ver más

"Viajamos toda nuestra infancia para ver a nuestros padres detenidos por la dictadura"

Verónica y su hermana Paola, pasaron toda la infancia visitando a su mamá y a su papá en distintas cárceles de la dictadura militar.


La espera. De esa expresión hablará muchas veces en esta entrevista Verónica Vignoni. Hace 50 años, su infancia, - tenía 4- dio un giro inesperado. Primero, la dictadura recién estrenada- en mayo de 1976- arrebató a su mamá y luego a su papá. Pasaron junto a su hermana Paola de 2 años y sus abuelos paternos, cada 40 días, viajando durante los 8 años que duró el Gobierno militar para visitar a sus padres en Buenos Aires, donde estaban detenidos.

¿Qué podía saber una nena de 4 años de cuidar a su hermanita, dos años menor, cada vez que podían entrar a ver a su mamá por un lado y a su papá por el otro a unas gigantes cárceles de Buenos Aires? ¿Qué podía saber de una casa revuelta, de hombres de civil que las amenazan y que luego vienen a buscar a su mamá para pasar inciertos días sin conocer su paradero?

Sin embargo, la vida se impone. En esta Entrevista con MDZ, cuenta que su infancia, gracias a sus abuelos, también fue cumpleaños, actos y tareas escolares. También hubo comida deliciosa y juegos.

En 1983, con la llegada de la democracia ,se encontraron los cuatro, la pareja se ve después de 8 años. Luego, llega la hermana de la democracia y son cinco.

Mirá la entrevista completa

Entrevista A Verónica Vignoni, Sus Padres Estuvieron Presos En La Dictadura

-¿Cómo fue tu infancia?

-En el marco de estos 50 años, es la segunda vez que pienso yo como niña en ese momento. Este tipo de situaciones son tan adultocéntricas, que en realidad todo lo que pasaba era pensando en aquellos que estaban desaparecidos o presos. Los niños que estábamos afuera, en este caso tanto mi hermana como yo al cuidado de mis abuelos, los papás de mi mamá no éramos tenidos en cuenta. Es una pregunta que primero me hizo Alejo Hunau, que ustedes lo conocen muy bien. Estudiábamos juntos Comunicación Social y me preguntó un día entrando a la facultad, contame qué pasó en esa época. Yo empecé a contar la historia de mi papá y de mi mamá y me dijo el Ale, no Vero, decime qué sentiste vos.

Me volvió a pasar con todo lo que está pasando en el mundo. Cuánto hincapié se está haciendo en la vida de los niños, en la contingencias, en los bombardeos, en las ocupaciones territoriales, entonces, yo volví a ese momento. En realidad es un momento que vos tenés una vida con tus padres y tu hermana, en el momento que allanan tu casa, sentís el primer gesto de violencia, dejás de ser niña y tenés que empezar a pensar siempre en un plan B.

-¿Cuántos años tenías?

-Tenía cuatro años cuando detuvieron a mi mamá y a mi papá. Esto sucede el 13 de mayo de 1976. Hacen un allanamiento en la mañana en la casa, nos tienen mucho tiempo tiradas en el piso a la tres, revolviendo todas las cosas, para buscar alguna conexión con otros militantes. Revisaban libros, fotos. A la noche buscaron a mi mamá. Ahí pude ver por primera vez lo que es la desesperación, de cuando no sabés dónde están las personas que vos querés. Lo noté en mi papá que lo dejaron justamente para ver qué movimiento realizaba. Me gusta mucho escribir y siempre estoy tratando de cerrar un cuento que se llama La espera. El Sirio era la cara de la espera. Esa espera que desespera. No sabía si la iban a traer de nuevo o podía por favor que lo buscaran a él así sabía dónde estaba ella, Silvia y el resto de los detenidos.

Al día lunes, se lo llevaron a mi papá y nos fuimos a vivir en la casa de adelante con mis abuelos. Me impresiona cómo estaba todo armado, no fue algo espontáneo. Esas patotas que entraban a las casas estaban muy bien organizados. Evidentemente esto no empieza en marzo de 1976 sino mucho antes, que es lo que pude reflexionar después de muchos años.

-¿Qué les dice esta patota a ustedes cuando se llevan a tu mamá?

-Nosotras veníamos de la verdulería, de la mano de mi mamá. Ella se paró un momento, nos tenía a las dos de la mano y los vio en la puerta de la casa. Creo que ella pensó en ese momento si se iba o se quedaba. Había un auto y se bajaron cinco o seis personas corriendo. Mi mamá le pregunta qué necesitaban, estaban todos de civil y empieza la violencia que se repite a la noche cuando ya se llevan.

Verónica Vignoni 50 años golpe de estado dictadura nunca más-7

-¿Ustedes al principio, no sabían a dónde estaban sus padres?

