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"Qué quilombo se va a armar": el miedo para defender a Cristina Fernández de Kirchner

Amenazas y ataques, las herramientas favoritas del peronismo vuelven al juego tras el fallo que condenó a Cristina Fernández de Kirchner por administración fraudulenta agravada en perjuicio de la administración pública.

Cristina Fernánde de Kirchner fue condenada a seis años de prisión y ya se registró el primer episodio de violencia.

Cristina Fernánde de Kirchner fue condenada a seis años de prisión y ya se registró el primer episodio de violencia.

Juan Mateo Aberastain / MDZ

A pesar de las acusaciones kirchneristas, el fallo ha sido una muestra de institucionalidad en la que una de las personas más poderosas del país fue condenada a prisión por la probada comisión de administración fraudulenta agravada en perjuicio de la administración pública. Ante esto, el peronismo ha elegido nuevamente la violencia e instaurar el miedo para pronunciarse en contra, porque en discusiones sobre democracia o república se vería imposibilitado de defender su postura contra la inminente detención de Cristina Fernández de Kirchner.

Claro que el miedo y la violencia, que hoy se le puede achacar a la exhortación de Cristina Fernández de Kirchner a movilizarse, data desde muchos años antes que se forjara lo que hoy conocemos como kirchnerismo. Del mismo modo sería tonto señalar solo a la historia peronista de violenta (Semana Trágica y Patagonia Rebelde, por nombrar dos casos previos entre tantos), pero sí vale señalar que el peronismo nació en medio de la institucionalización de la violencia y la utilizó para instalarse.

La violencia se alineó al peronismo mucho antes que Cristina Fernández de Kirchner exista

No parece lógico esperar una postura distinta de los herederos del golpe militar que derivó en la institucionalización de la violencia tras el triste golpe de José Félix Uriburu, quien tuvo entre sus filas al entonces capitán Juan Domingo Perón. Aquel golpe de corte fascista sería el que marcaría la agenda de los próximos años, en los que el nacido en Lobos forjaría una fuerte admiración por el corporativismo profundizada durante su estadía como veedor militar en Italia antes de la Segunda Guerra Mundial.

A su retorno, entonces, comenzó la construcción de un nuevo golpe de estado con una fuerte impronta corporativista adaptada a la Argentina que, finalmente, podría establecer las bases de un sistema que perdurara, aunque no perduró sino a fuerza de espada. Torturas, exilio, desapariciones, incendios y hasta una masacre salvaje en Rincón Bomba, Formosa, que dejó entre 750 y 1.000 muertos fueron necesarios para perdurar.

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Gendarmes enviados por el Gobierno de Juan Domingo Perón junto a indígenas del pueblo Pilagá secuestrados durante la masacre.

Gendarmes enviados por el Gobierno de Juan Domingo Perón junto a indígenas del pueblo Pilagá secuestrados durante la masacre.

La violencia, obviamente, engendró aún más violencia y se potenció al nivel de alcanzar el salvajismo del bombardeo en la Plaza de Mayo que dejó 308 muertos y más de 800 heridos. Dramáticas horas de las cuales se cumplirán 70 años el próximo lunes y que lamentablemente jamás fueron penadas, como tampoco quienes "dieron leña" e incendiaron Iglesias y clubes por formar parte de la oposición al peronismo.

Esa oposición fue "criada" en el miedo. Aquel primer peronismo creó una mecánica de denuncias sistemáticas que iban desde señalar a un vecino por ser antiperonista hasta llegar al punto de que un niño pudiera ser clave para fundar una denuncia de padres o un docente que no estuviera alineado. Una red de espionaje perfecta sin necesidad de constituir una gigantesca agencia de inteligencia rentada.

La era más oscura y la pacificación de Raúl Alfonsín

Aquella red cayó junto con aquel primer período peronista, pero no el miedo a criticar al peronismo que se mantuvo impregnado durante varias décadas, también con apoyo de algunos atentados. Del otro lado, tristemente, tampoco se entendió que la lucha era con la ley bajo el brazo y se pusieron el fusil al hombro para solo ennegrecer la historia argentina.

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Herminio Iglesias, histórico dirigente peronista, quemando un ataúd

Herminio Iglesias, histórico dirigente peronista, quemando un ataúd "de la Unión Cívica Radical" durante el cierre de campaña del Partido Justicialista en 1983.

Más allá de Arturo Frondizi, que se enfrentó a la Revolución Libertadora, y a Arturo Humberto Illia, que fue derrocado por el "azul" Juan Carlos Onganía, el primero que respondió con institucionalidad al peronismo fue Raúl Alfonsín. A delitos de lesa humanidad les dio el juicio justo que ellos no le dieron a sus víctimas, a cajones quemados respondió con su famoso "rezo laico" y a los carapintadas les hizo frente con una entrevista en Campo de Mayo. Parecía que el fin de la violencia había llegado para la Argentina, pero todavía faltaba el kirchnerismo.

La resurrección del miedo y la violencia

Luego de los violentos hechos de diciembre de 2001 en el marco de la desestabilización del Gobierno de Fernando de la Rúa, en 2008 resucitó definitivamente un sistema de violencia contra los opositores al peronismo que comenzó con Luis D'Elia atacando a "ruralistas" durante las manifestaciones contra la Resolución 125/08 de Martín Lousteau, entonces ministro de Economía de Cristina Fernández de Kirchner. Luego de eso llegarían las manifestaciones invitando a escupir periodistas y políticos opositores, para llegar hasta la imagen del jefe de Gabinete Jorge Capitanich rompiendo un diario Clarín en una transmisión oficial.

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Jorge Capitanich, entonces jefe de Gabinete de Cristina Fernández de Kirchner, rompiendo un ejemplar del diario Clarín durante una conferencia de prensa oficial.

Jorge Capitanich, entonces jefe de Gabinete de Cristina Fernández de Kirchner, rompiendo un ejemplar del diario Clarín durante una conferencia de prensa oficial.

Esa mecánica, junto a los escándalos de corrupción, alimentó la caída del kirchnerismo en las elecciones de 2015 y empezaron las amenazas: "Si la tocan a Cristina, qué quilombo se va armar". Bastará entonces preguntar: ¿A quién amenazan? A todos. Algo que ya demostraron en la noche del último martes tras la condena a Cristina Fernández de Kirchner, en la que decenas de militantes kirchneristas atacaron al edificio de TN, pero el odio a la prensa es en contra cualquiera que critique (algo común no solo en el kirchnerismo).

Las "viejas canciones" que invocan desde el peronismo son mucho más que eso. ¿Acaso una condena por corrupción ratificada en tres instancias amerita la violencia? ¿Es posible "defender la democracia" cuando se atenta cobardemente contra la libertad de prensa? ¿Cómo "la Patria es el otro" si "le doy leña"? No existe bibliografía que afirme que algo de esto puede darse en dichas condiciones, como tampoco puede fortalecerse la democracia aceptando el miedo que quieren imponer los violentos.