No es solo la libertad de expresión la que está en juego detrás de los insultos de Javier Milei
El periodismo empieza a ser visto como un enemigo, en un escenario donde la seguridad nacional, la información pública y la censura se entremezclan. Los insultos y agravios alimentan un clima de presión que también favorece la autocensura.
Milei, Lali, Bullrich
IA¿Qué les pasa con la prensa? ¿Qué problemas tienen con los periodistas? ¿Por qué nos tratan como soretes, mierda humana o nos mandan al destierro? ¿Por qué, de pronto, el mundo se volvió tan autoritario?
¿Por qué tengo que pelearme con amigos de toda una vida que hoy, por defender un modelo para que “no vuelvan los kukas”, prefieren mantener todas sus formas y designios totalitarios? Es como Venezuela, en la que mantienen la dictadura pero con tal de no seguir con Nicolás Maduro hasta permiten que le saquen el petróleo y no les den nada a cambio.
¿Por qué en Argentina no hay una movida parecida a la que se está viendo en Estados Unidos donde los medios se solidarizan con las cadenas que compiten? ¿Por qué las empresas en las que trabajan prestigiosos periodistas no emiten un comunicado repudiando los dichos agresivos, impropios y llenos de odio del presidente de la Nación?
¿Cuál es el límite ante tanta furia institucional? El kirchnerismo armaba plazas públicas e invitaba a la gente, su militancia, a escupir los rostros puestos en fotografías gigantes de los malditos de turno? ¿Todos nos solidarizamos con ellos al igual que lo hacían todos los que hoy forman parte del oficialismo nacional, sean libertarios o aliados?
Como periodista local, que cubría las actividades de los distritos en los que vivo y las aledañas, aprendí de muy chico el costo que se tenía que pagar por hacer periodismo. Criticar por “arriba de la cintura”, conseguir el dato clave que mostrara los negociados u los abusos de un poder que siempre pasa debajo del radar.
La única salida que teníamos era “tirar para arriba” todo lo que no podíamos soportar solos porque cuando lavabas el auto ese mismo funcionario al que criticabas pasaba por tu casa o porque si no se discutía en medios nacionales, la voz del periodista se diluía.
¿Por qué los “democráticos porteños”, progres o liberales, o los analíticos cordobeses no dicen nada por tanto ataque? ¿Solo están para denunciar a los “barones del conurbano”, intendentes que casi ya no existen porque fueron renovándose o a los gobernadores del NOA que impiden el trabajo de la prensa independiente?
Del “Estash nervioso Clarin” de Néstor Kirchner al “soretes ensobrados” de Milei pasaron cosas. Y muchas de esas tuvieron que ver con la defensa irrestricta de la Libertad y el freno a los abusos del poder en la apropiación de medios. Lamentablemente, ahora se aceptan que los “6,7,8” de ayer se haya transformado en “periodistas valientes” que solo hablan de lo que pasó ayer. Y cuando se atreven a decir algo del hoy, con tantos o más problemas que los de ayer, siempre proponen el ejercicio de qué es lo peor, si Frankestein o Drácula.
El lunes pasó algo inesperado. Hubo solidaridad. Y un presidente quedó sin voz. La escena ocurrió después de que ABC, CBS, NBC y Fox News decidieran no reemplazar a CNN en el pool televisivo de la Casa Blanca, luego de que la administración Trump le retirara el acceso junto con Político y MS NOW. Las cinco cadenas que integran el sistema anunciaron que, por el momento, no participarán de aquellos actos presidenciales cuya cobertura depende de ese mecanismo compartido.
Hace tres años, ante los primeros arrebatos del dominante Manuel Adorni, este periodista le preguntaba, casi les suplicaba, a los acreditados en la Casa Rosada que dijeran e hicieran algo ante tanto destrato. No pasó. El temor por quedar en “off side” ante un gobierno entrante y la obligación de cumplir con la responsabilidad profesional y que exige el medio al cual se representa hicieron que no hubiera casi quejas. La historia terminó con los trabajadores de prensa encerrados en una sala, custodiados y obligados a pedir permiso para ir a orinar.
Antes los que amordazaban y apretaban a la prensa eran quienes trabajaban como feudos en sus provincias e imponían sanciones económicas o laborales a los que se rebelaban a decir y contar lo que pedían los oficialismos. Y ni que hablar en las intendencias. Hoy eso se vive y se siente en todo el país. Gracias MDZ por permitirme escribir estas líneas.
Ahora el gobierno propone doce años de prisión bajo la figura de traición a la patria cuando discute por la Soberanía de Malvinas y envía un proyecto de Ley en el que, adentro de la búsqueda de la recuperación de las islas, arma todo un articulado en el que vuelve a limitar brutalmente la actividad del periodismo y la libertad de expresión. ¿Adonde están los aliados democráticos de un gobierno en el que no cree en la prensa, su trabajo y su actividad? Por ahora nadie lo sabe. Y si no tienen idea, le informamos. El delito de opinión no existe.