Reforma laboral: una votación bisagra y el regreso de reglas claras
La media sanción en el Senado rompe la lógica binaria y apunta a previsibilidad y libertad de contratación, como base para inversión y empleo formal.
Durante décadas, la conversación laboral estuvo capturada por una lógica binaria.
Archivo MDZExisten momentos en que una votación deja de ser un simple episodio parlamentario más y se convierte en un hecho de época. La media sanción en Senadores de la reforma laboral es uno de esos momentos. Durante años se consolidó una ficción moralmente cómoda, políticamente correcta y económicamente devastadora: la de que para proteger al trabajador había que endurecer y complejizar cada vez más la relación laboral para el empleador.
Se multiplicaron cargas, se impusieron multas, se rigidizaron los vínculos laborales, y todo ello aumentó la litigiosidad y la incertidumbre. ¿El resultado? No una sociedad más protegida, sino una sociedad más dividida. La gran virtud de la media sanción de este proyecto de modernización laboral es su efecto civilizatorio. Vuelve a poner en su lugar dos principios elementales de cualquier economía libre: previsibilidad jurídica y libertad de contratación. Donde hay reglas claras, hay inversión; donde hay inversión, hay empleo; donde hay empleo formal, hay autonomía individual. No hay dignidad sostenible sin productividad. El apoyo amplio no significa unanimidad social, pero sí una ruptura de la obstaculización histórica en la cámara alta a las reformas estructurales.
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Fue una votación que no fue un simple episodio parlamentario
Durante décadas, la conversación laboral estuvo capturada por una lógica binaria: o aceptabas el statu quo o eras enemigo de los trabajadores. La votación demuestra que se abre una mayoría reformista que, con diferencias internas y externas, comparte un diagnóstico: el modelo previo no incluía, no crecía, no funcionaba. La señal es potente hacia adentro y hacia fuera. Argentina parece estar dispuesta a corregir uno de sus principales desincentivos a la inversión y al empleo formal. Nada de esto debe analizarse ingenuamente. Un cambio normativo no transforma mágicamente la realidad circundante. Sin embargo, la dirección importa.
La discusión de fondo, de aquí en adelante, ya no debería ser si más mercado o más Estado, sino qué reglas lograrán que más argentinos puedan trabajar, producir, emprender y prosperar. Porque al final del día la mejor política social no es la que administra la escasez, sino la que multiplica oportunidades. Y la primera oportunidad debe ser siempre la misma: la libertad de trabajar; de contratar y de ser contratados.
* Garret Edwards. Director de Investigaciones Jurídicas de Fundación Libertad.

