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Milei acelera la campaña: Brasil, dólar y un mundo complicado, pero no por el Mundial

Tras el Mundial volvió la realidad: Brasil, ruido con el nuevo vocero, Palermo, las señales de Javier Milei y una campaña que condiciona todo.

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EFE

Se terminó el Mundial y con él empezó a perder fuerza buena parte del ruido que rodeó a la Selección argentina. Las teorías sobre conspiraciones, presiones y operaciones contra el país quedaron frente a un dato mucho más simple: España fue superior a la Argentina. Ese debería ser el punto final.

También porque resulta difícil sostener la idea de una corriente de odio proveniente de España. La relación entre ambos países tiene una dimensión que excede cualquier episodio deportivo. Argentina recibió una inmigración española masiva en tres momentos dramáticos para ese país. España, a su vez, recibió en los últimos tiempos la mayor inmigración de argentinos. En cada caso, cientos de miles de personas cruzaron el Atlántico para buscar refugio frente a las crisis de sus países.

Esa historia pesa más que cualquier teoría alrededor de un partido. Pero el final del Mundial dejó otro asunto mucho más incómodo para la Argentina. Y ese sí merece atención.

El problema no estaba en la cancha

El máximo representante del fútbol argentino necesitó autorización de la Justicia para viajar a Estados Unidos. Claudio “Chiqui” Tapia estuvo allí durante 50 días y se llenó de fotos, inclusive con Donald Trump, mientras la Justicia de ambos países investiga a dirigentes de la primera línea de conducción de la AFA por presuntos delitos graves.

Tapia y Pablo Toviggino aparecen bajo investigación por presunta evasión fiscal, apropiación indebida de recursos de la seguridad social y sospechas de lavado de dinero en contratos comerciales internacionales. Tapia necesitó autorización de la Justicia para viajar. Toviggino ni siquiera viajó.

Ese dato contiene un problema mucho más serio que cualquier hipótesis sobre enemigos externos.

Un país que vive el fútbol con una intensidad pocas veces comparable en el mundo quedó expuesto a la posibilidad de que su principal dirigente deportivo tuviera serios problemas judiciales mientras acompañaba a la Selección en un Mundial. No por una disputa deportiva. No por una sanción de FIFA. Por investigaciones graves en la Justicia de los dos países.

Ahí estuvo el verdadero riesgo de papelón.

La Argentina puede discutir arbitrajes, rivales o decisiones deportivas. Lo que no puede hacer es ignorar que su dirigencia futbolística vuelve a quedar bajo sospecha por causas que no tienen relación con una pelota.

Terminado ese episodio, además, regresa la política. Y con ella vuelve la única lógica que parece ordenar lo que viene.

Desde ahora, todo se mide por las elecciones

Javier Milei ya anunció que buscará la reelección. La oposición, por ahora, no muestra una oferta competitiva. Cristina Fernández de Kirchner intenta evitar que la historia cierre su ciclo político. Con ese tablero, cada movimiento tendrá lectura electoral.

Eso vale para las decisiones económicas. También para los viajes presidenciales, los conflictos externos, las relaciones con gobernadores y la pelea por la Ciudad de Buenos Aires. La campaña ya empezó. Quizás demasiado temprano.

El problema es que esa anticipación convertirá muchas decisiones de gobierno en piezas de una disputa que durará, por lo menos, durante el próximo año. Brasil ofrece el primer ejemplo.

Brasil: liderazgo regional y costo diplomático

No está claro qué beneficio concreto obtuvo Javier Milei de la tensión con Luiz Inácio Lula da Silva.

El Presidente viajó a Brasil para apoyar la candidatura presidencial de Flavio Bolsonaro. Participó de su lanzamiento, cuestionó que la Justicia brasileña no le permitiera visitar a Jair Bolsonaro y volvió a plantear la necesidad de terminar con el socialismo.

La reacción del gobierno de Lula mostró la dimensión del conflicto. Milei, sin embargo, parece haber elegido otro objetivo. Su apuesta pasa por reforzar su lugar como referencia de la derecha en América Latina.

