Súper Niño: la zona de Mendoza que más preocupa a Hidráulica
El director de Hidráulica, Pablo Rodríguez, aclaró cuál es el lugar de Mendoza con más riesgos frente al Súper Niño. No se trata de Corralitos.
La zona que más preocupa a Hidráulica ante el Súper Niño.
ALF PONCE MERCADO / MDZMendoza se prepara para un verano que podría poner a prueba nuevamente su histórico sistema de defensa aluvional. El pronóstico que manejan las autoridades anticipa que el fenómeno conocido como Súper Niño podría alcanzar su máxima intensidad hacia diciembre, con lluvias más frecuentes y tormentas potencialmente más severas. El director de Hidráulica, Pablo Rodríguez, puso el foco en una zona particularmente vulnerable: San Isidro, en el piedemonte de Mendoza. Allí confluyen dos cauces importantes, que reciben aportes de algunas de las cuencas de mayor tamaño del piedemonte.
Frente a ese escenario, la Dirección de Hidráulica de Mendoza redobló las tareas de mantenimiento de cauces, diques y colectores aluvionales y trabaja junto a los municipios en los sistemas de drenaje urbano. “Si una tormenta se concentra en ese lugar y bajan caudales, puede pasar como en 2007, que bajó muchísima agua y hubo evacuados”, explicó Rodríguez en diálogo con el programa After Office por la MDZ Radio 105.5 FM.
La advertencia adquiere mayor relevancia por el crecimiento urbano de la zona. El funcionario señaló que existen tres barrios irregulares asentados en un sector de alto riesgo aluvional. Según explicó, se trata de vecinos que fueron víctimas de la venta de terrenos a bajo costo en áreas donde las condiciones naturales representan una amenaza.
El piedemonte mendocino posee cuencas de grandes dimensiones. Mientras algunas cuencas se ubican en el rango de los 30, 40 o 50 kilómetros cuadrados, los de la zona son de los 100 kilómetros cuadrados o incluso más.
El antecedente de una tormenta de 77 milímetros
Para dimensionar el desafío, Rodríguez recordó un episodio reciente en el que Mendoza recibió una tormenta extraordinaria: se registraron 77 milímetros en menos de una hora. La infraestructura respondió ante ese evento. Los colectores y conectores aluvionales trabajaron con altos niveles de carga, pero no se produjeron desbordes puntuales de gravedad.
Sin embargo, el director de Hidráulica aclaró que toda obra tiene un límite de diseño y que una tormenta todavía más intensa puede eventualmente superar la capacidad de la infraestructura.
El razonamiento es similar al que se aplica frente al riesgo sísmico: Mendoza cuenta con construcciones diseñadas para soportar determinados niveles de movimiento, pero eso no significa que cualquier evento imaginable pueda ser absorbido sin consecuencias.
“Todas las obras de infraestructura de la provincia son parte de un diseño y pueden verse sobrepasadas bajo cierto tipo de contingencia”, explicó.
Una zona que dejó de estar entre las más críticas
Rodríguez explicó que durante décadas existió preocupación por los desarrollos urbanos ubicados en esa zona del piedemonte, particularmente en el área que comprende Blanco Encalada y sectores de Chacras de Coria. La obra, ejecutada entre 2023 y 2025, extendió un sistema de captación y trasvase que intercepta el agua proveniente del piedemonte y la conduce hacia el río Mendoza.
El funcionario describió la infraestructura como un muro de casi 200 metros de longitud y hasta unos siete metros de altura en algunos sectores, diseñado para desviar los caudales y evitar que avancen hacia zonas urbanizadas.
Por eso, aunque el sector continúa requiriendo obras de drenaje urbano, Rodríguez considera que Blanco Encalada dejó de estar entre las zonas más críticas desde el punto de vista aluvional gracias a esta intervención.
Guaymallén, otra zona bajo vigilancia
El otro foco señalado por Hidráulica está en las zonas bajas de Guaymallén. Allí el problema presenta características diferentes a las del piedemonte. No se trata necesariamente de grandes torrentes que descienden con velocidad, sino de sectores con menor pendiente y menor capacidad natural para evacuar el agua.
Rodríguez mencionó particularmente Corralitos, Bermejo y el área vinculada al arroyo La Lagunita, además de sectores próximos al canal Pescara.
El verano pasado ya se registraron inconvenientes en algunos de estos puntos. En estos casos, la respuesta no pasa solamente por grandes obras aluvionales, sino también por mejorar los sistemas de drenaje pluvial urbano: cunetas, alcantarillas, badenes y colectores que permitan sacar rápidamente el agua de las zonas pobladas.
El funcionario remarcó que allí resulta fundamental la coordinación con los municipios y la elaboración de planes directores de drenaje.
El riesgo no es solamente la tormenta
Para Rodríguez, uno de los principales desafíos de Mendoza es comprender que el riesgo surge de la combinación entre una amenaza natural y la vulnerabilidad de las personas y las construcciones.
El aluvión es una amenaza que existe y que forma parte de las condiciones naturales de la provincia. El problema aparece cuando las urbanizaciones avanzan sobre cauces o zonas naturalmente destinadas al escurrimiento.
Ese fenómeno sigue ocurriendo pese a las normas de ordenamiento territorial. Durante la entrevista, Rodríguez también señaló que Hidráulica detectó situaciones en las que personas o emprendimientos avanzaron sobre cauces torrenciales y construyeron infraestructura en esos sectores.
La consecuencia es que, cuando llega una crecida, una zona que naturalmente debía funcionar como vía de escurrimiento se convierte en un espacio vulnerable.
El Súper Niño pone nuevamente el tema en agenda
La llegada de un fenómeno climático que podría intensificar las lluvias vuelve a poner en discusión una pregunta incómoda: ¿hasta dónde puede resistir la infraestructura aluvional mendocina?
La respuesta de Hidráulica no es que exista un riesgo cero. Mendoza tiene una red de diques, colectores y cauces que permite reducir considerablemente el impacto de las crecidas, pero ninguna obra puede garantizar protección absoluta frente a un evento que supere sus parámetros de diseño.
Por eso, la estrategia oficial combina mantenimiento, nuevas obras, monitoreo y coordinación con los municipios.
El mensaje que deja Hidráulica es claro: San Isidro aparece hoy como uno de los puntos que más preocupa en el piedemonte, mientras que las zonas bajas de Guaymallén requieren especial atención por su limitada capacidad de evacuación.
El desafío para los próximos meses será que el crecimiento urbano no avance más rápido que las obras destinadas a conducir el agua. Porque frente a un Súper Niño, el problema no será solamente cuánta lluvia caiga, sino dónde caerá, con qué intensidad y qué encontrará el agua en su camino hacia el llano.