Una elección que puede ir de la lógica al batacazo

Ante un comicio polarizado, el Gobierno está confiado en que Rodolfo Suarez ganará hoy por una diferencia que podría estar en los siete puntos. Pero el peronismo se juega a que la gente vote con la mirada puesta en la crisis económica para terminar imponiéndose de manera ajustada. Se elige este domingo al décimo gobernador desde el regreso de la Democracia. 

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Marcelo Arce

Conejo cierre de campaña

Alfredo Cornejo reniega bastante de la suerte que le tocó para esta elección. Después de muchos años, es el único gobernador mendocino que llega al final de su mandato con una aprobación de gestión que supera el 60%, con un manejo de la cosa pública más que aceptable (que le permitió inaugurar un par de obras importantes justo antes de la votación) y con una proyección política a nivel nacional que la da, a partir de 2020, el derecho a esperanzarse con lanzarse a una aventura presidencial.

Con este panorama la aspiración número uno del mandatario, que Rodolfo Suarez gane la gobernación, se convierta en el décimo gobernador desde el regreso de la Democracia  y retenga el poder para el radicalismo, debería concretarse esta noche sin demasiado sobresaltos.

Sin embargo la incertidumbre juega un papel importante en el ánimo de Casa de Gobierno desde los últimos días. El oficialismo está confiado en que la ciudadanía le dará un espaldarazo a la actual administración y, más allá de las proyecciones del encuestador Elbio Rodríguez ( que marca una diferencia que podría llegar a los dos dígitos) estiman que la distancia no estará muy alejada de lo que ha sido históricamente el resultado de la mayoría de las elecciones para gobernador en la provincia. Es decir, entre seis o siete puntos.

La elección apunta a ser polarizada, aunque un par de cuestiones más habrá que seguir desde hoy a las 21, cuando se comiencen a difundir los primeros resultados oficiales. Uno de ellos cuál será finalmente la perfomance de José Luis Ramón, quien podría sacar el 10% e instalarse definitivamente con su partido Protectora como la tercera fuerza en la provincia.

Y también cuál será el futuro del Frente de Izquierda que, según pidió en la parte final de la carrera su candidata, Noelia Barbeito, apuesta a sumar diputados y senadores en la Legislatura.

De Cornejo hacia abajo son conscientes de que el factor Mauricio Macri jugará. Y posiblemente fuerte.

A los buenos indicadores que muestra el manejo del sector estatal, la mejora en la calidad de los servicios que brinda el Estado (quitando el endeudamiento), el incremento en la inversión y el fin de los conflictos con los gremios estatales, se le contrapone el páramo de la economía privada que, producto del mal manejo de la macroeconomía a nivel nacional, golpeó duro a casi todos los sectores.

Basta recorrer el espinel para determinar la manera en que los principales motores de la economía sufrieron una contracción que impidió el crecimiento de Mendoza por tercera vez en los últimos cinco años.

La vitivinicultura tuvo una caída de ventas en el mercado interno, aunque el dólar caro favoreció a las exportaciones de vinos y mostos; cayó la extracción y la producción de petróleo; el comercio arrastra al menos dos años muy malos por el menor poder de compra de los asalariados; la falta de crédito castigó a las pequeñas y medianas empresas y asimismo el retiro de la inversión (sobre todo nacional) y la suba de costos fustigaron a la construcción. El saldo, es más que conocido.

Solo lograron sobreponerse a la crisis las exportaciones vinculadas al agro y el turismo, aunque en este rubro llegaron más extranjeros y menos argentinos. Pero el empleo informal creció hasta superar el 40%, la inflación promedió valores superiores a la nacional (15% en 2016, 24% en 2017, 53,7% en 2018 y se espera que este otra vez por encima del 50% este año), crecieron la pobreza y la desigualdad (en este último rubro por encima de la media nacional incuso) y la desocupación pasó del 3,5% al 8,8% en menos de cuatro años.

Esta realidad fue la que le dio oxígeno al peronismo para recobrar la ilusión de que, a pesar del recuerdo fresco en la gente de los desmanejos de Francisco Pérez entre 2011 y 2015, pueden llegar a disputar el poder otra vez.

Ese camino eligió Anabel Fernández Sagasti quien, producto del coaching electoral y del panorama económico, no se cansó de machacar en la campaña con que su objetivo era la recuperación del empleo y el impulso de la producción.

El tsunami de votos cosechados por Alberto Fernández en las PASO de agosto les dio el envión final para sentirse competitiva.

Mientras Suarez fijó su estrategia mostrándose como el garante de la continuidad y el orden impulsados por Cornejo, la candidata peronista buscó instalar la idea de que lo mejor que le puede pasar a Mendoza es ponerse en sintonía con lo que seguramente se vendrá a nivel nacional.

Para el comando de Anabel toda la apuesta está en el “voto heladera” y la expectativa es dar un “batacazo” con una victoria que, si la consiguen, seguramente será más que ajustada.

El encuestador Rodríguez analizó que su hipótesis de trabajo es siempre pensar que, antes de una elección, la gente puede no manifestar su comportamiento. Pero que existe una lógica con la que va a elegir que se instala con mucho tiempo de anticipación.

¿Cuál sería esa lógica en este caso? Que la gente estaría definiendo su voto para hoy, con la mirada puesta en la provincia y un tanto alejada de las cuestiones nacionales.

Por ahora, la lógica de la gente a la hora de votar fue bastante particular. En los internas municipales de abril, ganó el PJ, en la PASO provincial de junio, se impuso Cambia Mendoza, en la PASO de agosto, ganó a Alberto y en los comicios para intendentes de setiembre, el gobierno dio la sorpresa ganando en San Martín.  

Qué pasará esta noche, seguramente todo dependerá finalmente de cuál de los dos candidatos haya logrado imponer su mensaje.

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