Oportunidad desperdiciada y destrato a las instituciones y los ciudadanos
El discurso del presidente en la apertura de sesiones se vio opacado por los enfrentamientos verbales sin sentido.
Javier Milei en el Congreso
La apertura de sesiones del Congreso de la Nación con el discurso del Presidente de la Nación es una fecha muy importante en la democracia republicana y representativa que rige en el país. Ceremonia llena de formalismos y con la presencia de los tres poderes en el acto inaugural.
El primer mandatario es acompañado por el regimiento de Granaderos con su fanfarria. Hay comisión de legisladores que lo reciben afuera y adentro del Congreso. A su vez, Milei firmó el libro dejando algunas palabras y tuvo un momento de reconocimiento frente al ejemplar original de la Constitución Nacional. Todo un simbolismo.
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Muchos ciudadanos esperaron con expectativas la exposición de Javier Milei. En las sesiones extraordinarias el oficialismo consiguió la aprobación de leyes de su iniciativa, alguna de las cuales no consiguió ningún presidente no peronista. El momento era propicio para un discurso pleno, detallado y didáctico.
Se esperaba un racconto de lo realizado y un enunciado lo más explicativo posible del rumbo futuro del país.
La esperanza se vio defraudada desde el principio.
El conjunto de legisladores opositores perokirchneristas y de izquierda, fundamentalmente, desde el comienzo, lo increparon a viva voz, semejante a lo que hicieron con Mauricio Macri en una oportunidad similar.
Ante eso, Javier Milei respondió con vehemencia y palabras de igual dureza. El intercambio transcurrió prácticamente durante toda la extensión de la alocución.
Muchos ciudadanos atentos y expectantes vieron frustrados sus deseos de acceder a un mensaje limpio y esclarecedor. La transmisión oficial tampoco mostró en amplitud y verazmente todo el ámbito. Era necesario para tomar nota completa de lo que acontecía y de los más ofuscados y confrontativos. Se puso el foco en el presidente y en sus adeptos, incluso los más efusivos.
A una conducta impropia de opositores acostumbrados a ese destrato indebido, el presidente debió haber hecho oídos sordos, dejándolos en la soledad de los improperios y en evidencia.
Al responder en el mismo tono, incumplió su promesa de morigerar su verba y se puso a la misma altura de quienes priorizan la agresión y el tono violento. Asemejados en el error.
Aunque en la hora y cuarenta minutos que duró la exposición habló de numerosas reformas a proponer, por la confrontación no se explayó ni profundizó en todo aquello que buena parte de la población aguardaba con esperanza e interés. Una buena oportunidad desperdiciada.
El momento que viven el país y el mundo requiere de tranquilidad, explicaciones al detalle y mesura, totalmente alejadas de verba inflamada confrontativa, estéril e inadecuada.
Ponerse al nivel de personajes agresivos conocidos, que pocas veces están a la altura y colaboran con el bien común, iguala al primer mandatario en un estadío de bajo nivel, que no lo favorece y deja frustrado a una parte de la ciudadanía.
Es de esperar que Milei honre su promesa de apartarse de excesos verbales y deje aislados a quienes usan como método habitual esta práctica inaceptable. El presidente es el más perjudicado, pues baja a un barro innecesario.
La apertura de sesiones en el Congreso es el ámbito ideal para fortalecer la institucionalidad y la democracia republicana representativa. Gran parte del pueblo tiene memoria y conoce perfectamente quienes utilizan la violencia verbal agresiva como método habitual.
No es correcto ni favorece a la calma y normalidad adentrarse en peleas de bajo nivel. Ello queda para quienes carecen de argumentos, para violentos o para quienes azuzan permanentemente el enfrentamiento y apuestan al caos, despreciando al pueblo, que los eligió como sus representantes.

