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Sea Lion, la batalla en la que el "nuevo" Javier Milei intenta abrazar a la política

Por primera vez, el Presidente propone una pausa entre disputas partidarias para hablar de soberanía. La oportunidad que abrió Donald Trump y el conflicto hacia el futuro con Gran Bretaña

Sea Lion, la batalla en la que el nuevo Javier Milei intenta abrazar a la política.

Sea Lion, la batalla en la que el "nuevo" Javier Milei intenta abrazar a la política.

Javier Milei puso esta noche a Malvinas por encima de sus propias batallas. Ese es el primer dato, no el único, pero sí el que ordena una nueva oferta presidencial en tonos y contenidos que parecen novedosos. Un nuevo Milei intenta salir a escena con una bandera de Estado, abrazado a Donald Trump y con el antecedente del comunicado del presidente chileno José Antonio Kast en apoyo a la Argentina y su causa Malvinas.

En todo ese juego hay que leer bastante bajo el agua. Kast tiene dentro de su país proveedores que quieren participar del negocio Sea Lion con el petroleo de Malvinas y Trump tiene lo suyo con las broncas con Londres que crecen cada día.

El mismo presidente que insulta opositores y periodistas cambió el eje. Hizo un llamado a toda la dirigencia política, admitió diferencias sobre política fiscal, política cambiaria y formas de gobierno, pero trazó un límite: Malvinas debía quedar fuera de esas disputas.

“Podemos discutir las formas”. “Podemos discutir la política fiscal o cambiaria”. Pero sobre Malvinas pidió una pausa.

El mensaje importa porque Milei no planteó sólo una convocatoria. La acompañó con una batería de medidas económicas, judiciales, legales y de Defensa del país frente a la explotación petrolera habilitada por Gran Bretaña en Malvinas. Es decir, intentó trasladar la cuestión desde el terreno de las declaraciones hacia el terreno del costo.

Ese cambio tiene una causa concreta: Sea Lion.

Milei tiene un nuevo enemigo: Sea Lion, por explotar petróleo en Malvinas.

Milei tiene un nuevo enemigo: Sea Lion, por explotar petróleo en Malvinas.

El petróleo altera el tablero

El proyecto está ubicado en la Cuenca Malvinas Norte, a unos 220 kilómetros al norte de las islas. Sus operadoras principales son Navitas Petroleum, de Israel, y Rockhopper Exploration, de Gran Bretaña. La primera empresa le viene complicando la relación con Israel desde hace meses.

Para el Gobierno, el problema dejó de ser abstracto. La posibilidad de que comience la explotación de petróleo transforma el tiempo político de la discusión y le dió a Milei una bandera específica. Oro puro en el inicio de la campaña electoral. Milei habló de un peligro próximo. También dijo que Argentina no permitirá esa explotación y que utilizará herramientas económicas, judiciales y legales.

La discusión sobre soberanía adquiere una dimensión económica concreta porque aparece un recurso que puede ser extraído. El conflicto ya no se limita al reclamo. Entra en escena una actividad, aparecen empresas, accionistas, proveedores, contratos y operaciones.

La respuesta que anunció Milei esta noche apunta precisamente sobre esa red.

La Cancillería ya envió más de 180 notas de protesta. El Gobierno prepara mecanismos para acelerar decretos sancionatorios contra quienes participen de la explotación. Las acciones alcanzarán a empresas, pero también a accionistas y proveedores.

El criterio que Milei expuso no deja lugar para una convivencia entre ambos mercados: quienes operen en Malvinas deberán elegir y no podrán operar allí y, al mismo tiempo, mantener actividad en Argentina.

Ese principio convierte el reclamo en una decisión económica. La sanción deja de concentrarse sólo en la empresa que extrae. Se extiende sobre quienes hacen posible la operación.

Subir el costo

La lógica anunciada por el Presidente consiste en aumentar el costo de participar de actividades no autorizadas por Argentina. El esquema incluye la exclusión de empresas con operaciones en Malvinas, la imposibilidad de contratar dentro del territorio argentino, acciones contra proveedores, juicio en ausencia para empresarios, ejecutivos, accionistas de esas empresas y una modificación legal para endurecer sanciones.

También aparece el Congreso.

Además, la extensión no quedará limitada al petróleo. Alcanzará otros recursos: hace rato que la pesca esta en la misma mira.

Este punto amplía la dimensión del mensaje. El Gobierno no presenta Sea Lion como un episodio aislado: lo toma como un caso que obliga a construir un marco para cualquier explotación de recursos bajo las mismas condiciones.

Milei anunció el envío de un proyecto de defensa de la soberanía nacional y planteó modificar la ley para endurecer las sanciones a empresas con operaciones no autorizadas. La misma regla alcanzaría a proveedores.

La discusión, por lo tanto, no termina en un decreto presidencial. El Presidente intenta llevarla a una norma que obligue al resto del sistema político a fijar posición. Allí aparece el sentido del llamado a la oposición y mas específicamente a Mauricio Macri.

La otra señal: Donald Trump

El segundo elemento que Milei colocó alrededor de este movimiento fue Donald Trump.

Según el planteo presidencial, Estados Unidos abrió una ventana al manifestar disposición a revisar su política sobre Malvinas. Trump no esta interesado en Malvinas y de hecho en los Estados Unidos debe haber muy pocos que hayan oído hablar del tema en algún momento, pero al estadounidense le sirve para mortificar al primer ministro británico, Andy Burnham, por el quite de colaboración en las acciones contra Irán en el estrecho de Ormuz y las rebeldías que le muestran los socios históricos dentro de la OTAN.

La mención de Milei en su mensaje a los problemas migratorios en Europa y la decadencia del viejo continente son la muestra mas clara de la línea directa de esas intenciones de Trump.

Milei toma esa señal y la incorpora a su estrategia. No la presenta como una solución. La utiliza como una oportunidad dentro de un escenario que, al mismo tiempo, contiene la amenaza del comienzo de la explotación petrolera.

Defensa entra en la ecuación

El Gobierno también incorporó a Defensa. Milei aclaró que no hablaba de sanciones militares, pero sí anunció la reconstrucción de la base de Tierra del Fuego, un refuerzo del equipamiento de detección de intrusos y la firma inmediata de un DNU para ampliar recursos del Ministerio de Defensa.

La diferencia no es menor ya que en ningún momento plantea lo que para Argentina sería un imposible: una respuesta militar ante la explotación petrolera que habilitó Gran Bretaña, pero a eso suma el Consejo de Seguridad Nacional para el que pide poderes económicos y operativos.

Por eso el discurso marca un giro: no porque haya terminado la pelea política en el país, tampoco porque exista una tregua.

Por primera vez, Milei dijo que existe un tema que debe quedar por encima de ella. Y colocó detrás de esa definición sanciones, leyes, Defensa, diplomacia y recursos del Estado. En esto intenta mostrar un nuevo Milei, si es que eso existe.

Sea Lion le aceleró ese reloj. Ahora la discusión pasa por saber si la política argentina puede hacer lo mismo.