Tarea para la casa: hacerle cosquillas a un De Marchi que no se ríe

El día después de la contienda en que se dirimieron candidaturas hacia adentro de los partidos principales de Mendoza, empieza la tarea de reunir potencia para afrontar la elección general.

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Gabriel Conte

Los precandidatos, juntos tras los chispazos de campaña.

"El Omar es muy valioso". La afirmación corrió por cuenta de Rodolfo Suarez, en un alto de un día cualquiera de la campaña. Café de por medio con un periodista, De Marchi ("El Omar") había señalado: "El Rody es buena gente", diferenciándolo de los que no cree que lo sean dentro de su partido. Primera conclusión: se aceptan, se huelen y se reconocen como parte de la misma jauría política; saben cuál es la presa a vencer.

Sin embargo, entre los humanos nada es tan sencillo como para los seres irracionales. La razón juega malas pasadas y la memoria no instintiva, sino calculadora, reclama revanchas.

Omar De Marchi estuvo de mal humor todo el domingo. Se le notó más de una vez a lo largo de la jornada y la gente que le manejó la campaña refunfuñaba por la rotura de boletas. No detectaron este domingo adversarios más que en la interna de Cambia Mendoza. Pero ahora que está resuelto y que todo indicaría que deben unirse para luchar contra el siguiente "enemigo", no asoma una tarea fácil.

Suarez con una pluma intentará actuar sobre una axila insensible del lujanino y le costará arrancarle una sonrisa sincera. Sin carcajadas en el oficialismo (ni globos, ni bailecito, para diferenciarse de sus líderes nacionales que aplastan) el peronismo hará lo que mejor sabe: unirse y reproducirse, ya que poco les importa haberse desconocido un tiempito. Ahora, en el peronismo con el nuevo nombre elegido para esta temporada electoral, Elegí, saldrá a buscar lo que cree que les pertenece: el poder.

A Cambia Mendoza le quedan laberintos por desandar en Mendoza, en donde los precandidatos que respondían a Cornejo, los del macrismo y los rebeldes tienen que hallar un cauce que los contenga. Y en la Nación, situación que condiciona lo local y desata los nervios contenidos más allá de poder enarbolar un triunfo local.

De allí que hay una tarea nueva que debe iniciarse rápidamente, antes de que resurjan los resquemores: construir una dimensión realmente desafiante del nuevo adversario, para no restarle respeto y, por ello, subsumirse en la propia bronca.

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