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Por qué sube la nafta y todos festejan un "gol" de YPF por el juicio ganado

La política de paridad de precios generó una suba de los combustibles y puede haber otros impactos. Qué hay detrás del juicio ganado por YPF y Argentina. La expropiación que todos avalaron.

Milei usa el mameluco de YPF. Cuestiona la expropiación, pero disfruta de los logros de la petroleras estatal. 

Milei usa el mameluco de YPF. Cuestiona la expropiación, pero disfruta de los logros de la petroleras estatal. 

Los tableros de las estaciones de servicio están en una etapa dinámica como pocas veces se ha visto: la nafta sube día a día empujado por el contexto internacional en una política de “Export Parity”, es decir de llevar los precios a una paridad respecto al valor de exportación del petróleo. Si el precio internacional del petróleo sube, en Argentina también y se refleja en los productos derivados, sobre todo los combustibles. Pero los usuarios argentinos tienen en mente una ley de la economía doméstica que es mucho más difícil de quebrar: en el país los precios son inelásticos a la baja y, como ya ocurrió, hay dudas sobre la posibilidad de que la nafta baje si lo hace el precio del petróleo.

La intención de esa paridad de precios del petróleo con el mundo apunta a impulsar la inversión, algo que ocurre, con el alto riesgo que implica respecto al impacto en los precios vernáculos. Argentina es altamente dependiente del petróleo y el gas por su matriz de movilidad y energética: todo se mueve en camiones y la energía se genera con gas y combustibles, así como las industrias dependen de esas materias primas para producir.

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En paralelo, el Gobierno festeja como un triunfo deportivo la sentencia judicial en Estados Unidos que evita un pago superior a al PBG de Mendoza de un año (16 mil millones de dólares era el monto base de la indemnización reclamada). La curiosidad del exitismo argentino es que el resultado lo celebraron opositores, oficialistas y neutros; aunque todos con argumentos e interpretaciones distintas para tratar de capitalizar algo. En el medio, la energía parece la meca económica argentina.

Una historia potente

La historia es más interesante aún por la cantidad de actores involucrados, el poder de YPF y el cambio de eje en la política energética que ocurrió desde 2012 a la fecha, con una zanahoria relevante en el medio: Vaca Muerta, la roca madre que guarda una riqueza mayor al entendimiento de muchos de los que toman decisiones.

La justicia de Estados Unidos revirtió un fallo de primera instancia en el que se había culpado a Argentina de violar el estatuto de YPF cuando se expropió la empresa para retomar el control estatal. La justicia ratificó que no se cumplió esa cláusula, pero puso de relieve que el estatuto no es un “contrato” ejecutable, pero sobre todo que la expropiación se hizo por ley, que el blindaje legal tiene un rango mayor y que hasta hubo un error en la jurisdicción elegida por el fondo buitre para litigar.

El primer error en el relato político que construyó el gobierno cuando festejó, en voz del presidente Javier Milei, es que Argentina como Estado y Nación no puede contradecir públicamente lo que defiende desde lo jurídico. Es decir, más allá de la coherencia de Milei respecto a lo que piensa de la expropiación, la “victoria legal” ratifica la decisión tomada en 2012 de expropiar la empresa. En ese sentido hay que recordar un tema más que relevante: la expropiación de YPF fue una decisión ampliamente avalada por el Congreso: en Diputados el votación fue 208 votos afirmativos contra 32 negativos y en el Senado el resultado tuvo más contundencia, pues fue 63 a 3. Sí hubo algunas voces disidentes que coinciden con la visión que tiene hoy Milei, que por entonces no era ni panelista de televisión.

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Sebastián Eskenazi era la "pata del Gobierno" en la YPF que estaba bajo el mando de Repsol. Allí está la clave del juicio que tuvo en vilo a Argentina.

Más allá de las exageraciones y el oportunismo político del Gobierno en ese momento, había coincidencia en que YPF había sido vaciada y el impacto en la industria petrolera y energética era enorme. La empresa había declinado bruscamente la inversión en exploración y esa sequía se correspondía con menos producción y un desastre energético a futuro. La cantidad de pozos exploratorios era insignificante para la magnitud necesaria y la producción de petróleo en 2011 tuvo la caída más grande en 5 décadas. Repsol, una empresa insignificante antes de comprar YPF, no tenía como prioridad Argentina.

La política energética y productiva del Gobierno no ayudaba tampoco a impulsar la inversión de otras empresas. Un paréntesis importante: durante el kirchnerismo el barril de petróleo en Argentina estaba regulado para evitar los sobresaltos de precios en los combustibles. El llamado barril criollo tuvo épocas de congelamiento cuando subía mucho el petróleo afuera (generando un parate en la inversión en el sector), pero también se subsidiaba a las petroleras cuando ese mismo barril bajaba más de la cuenta.

