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Viktor Orbán dejó el poder tras 16 años y Javier Milei pierde un aliado internacional clave

Hungría votó un cambio: Orbán perdió tras 16 años en el poder. El resultado impacta en la red global conservadora que articula con Milei y Trump.


La escena parecía consolidar una alianza política en expansión. El 21 de marzo de 2026, Javier Milei fue recibido en Budapest por el exprimer ministro húngaro Viktor Orbán, en el Monasterio Carmelita de Buda, sede del gobierno. La foto buscaba mostrar la sintonía entre dos dirigentes que comparten agenda y discurso. Pero todo se derrumbó este domingo.

Sin embargo, apenas semanas después de ese encuentro, el tablero político húngaro dio un giro abrupto. Orbán fue derrotado en las elecciones parlamentarias de este domingo y dejó el poder tras más de una década y media al frente del país, en lo que marca un cambio de ciclo europeo.

Una relación construida en la internacional conservadora

El vínculo entre Milei y Orbán surgió de una red política global en expansión. Ambos dirigentes comenzaron a coincidir en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), espacio que articula a líderes de derecha y extrema derecha a nivel internacional.

Ese alineamiento tuvo un gesto clave el 10 de diciembre de 2023, cuando Orbán fue el único jefe de Estado europeo presente en la asunción de Milei en Buenos Aires. Desde entonces, la relación se consolidó sobre una narrativa basada en la defensa de los valores occidentales, rechazo al comunismo y cuestionamiento a las estructuras multilaterales tradicionales.

En su visita a Hungría, Milei estuvo acompañado por su hermana Karina Milei y por el canciller Pablo Quirno, en una comitiva reducida que reflejó el carácter político del viaje.

Milei en hungría

El presidente Javier Milei mantuvo una reunión con el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, en el Monasterio Carmelita de Buda, acompañado por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el canciller, Pablo Quirno.

El factor Trump y la red global de poder

Otro punto de convergencia entre ambos líderes fue su participación en el denominado “Board of Peace”, una iniciativa impulsada por el presidente estadounidense Donald Trump.

El encuentro previo entre Milei y Orbán se había producido en febrero, en Estados Unidos, durante la presentación de este espacio. Allí, un episodio informal reflejó la cercanía personal entre ambos: el mandatario argentino cantó “Burning Love” de Elvis Presley frente a los presentes, mientras el líder húngaro celebraba el momento.

Más allá del tono distendido, el episodio sintetiza la lógica de construcción política que ambos comparten: una combinación de espectáculo, identidad ideológica y construcción de comunidad internacional.

Orbán, la “motosierra” y el espejo argentino

Orbán fue, además, uno de los principales defensores de Milei en Europa. En 2024 elogió públicamente su campaña y su propuesta de ajuste, simbolizada en la “motosierra”, y llegó a sugerir que el continente debía tomar nota del experimento argentino.

Ese respaldo se mantuvo incluso cuando Milei no participó personalmente en las ediciones húngaras de la CPAC, enviando en su lugar a dirigentes cercanos.

Javier Milei y Viktor Orbán

Arrancó la Junta de la Paz.

La visita de marzo, en ese sentido, representaba el punto más alto de esa relación bilateral, enmarcada en una estrategia más amplia de articulación entre gobiernos conservadores.

Elecciones en Hungría: el final de una era

El resultado electoral de este domingo modificó ese escenario. La coalición oficialista Fidesz-KDNP obtuvo apenas 54 de los 199 escaños del Parlamento, muy lejos de la mayoría necesaria para gobernar.

Orbán reconoció la derrota en un breve discurso, en el que calificó el resultado como “doloroso” y admitió que los votantes decidieron retirarles la responsabilidad de conducir el país. También agradeció a los 2,5 millones de electores que lo respaldaron y aseguró que su espacio político continuará activo desde la oposición.

Tras 16 años en el poder, el dirigente cerró una etapa marcada por reformas estructurales, tensiones con la Unión Europea y la construcción de un modelo político propio.

Víktor Orbán Víktor Orbán teme que lleguemos a una contiendan mundial. Foto: Efe.
Víktor Orbán Víktor Orbán teme que lleguemos a una contiendan mundial. Foto: Efe.

Péter Magyar y el ascenso de una nueva derecha

El gran ganador de la elección fue Péter Magyar, líder del partido Tisza, que logró 136 escaños y superó la mayoría calificada de dos tercios necesaria para impulsar reformas profundas.

Magyar, de 45 años, construyó su ascenso en tiempo récord con una campaña centrada en la lucha contra la corrupción y la mejora de los servicios públicos. Su perfil combina rasgos del establishment —fue parte del aparato estatal y tiene vínculos con figuras del oficialismo— con un discurso de renovación.

Analistas lo describen como un dirigente con capacidad de interpelar a votantes desencantados del propio sistema de Orbán. Su trayectoria incluye pasos por la diplomacia europea y la conducción de organismos estatales, lo que le permitió construir una base de legitimidad técnica y política.

De insider a opositor

El quiebre de Magyar con el oficialismo se produjo en 2024, en medio de un escándalo que sacudió al gobierno y provocó la caída de figuras clave, incluida la entonces presidenta Katalin Novak y la exministra de Justicia Judit Varga, exesposa del propio Magyar.

A partir de allí, el dirigente se posicionó como denunciante del sistema que había integrado, con un mensaje que apuntó a desarmar “ladrillo a ladrillo” la estructura de poder construida por Orbán.

Su campaña, intensa y territorial, recorrió el país durante dos años y logró capitalizar el desgaste del oficialismo.

Impacto político: una alianza que pierde a uno de sus pilares

La derrota de Orbán no solo reconfigura la política interna de Hungría, sino que también impacta en el entramado internacional de líderes conservadores del que Milei forma parte.

La caída de uno de los referentes más influyentes de ese espacio abre interrogantes sobre el futuro de esa red y sobre la capacidad de sus miembros para sostener una agenda común en un contexto global cambiante.

Para el gobierno argentino, el resultado implica la pérdida de un aliado clave en Europa en un momento en que busca ampliar su inserción internacional con socios ideológicamente afines.