Mil días de furia y la humillación como método
Mil días después, Milei exhibe avances económicos y una transformación política inédita, pero el ajuste, los escándalos y el desgaste social marcan su gestión.
Hace mil días llegó a la Presidencia, consiguió resultados que parecían improbables y transformó la política argentina.
Archivo MDZEl decreto 824/2026 dice más de lo que probablemente quiso decir. Prorroga en $70.000 el bono para los jubilados que cobran la mínima, el mismo monto que se paga desde marzo de 2024, y en sus propios considerandos reconoce que la canasta que marca la línea de indigencia ronda los $708.000. Si ese bono hubiera acompañado la evolución de los haberes, treinta meses después ascendería a $223.148. La motosierra no tuvo piedad con los abuelos. Muchas veces una política pública se explica mejor con una cifra que con cien discursos.
Los números del ajuste
El 5 de septiembre se cumplen mil días del gobierno de Javier Milei, el panelista desaliñado que convirtió su peinado en marca registrada y terminó siendo el presidente improbable. Hay cosas que funcionaron y negarlo sería tan tramposo como negar aquello que no lo hizo. La inflación pasó del 25,5% mensual de diciembre de 2023 al 2,1% de julio de 2026. El riesgo país perforó los 500 puntos. Las reservas brutas superaron los USD 50.000 millones. La pobreza llegó al 28,2% en el segundo semestre de 2025, el mejor registro desde 2018. Y el Gobierno consiguió lo que ningún oficialismo había logrado desde el 2000: una reforma laboral de 218 artículos aprobada por ambas cámaras, discutible y en varios capítulos francamente retrógrada. Pero el logro político es innegable.
La promesa, sin embargo, no era bajar la inflación: era pulverizarla. Mil días después los precios corren al 33,8% interanual y el índice mensual se plantó alrededor del 2%, como si hubiera encontrado un piso difícil de perforar. Y esos dos puntos duelen más de lo que sugieren, porque los salarios son una de las anclas del programa: el mínimo perdió 40,5% de su poder de compra desde noviembre de 2023, según el Instituto Interdisciplinario de Economía Política de Buenos Aires de la UBA. También quedaron en el camino la dolarización y la promesa de dinamitar el Banco Central, que terminó fortalecido. Mantras de campaña.
La otra promesa era que la casta pagaría el ajuste. Pero el ejercicio del poder tiene vericuetos incómodos, y un gobierno que llegó denunciando privilegios puede terminar atrapado en ellos. El pedante exvocero presidencial Manuel Adorni dejó la Jefatura de Gabinete atravesado por una investigación por presunto enriquecimiento ilícito. Los hermanos Milei lo sostuvieron hasta último momento pero finalmente debieron sacarlo del gobierno. No fue gratis. Según la consultora Management & Fit, siete de cada diez argentinos perdieron confianza en el Gobierno a partir de ese episodio. Antes debió ser desterrado el ex diputado José Luis Espert, el de "cárcel o bala", cuyo financista Fred Machado fue declarado culpable en agosto por el Tribunal Federal para el Distrito Este de Texas por lavado de dinero y fraude electrónico. Es difícil escuchar a Milei hablar de la moral como política de Estado sin reírse.
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Las promesas incumplidas
El escándalo más grave, sin embargo, fue el de la Agencia de Discapacidad (Andis). Diecinueve procesados, un embargo de $202.000 millones sobre Diego Spagnuolo —extitular del organismo y exabogado personal del Presidente— y sobreprecios acreditados por casi $ 6.000 millones en una agencia convertida en un esquema de negocios con fondos destinados a personas con discapacidad. El daño político, igual, no vino del expediente: vino de los audios atribuidos a Spagnuolo, que él denuncia como falsos y que la Gendarmería peritó por orden judicial, donde se menciona un 3% que llegaría a Karina Milei, El Jefe. De ese lugar la hermana del Presidente no volvió nunca más.
Conviene recordar el orden de los hechos. Ese mismo colectivo es el que había visto vetada su ley de emergencia, que el Congreso repuso con dos tercios y que la Justicia tuvo que ordenarle aplicar al Ejecutivo cuando intentó suspenderla por decreto. Mientras el Gobierno explicaba que la emergencia en discapacidad era fiscalmente inviable, la fiscalía acreditaba sobreprecios en la compra de medicamentos destinados a esas mismas personas. Ahí no hay una contradicción ideológica: se trata de un gobierno moral y éticamente reprochable.
Los escándalos del poder
Desde noviembre de 2023 se perdieron 241.176 empleos privados registrados. La construcción cayó 14,2% y la industria manufacturera 7,2%. El empleo formal privado acumula doce meses consecutivos de caída. Y la pobreza, después de haber bajado, volvió a subir: el Observatorio de la Deuda Social de la UCA la ubicó en torno al 30% en el primer trimestre de 2026. El ajuste fiscal existe, es real y es probablemente la principal transformación de estos mil días. La discusión es quién lo pagó. La casta no. Lo pagaron los que no fueron tocados por la fortuna del petróleo, la minería y el campo. El paraíso del Rigi y los blanqueos constantes de dólares no son para todos.
Y ahí está lo que va a quedar de estos mil días, que no es una planilla de Excel sino un método. Un Presidente que escribió que "no odiamos lo suficiente" a los periodistas, que llama ratas, orcos y parásitos mentales a quienes piensan distinto, que convirtió el insulto en herramienta habitual de comunicación oficial. No es una cuestión de formas; es un espejo del fondo. Cuando el poder degrada sistemáticamente al que reclama, cambia la relación entre el Estado y la sociedad: primero se humilla y después se recorta sin costo. Esa es la verdadera batalla cultural, mucho más que la motosierra.
Una sociedad agotada
Los miércoles frente al Congreso son la traducción física de esa lógica: jubilados reclamando por sus haberes, gas pimienta, balas de goma y un fotógrafo, Pablo Grillo, gravemente herido en la cabeza durante la represión del 12 de marzo de 2025. Una sociedad democrática puede discutir cuánto gasta el Estado, el déficit, las jubilaciones, los subsidios o la obra pública. Lo que no debería discutirse es que reclamar no convierte a nadie en enemigo.La sociedad empieza a mostrar señales de agotamiento. El QMonitor de QSocial Big Data midió en agosto 34% de aprobación y 61% de desaprobación, con un récord de 73% que cree que el Gobierno gobierna solo para algunos sectores. La consultora Delfos, sobre 2.900 casos relevados entre el 21 y el 26 de agosto, marcó 30% y 67%. Hasta ahora Milei había conseguido desacoplarse de los efectos de sus propias medidas. Eso se terminó.
Hace mil días llegó a la Presidencia, consiguió resultados que parecían improbables y transformó la política argentina. Pero sigue gobernando como si Twitter fuera la vida real, donde el que contesta es un enemigo y el que reclama es un parásito. Ahí no hay un país.
* Martín Pittón, analista político y conductor del podcast Micro Mundos.