En la suma de argumentos tomados para justificar la expropiación de YPF había muchos hechos tangibles, algunos otros sobreactuados. La falta de inversión y la caída de producción en las áreas maduras, por ejemplo, hay provincias que nunca pudieron revertirlo. Los pasivos ambientales que había dejado Repsol en su gestión se acumulaban por miles y las provincias, como Mendoza, aún lo sufren. Pero de manera contemporánea ocurría algo estratégico y que tomado a la distancia puede ser evaluado como trascendente: el potencial para la explotación del petróleo y gas no convencionales. Vaca Muerta. Ese horizonte ya estaba a la vista, pero no se concretaba. Es un dato imposible de saber más allá de las especulaciones, pero al menos queda la duda sobre qué hubiera pasado si YPF se mantenía como hasta ese momento.

La expropiación se ejecutó con un modelo que pondera al Estado nacional y una participación de las provincias que en lo político es simbólica. Más allá de los matices que tuvo y tiene una empresa de la dimensión de YPF, desde el origen se mantuvo cierta coherencia en la conducción para mantener una visión empresarial. Cristina Fernández y Axel Kicillof ejecutaron la medida política con amplio aval.

Aunque el rótulo de la “expropiación” se lleve la atención, para hallar el origen del juicio del que se “salvó” Argentina y las maniobras grises que lo generaron hay que ir antes en el tiempo. No fue la expropiación, sino la forma en la que se incorporó a la petrolera YPF un grupo empresario argentino amigo del poder y que no tenía ninguna experiencia en el rubro. Se rtata del grupo Petersen de la familia Eskenazi, que se sumó a la petrolera cuando era privada y con la idea de “nacionalizar” con empresarios locales a esa firma. Aunque Repsol era el “dueño” las relaciones públicas y políticas pasaron a manos de Sebastián Eskenazi. Mendoza lo vivió en carne propia porque fue él quien renegoció la extensión de concesiones en 2011, en uno de los peores momentos de la petrolera y poco antes de la expropiación. La forma en la que se sumó ese grupo empresario, sin aportar capital, la desinversión y, sobre todo, las maniobras ejecutadas tras la nacionalización, con la venta de los derechos de litigar, son el eje principal del conflicto.

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Galuccio, Cristina Fernández y el exgobernador Francisco Pérez, en una visita a la refinería de Luján de Cuyo.

Galuccio, Cristina Fernández y el exgobernador Francisco Pérez, en una visita a la refinería de Luján de Cuyo.

En la gestión de arranque de la “YPF estatal” y la nueva visión fue clave la mano del entrerriano Miguel Galuccio, el primer CEO y presidente de la petrolera estatizada en un país con una paradoja enorme: gran déficit energético a pesar del potencial por los recursos disponibles y probables. Tras el cambio de eje, uno de los hitos más relevantes de la nueva YPF no tuvo que ver con una visión “socialista” por citar a Milei, sino el primer acuerdo para explotar Vaca Muerta, firmado con la petrolera norteamericana Chevron, que impulsaron el avance en el área Loma Campana.

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Horacio Marín, presidente y CEO de YPF, recorrió junto al gobernador Alfredo Cornejo el parque solar El Quemado.

Horacio Marín, presidente y CEO de YPF, recorrió junto al gobernador Alfredo Cornejo el parque solar El Quemado.

Galuccio puso el norte de YPF, luego se fue, creó la empresa Vista con 800 millones de dólares que consiguió en el mercado de capitales y esa petrolera pelea en el podio de las más importantes de Vaca Muerta. Hoy, YPF es conducida por Horacio Marín, uno de los tanques del equipo de Javier Milei y, también, uno de los hombres más poderosos de Argentina.

En la previa a la expropiación, Argentina producía medio millón de barriles por día, pero en caída. Hoy va camino al millón de barriles por día, gracias a Vaca Muerta, aunque con un enorme desequilibrio en la generación de valor entre las provincias: Neuquén crece a tasas descomunales porque es la capital del petróleo no convencional, mientras que provincias con áreas maduras están en una caída pronunciada. El plan 4x4 impulsado por Marín apunta a que en 2030 el país sea una potencia, exportando 30 mil millones de dólares en base al petróleo y el gas no convencional generado en la roca madre y exportado por Río Negro. Por eso el oleoducto y el gasoducto apuntan hacia el mar. El propio Marín tiene un desafío enorme: equilibrar lo que dice y hace sabiendo que la cadena de valor de la energía en Argentina no impacta solo sobre sí misma.