Cornejo se despide: un buen gobernador con el tiempo justo para no empalagar

Cornejo consiguió logros importantes en la gestión y ejerció el poder jugando con los límites. Probablemente haya habido una "virtuosa" coincidencia: gobernó bien y el límite temporal que no pudo romper permitió que no se tentara con abusar. Ambas ideas son vulnerables desde el análisis, pero también ratificables desde los datos. 

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Pablo Icardi

Gobernador Alfredo Cornejo 

Pachy Reynoso/MDZ

El domingo ya será oficial. Alfredo Cornejo tendrá un sucesor o sucesora electa y comenzará el proceso de transición de la gestión. Y lo hará con una impronta poco frecuente: con su poder casi intacto y un alto grado de imagen positiva. Sí, Cornejo ha sido probablemente el gobernador de Mendoza que más autoridad construyó en el cargo y que más ejercicio del poder hizo. En su ámbito, el Ejecutivo, y también en otros sectores del Estado y la vida cotidiana. Pero finalmente se topó con una limitación ineludible para él; el tiempo. El límite lo puso el calendario y la institucionalidad de Mendoza.

En cuatro años la situación de la provincia es distinta. Cuando asumió, el Gobernador se puso objetivos aparentemente humildes, con un hiperrealismo depresivo como plataforma discursiva. En la gestión logró equilibrar la provincia, hacerla previsible en lo fiscal. Ganó el “gobierno” de la calle y hoy la prestación de servicios mejoró sensiblemente: no se pierden días de clase, los hospitales atienden incluso mejor que en muchos efectores privados, desde lo técnico el aparato de seguridad está en funcionamiento (sin evaluar resultados). Fue probablemente el gobernador más reformista si se tiene en cuenta que cambiaron todas las normas que sirven de base para el funcionamiento del Gobierno, la administración de justicia y hasta el funcionamiento de la policía.

Desde lo político Cornejo ejecutó una estrategia y, casi sin oposición, avanzó hasta donde pudo. Fue el mandatario que más jueces nombró y designó a dirigentes políticos de su entorno para cargos clave. Intentó, incluso, ampliar la Suprema Corte en una de las pocas maniobras en las que encontró un freno. Hizo reformas en la política criminal cambiando radicalmente el enfoque y la eficiencia; y al mismo tiempo se garantizó tener influencia a tiro de un llamado por teléfono dentro de Tribunales. Aunque no se lo puede culpar por las carencias ajenas por la falta de oposición, también se puede decir que la autolimitación no ha sido una virtud. 

En política no hay mucho azar. Pero quizá se trate de una coincidencia virtuosa. Los resultados en la gestión de cuatro años indican que Cornejo fue un buen gobernador y con el tiempo justo para no empalagar. Para el oficialismo “hubo poco tiempo”, pero probablemente haya sido el necesario para evitar excesos.

Cornejo fue un buen gestor y con el tiempo justo para no empalagar

Ambas premisas pueden ser relativas según quién las analice. Muchos podrán decir, con legitimidad, que no fue un buen gobierno porque más allá de la administración del Estado, la provincia tiene indicadores malos (muchos de ellos con fuerte influencia nacional).

De la misma manera el propio Cornejo y sus allegados desmienten que con más tiempo hubiera habido un “proyecto hegemónico”. Aseguran que lo ideal hubiera sido tener más tiempo, es decir otro mandato, para culminar el proyecto de gestión y, sobre todo, el político, sumando volumen para pensar en una proyección nacional.

Deseo que moviliza

En 2015 Cornejo corría con una enorme ventaja: haber diseñado una estrategia de poder y tener un diagnóstico preciso de lo que ocurría en la Provincia. Francisco Pérez lo ayudó al adelantar las elecciones. El camino lo había iniciado mucho antes, desde Godoy Cruz. Cornejo nunca dejó de seguir cada paso de lo que ocurría en la gestión del Estado provincial. Llegó al 2015 sobrado y con la estrategia nacional aceitada desde que en 2012 selló un acuerdo político con Mauricio Macri. Cornejo sí tenía un plan y lo ejecutó.

Por el momento en que asumió, Cornejo probablemente haya sido el gobernador que Mendoza necesitaba en estos años. Reconstruyó la autoridad de un cargo que venía devaluado frente a los grupos de poder (empresarios, gremios, etc) y deslegitimado ante la ciudadanía. También recuperó la capacidad de gestión del Estado. Ya en 2015 aseguraba que su gobierno no luciría y que sus propuestas eran “poco sexis” porque no vendían ilusión. Tenía razón. ¿Qué hubiera pasado si Cornejo hubiera conseguido reformar la Constitución para poder ser reelecto?

Es solo una hipótesis de charla de café porque no ocurrió. Pero sí hay casos similares. En San Juan, por ejemplo, hubo un proceso similar. José Luis Gioja fue gobernador y generó un cambio profundo en esa provincia. Fue por la reelección, la logró y luego no resistió la tentación: impulsó una nueva reforma de la Constitución para ir por un tercer mandato, rompiendo la propia promesa que había hecho años antes. 

Las elecciones del domingo van a marcar una bisagra. Confluirán el inicio de  cambio generacional en la dirigencia, una nueva institucionalidad que permitirá otra dinámica política (por la limitación a las reelecciones de los intendentes) y probablemente sean las últimas bajo la vieja Constitución. Ese telón de fondo también le da un contexto distinto al cierre de la gestión del Gobernador. 

Cornejo es un apasionado de la política. Su ambición, legítima por cierto, lo moviliza. Por eso también el sabor agridulce por no poder seguir. El malestar que pueda sentir por no poder seguir en el poder, no se convertirá en frustración. Ya lo sabe: el deseo es el motor de la pasión, y si hay algo que Cornejo desea es seguir construyendo poder.

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