Eso explica el viaje. Lo que todavía no aparece es el saldo.

Una cosa es construir liderazgo político fuera del país. Otra es medir el costo de esa construcción cuando el interlocutor es el gobierno de Brasil. Ahí está la pregunta que dejó la visita.

Y no es la única.

El dólar: una frase en el momento menos indicado

La economía volvió a ocupar el centro de la escena por una declaración de Adrián Ravier, nuevo vocero presidencial.

“Que el dólar llegue a $1.800 en los próximos meses es una posibilidad, pero la estabilidad cambiaria está clara”, dijo en un programa de streaming.

En Economía la frase no cayó bien. Puede suponerse que Ravier buscó mostrar apertura ante la llegada de Kristalina Georgieva, en momentos en que el FMI pretende una flotación libre del dólar y evitar atraso cambiario.

Adrián Ravier, en el ojo de la tormenta

Adrián Ravier, en el ojo de la tormenta

Pero hay una regla que la política económica argentina conoce: cuando existe tranquilidad, no se habla del dólar.

Mucho menos cuando Luis “Toto” Caputo conduce un proceso de normalización financiera que tiene un objetivo político central para Milei: llegar a las elecciones del año próximo sin problemas con los pagos de deuda.

La frase de Ravier introdujo un número donde el Gobierno necesita previsibilidad. Y ocurrió, además, en un contexto externo que agregó presión.

Petróleo, mercados y una señal de alerta

La guerra con Irán abrió una crisis que Donald Trump inició y ahora no puede controlar. El precio del petróleo se transformó en una amenaza para las economías.

El viernes dejó una muestra concreta. El Brent llegó a US$100 por barril. El Nasdaq cayó 2,1%. Los ADR argentinos retrocedieron hasta 10%. El Riesgo País subió a 437 puntos. El dólar blue alcanzó los $1.560. Ese cuadro vuelve todavía más inconveniente cualquier ruido cambiario doméstico.

Caputo necesita sostener la normalización del programa financiero. Milei necesita transformar esa estabilidad en capital político. Y el escenario externo amenaza con imponer costos que no dependen del Gobierno.

Por eso la discusión sobre una declaración del vocero no es menor. La política económica entra en una etapa en la cual cada error de comunicación puede tener lectura financiera y consecuencia electoral.

La Rural y el mensaje de lo que no ocurrió

Milei hablará en el acto central de la Exposición Rural de Palermo. La ceremonia tendrá lugar en una jornada distinta de la habitual porque el viaje presidencial a Brasil obligó a modificar el cronograma.

Pero durante la semana el clima estuvo lejos de la expectativa de anuncios para el sector.

La presencia oficial tampoco dominó la exposición. Los protagonistas fueron el público, que alcanzó cifras récord, y las provincias, que desplegaron sus stands.

En una de las mesas que reúnen a productores, empresarios y banqueros en el restaurante Central, un productor resumió el clima con una broma: se llegaba a la Rural con expectativa de novedades y la sensación era la de estar en Disney. “No pasa nada”.

La frase importa porque señala una diferencia. La política ya entró en campaña. Una parte de la economía, en cambio, espera hechos.

La pelea real estará en el territorio

La campaña nacional tiene hoy una particularidad. Milei ya anunció que buscará otro mandato y la oposición todavía no presenta una alternativa capaz de disputar ese espacio.

Por eso las peleas más concretas pueden aparecer antes en las provincias y en la Ciudad de Buenos Aires. Allí se juega otra discusión de poder.

La Libertad Avanza deberá definir si busca un acuerdo con Jorge Macri o si avanza hacia una confrontación abierta con el PRO.No es una cuestión menor. Esa decisión mostrará si el oficialismo pretende ampliar su esquema de alianzas o si considera que llegó el momento de ocupar también los territorios de sus antiguos socios.

Ahí puede estar una de las claves de la próxima etapa.