No es culpa del clima: por qué "El Niño" puede ser grave en Mendoza
Una situación climática, como El Niño, puede ser un catalizador de problemas estructurales. Servicios básicos colapsados, barrios precarios y riesgos.
Visten de zapatos, camisa prolija y derrochan optimismo. Intendentes, funcionarios y dirigentes políticos se acostumbraron al lenguaje de las redes sociales, con una casera interpretación de “la nueva política” o, mejor dicho, la imagen que elaboran de ella. En esa construcción obvian problemas, las luces rojas que hay en la Provincia. Esa negación no es casual, pues en el escenario de poca alternancia que hay en Mendoza, ya quedan pocas realidades ajenas a las que culpar. El espejo les devuelve el propio reflejo de lo que construyeron.
Pero apareció un factor que sirve de vía de escape, un “culpable” ideal al que no se puede enfrentar: la naturaleza, particularmente “El Niño”, un fenómeno climático que tiene una recurrencia periódica y que este año ocurre con magnitudes más importantes.
La temporada “húmeda” en la región ya se hizo notar con la nieve acumulada en la cordillera, que para Mendoza es una buena noticia, y ahora se espera lluvias más intensas. El Niño pasó a ser el “enemigo” y la excusa, un adversario “incuestionable” e “indomable” para enfrentar desde el discurso político.
Claro que hay otra manera de verlo. Una contingencia climática es, también, un catalizador; un acelerador para visualizar los problemas. Ante sucesos que no se pueden evitar hay dos conceptos clave: la adaptación y la mitigación. Adaptarse a las situaciones con inversión e infraestructura, y elaborar estrategias para amenguar los impactos. Por el contrario, las carencias estructurales pueden potenciar las consecuencias. Pude haber inundaciones, colapso de servicios, calles anegadas, casas precarias afectadas, cloacas desbordadas porque informalmente también son “colectoras aluvionales”. Buna parte de esos problemas no tienen que ver con “el niño”, es decir con el clima, sino con la precariedad estructural y acumulada de Mendoza.
Video: la precariedad de las redes de cloacas
Un ejemplo es la crisis de saneamiento que tiene Mendoza y que "El Niño" podría hacer notar mucho más.
Casi la mitad de la red cloacal del Gran Mendoza está en mal estado y, además, colapsada. Esa situación se conoce desde 2010, cuando la empresa OSM fue intervenida y luego estatizada para crear Aysam. La empresa estatal lleva más de 15 años de crisis acumulada, con tarifas liberadas, ayuda del tesoro provincial y organismos internacionales para obras, pero con la misma tensión sobre la calidad del servicio.
Sin lluvias, hubo saturación. Con precipitaciones intensas, desborde y riesgo sanitario. Ya ocurrió a principio de este año en Guaymallén y se pude repetir. En el sistema Campo Espejo del Gran Mendoza casi 6 de cada 10 metros de colectoras están en estado malo o regular. En el sistema Paramillos es el 35%, pero ese sistema ya demostró estar colapsado por el crecimiento poblacional, las conexiones clandestinas y la derivación de conexiones aluvionales.
No es culpa de "El Niño"
El fenómeno “El Niño” ya tuvo impacto en Mendoza con nevadas fuera de la “nueva realidad” que dejaron reservas de agua importantes, tras más de una década de sequía. La nieve acumulada es la mayor desde el año 2005.
Según los registros del Departamento General de Irrigación, las estaciones medidoras del río Mendoza y Tunuyán tienen tres veces más acumulación que la media histórica para la fecha y duplican el máximo. Es una de las pocas primaveras de la década en las que se llega con nieve acumulada.
En cuanto al pronóstico, el Servicio Meteorológico Nacional anunció con un “100% de probabilidad” que “El Niño siga en septiembre-noviembre, y lo más probable es que sea un evento muy fuerte”. En ese mismo estudio se menciona que alrededor del 54% de la superficie de Mendoza “tiene entre 50% y 55% de probabilidad de lluvias superiores a lo normal” para la época. La combinación entre temperaturas que generen deshielos o no y las lluvias pueden complicar o amenguar las consecuencias de las contingencias. Pero el resto no depende del clima.
El problema de servicios básicos comienza a ser más homogéneo, pues también ocurre en zonas urbanizadas y asentadas de Mendoza. Pero hay quienes lo sufren más.
Según el Registro Nacional de Barrios Populares (el eufemismo usado para esconder las carencias) en Mendoza hay 360 barrios inestables en los que viven 26.432 familias, unas 132 mil personas. Ese registro está desactualizado, pero tiene datos relevantes. El 61% de los barrios surgió después del 2000. La década con más barrios es la de 2010, con 119 barrios “populares”, y el año con más barrios nuevos es 2015. A contramano, la construcción fue en decadencia. En la gestión de Julio Cobos se generó el pico de radicación y erradicación de villas, con unas 11 mil casas entregadas. En 2024, por ejemplo, hubo menos de 1000 y el año pasado unas 1500.
De los barrios populares registrados, solo 5 de los 360 tienen conexión a cloacas; aún cuando muchos están desde antes de 1990. Además, en 218 barrios el desagüe es solo a pozo ciego, que se desborda con lluvias intensas. Para el servicio de agua, 32 de esos barrios dependen de camión cisterna, y en 251 el agua llega por conexión irregular. Y 243 barrios tienen conexión eléctrica irregular.
Si se cruzan los datos con la información de Hidráulica, hay 104 barrios, con 8.336 familias, que están dentro de una cuenca aluvional o a menos de 1 km; es decir con algo riesgo. Son casi un tercio de las familias de barrios populares de la provincia. Los departamentos más expuestos son Las Heras, con 30 barrios; Ciudad, con 24; Godoy Cruz, con 20; Luján con 17 y Guaymallén con 13.
Los barrios Cipolletti, en Ciudad, con 396 familias; Estación Espejo, en Las Heras, con 363; sector 13 de Campo Papa, en Godoy Cruz, con 319; Valle Encantado, en Luján de Cuyo, con 319; Olivares, en Ciudad, con 308; son de los más vulnerables. Pero el área baja de Ciudad, Guaymallén, Maipú y Lavalle pueden tener consecuencias más profundas tras las lluvias.
Fuera de los videos curados cuidadosamente que los funcionarios difunden en Instagram, la realidad estructural de Mendoza es más compleja. Si esas piezas audiovisuales no lo muestran, la naturaleza puede que lo revele.