- No sabíamos. Estaban desaparecidos en el centro clandestino, en el D2. Mi abuelo buscaba por todos lados. Mi abuela estaba con nosotras. Sin ellos no nos hubiéramos salvado. Mi abuela atendía a la bebé de dos años y yo me sentaba a esperar en el garaje de mi casa a esperar que venga mi mamá. En un momento, los trasladan a la cárcel de Mendoza y ahí nos dejan entrar sólo a los niños. Yo ya tenía cinco porque en agosto cumplo años y la Pao, ya tenía tres. Entramos las dos solas a una cárcel, con otros niños que tenían un poco de edad más que nosotras porque los más pequeños, estaban presos con sus madres. Todos los derechos, de niños y niñas, vulnerados.

-¿Qué te acordás de ese momento cuando ves por primera vez a tu mamá y a tu papá?

-Que se abrió la puerta de la cárcel, los miré a mis abuelos que me hicieron seña de que no soltara a mi hermana. Empezaron los gritos, los maltratos, los empujones. Apurate, sacate los zapatos, desnudate. Todo a los niños. Primera vez que nos enfrentamos a eso. Cuando vimos a mi mamá nos explicó un poquito qué era lo que estaba pasando. Lo único muy especial que me dijo la Silvia en esos 20 minutos, que le dijera a mi abuelo que la llevaban lejos, que la buscara. Pero que no hablara con nadie ni soltara a mi hermana.Que cuando saliera, se los dijera en el auto. Se hablaba de todos los presos políticos los iban a juntar en Buenos Aires. A las mujeres en la cárcel de Devoto y a los varones en la Unidad de 9, que es La Plata.

-¿Viste a tu papá?

-A mi papá lo vemos antes, porque el hecho de ser mujer y madre, también lo marcaban. A mi mamá no le permitieron ver a sus padres ni comunicarse con ellos. Sólo en Devoto. Pero a mi papá sí le autorizaron un acercamiento con la familia y nosotros entramos con ellos. Él en su libro Recomenzar la vida cuenta que yo me voy por debajo de un mesón a abrazarlo, a agarrarle una pierna y él me empuja fuerte para atrás. Y desde ahí nuestra relación fue bastante distinta. Pero claro que si esto se veía, se terminaba la visita. Cualquier actitud estaba vedada. La ilegalidad es tan grande en una dictadura, que vos no sabés qué hacer.

-¿Cuándo los trasladan y cómo sigue la vida?

-Los trasladan a Buenos Aires y la verdad que esas cárceles son monstruos, preparados para violentar y maltratar. Llega un telegrama de la cárcel de Devoto avisando que estaban en Buenos Aires. Viajábamos cada 40 días, nos quedábamos una semana. A través de un vidrio podíamos verlos, y teníamos sólo un día de visita de contacto. De ahí fue una constante. Teníamos una vida durante 40 días y luego se cortaba diez días.Mis abuelos jamás lo dudaron de verlos a los dos. Ibamos a Devoto y luego a La Plata. Cuando me fui poniendo más grande decía, qué seguimos haciendo acá. Ocho años vamos a venir...Sino van a salir nunca. Mis abuelos me respondían que iban a salir y que íbamos a sentir que hicimos algo por acompañar.

-¿Fueron así los 8 años?

-En el último tiempo llevan a mi mamá a Ezeiza y a mi papá a Rawson. Ahí dijimos, esto va a ser muy difícil. Al Sirio no le vemos más hasta que sale en libertad mi mamá el 15 de agosto de 1983. Mi papá sale con la anmistía de Alfonsín desde Rawson. En este proceso, hay dos situaciones que marcaron ese proceso que tuve que tomar decisiones. Aleccionada todo el tiempo de saber números, direcciones que teníamos que memorizar si les pasaba algo a mis abuelos. Si esto ocurría en Buenos Aires, más aún. En una de las salidas, mis abuelos no aparecen. Habremos tenido 9 y 7 años, invierno, plena dictadura. Yo dije qué hago acá, los espero o no...Hasta que salieron dos personas desesperadas gritando que eran ellos dos y al otro día en lugar de ir a La Plata, a la cárcel, fuimos a la Ciudad de los niños.

Cuando sale mi mamá en libertad, nos vamos a Rawson a ver mi papá, gracias al movimiento Ecuménico que nos ayudó con los pasajes. Cuando llegamos a Rawson, la detienen. Le retienen el documento. Y empezamos otra vez... Yo dije cómo hago para llamar a mis abuelos y decirles esto. Yo sabía que se morían. Pero finalmente la liberan y se encontraron ellos dos. Mi mamá tenía 26 cuando la detuvieron y él 30. Vio a una persona 8 años después canosa,a la que parecía desconocer, pero cuando se vieron, toda la cárcel de Rawson lloraba.

La vida después fue difícil, pero lo bueno que tuvimos otra hermana, que siempre digo que es la hermana de la libertad que vino a cambiar las cosas.

Verónica Vignoni 50 años golpe de estado dictadura nunca más-8