países sacándolos de conflictos. Así que estoy en eso. Viendo con quién estoy cómoda y con quién no. La sociedad civil toda me ha pedido que, por favor, me presente. Tengo el apoyo de casi todos los, las ONGs de Naciones Unidas, que me llamaron cuando yo me había retirado. Uno puede presentarse en cualquier momento, hasta junio o julio. La decisión se toma generalmente en julio o agosto. Y la toman, en verdad, cinco países.
- ¿Cree que el formato de Naciones Unidas está casi extinguido?
- No, no creo para nada eso. Lo que pasa es que es una organización muy vieja. Tiene ochenta años. Y a través de los años ha sido forzada a tomar cosas que no tendría por qué haber hecho. Los Estados miembros le dan mandatos, resoluciones. Tenés cinco mil novecientos mandatos y ninguno de ellos con dinero agregado o personal agregado, con lo cual vos tenés la misma gente haciendo seis, siete cosas, cada vez con menos dinero.
- Desde el panorama que se observa la organización emerge como muy ineficiente.
- No digo que no haya algo de culpa propia. ¿Si es necesaria la reforma de Naciones Unidas? Absolutamente. Y esa reforma tiene que ser muy fuerte, pero a la vez, no hay ninguna razón para pensar que las Naciones Unidas no son necesarias. Pero tenemos que ser más fuertes, no tanto en dinero o personal, sino en cuanto a decisión. Y quizá en los últimos quince años no ha habido mucha presencia de Naciones Unidas en la mediación de conflictos. Yo lo que quiero traer a la mesa es un gran impulso a la prevención del conflicto futuro, de mediar, de ver antes que escale a nivel de guerra. Todos tenemos que educarnos y todos tenemos que dejarnos de nepotismos. Y todos tenemos que ser menos corruptos.
Gran despedida de Virginia Gamba, la otra esperanza blanca de la diplomacia argentina: "Cuando sea Secretaria General, [risas] te doy una entrevista".
Libro
La estructura del libro editado por Edhasa, "En la cuerda floja", es un relato apasionante sobre una vida con la misma característica. Y de algún modo este texto viene a ratificar que los argentinos vivimos en una comarca remota donde nos creemos indispensables.
La gravitancia en la política internacional de la diplomática argentina nos sorprende. Y por fortuna nos saca del provincianismo tan marcado de la época, un letargo que nos obliga a revisar la agenda pública y los temas que apasionadamente colocamos allí como prioridades.
"Muchas aventuras vividas quedan fuera de este escrito. Los relatos de este libro llegan hasta el año 2022. Ahora, al publicarlo en 2025, ya estoy jubilada y no trabajo más en la ONU. Sin embargo, lo vivido a lo largo de tantas décadas es suficiente para confirmar lo que siempre creí: al nacer nuestro único camino es hacia adelante...".










