Memorando de Entendimiento, condominio y Malvinas: cuando Londres evaluó una salida para la disputa con Argentina
En los años 60 y 70, con apoyo de la ONU, comenzaron negociaciones con Londres que incluyeron comercio, vuelos, cooperación sanitaria y maestras argentinas en las islas.
La historia de las Malvinas previa a la guerra de 1982 tuvo una etapa de negociaciones menos conocida. Desde mediados de los 60, Argentina y el Reino Unido iniciaron conversaciones bilaterales bajo el marco de descolonización de Naciones Unidas, discutiendo alternativas para resolver la disputa de soberanía y mejorar las comunicaciones entre las islas y el continente. Ese proceso atravesaría distintos gobiernos y fórmulas diplomáticas. La discusión sobre el futuro de las islas aún estaba abierta en la mesa diplomática. Malvinas fue el eje central.
El punto de partida fue la Resolución 2065 de la Asamblea General de Naciones Unidas (1965), que reconoció la disputa de soberanía y llamó a negociar una solución pacífica. En enero de 1966, el canciller británico Michael Stewart visitó Buenos Aires y mantuvo reuniones clave con su par argentino Miguel Ángel Zavala Ortiz, dando inicio a una nueva etapa diplomática y las primeras rondas formales de negociación.
La primera ronda bilateral se realizó en Londres en julio de 1966, donde Argentina expuso la cuestión de la soberanía y su compromiso con los intereses isleños. En la segunda ronda (noviembre-diciembre), el Reino Unido propuso avanzar en las comunicaciones como parte de un futuro entendimiento, manifestando por primera vez su disposición a acordar una eventual “transferencia de soberanía”, según documentación de la Cancillería argentina.
Durante 1967, las conversaciones se volvieron más permanentes, con encuentros en Nueva York y el trabajo de diplomáticos en un documento de coincidencia. La negociación trascendió la discusión abstracta de soberanía para incorporar temas de comunicaciones, movimiento de personas y condiciones para futuras soluciones.
Este proceso culminó en el Memorándum de Entendimiento de 1968, consensuado en agosto. El texto fijó como objetivo común la solución definitiva y amistosa de la disputa de soberanía, considerando los intereses de los isleños y avanzando en medidas para facilitar la comunicación y el movimiento entre el continente y las Malvinas. El documento recibió la aprobación de ambos gobiernos.
Sin embargo, el acuerdo no se firmó. Filtraciones a la prensa británica generaron oposición política en Londres, en el Parlamento y en medios de comunicación. La visita del ministro Lord Chalfont a las islas también provocó fuerte reacción. El gobierno británico abandonó el proyecto a fines de 1968, interrumpiendo prácticamente la negociación sobre soberanía desde 1969.
La economía de las Malvinas, limitada a la producción de lana y expuesta a las fluctuaciones internacionales, también fue un factor clave. El informe Guillebaud (1967) analizó las dificultades de una economía pequeña y la necesidad de buscar alternativas de desarrollo ante la caída del precio de la lana, siendo el aislamiento geográfico un problema central.
Los registros británicos y de Naciones Unidas muestran una realidad matizada, con una economía vulnerable pero con servicios públicos sostenidos por la administración británica. El principal problema radicaba en la reducida escala económica, el aislamiento y la dependencia de actividades primarias como la lana.
Tras el fracaso del Memorándum, Argentina y Reino Unido reenfocaron las conversaciones en aspectos prácticos. Las “conversaciones especiales” de 1970 culminaron en la Declaración Conjunta sobre comunicaciones (1971), permitiendo avanzar en la relación entre islas y continente sin renunciar a las posiciones de soberanía.
Este acuerdo facilitó el contacto cotidiano, el movimiento de personas y bienes, y el desarrollo de vínculos culturales, sociales y económicos. La Fuerza Aérea Argentina construyó un aeródromo y LADE inició un servicio aéreo, modificando las condiciones de aislamiento de la población del archipiélago.
La cooperación se extendió a la educación, con becas para jóvenes isleños en el continente y el envío de maestras argentinas para enseñar español. Para 1976, dos maestros argentinos impartían español en Puerto Argentino, y unos 23 jóvenes cursaban estudios secundarios en el extranjero gracias a becas.
La salud también fue un área de cooperación, contemplando asistencia argentina y la integración de servicios. En 1976, las islas contaban con un hospital de 27 camas y gastos sanitarios considerables; la conexión con el continente ampliaba las opciones de tratamientos especializados.
El intercambio comercial se formalizó en septiembre de 1974 con acuerdos sobre abastecimiento de YPF y facilitación del comercio y transporte entre las islas y el continente, siempre salvaguardando las posiciones de soberanía de ambos gobiernos. El canciller Alberto Vignes fue uno de los firmantes.
El condominio angloargentino en la mesa de negociación
Hacia fines de 1972, Argentina reiteró la necesidad de incorporar la soberanía en las conversaciones. Tras una postura evasiva del Reino Unido en 1973, Buenos Aires llevó el tema a la ONU, resultando en la Resolución 3160 (diciembre de 1973) que instó a acelerar las negociaciones.
En junio de 1974, el Reino Unido propuso la creación de un condominio angloargentino en las Malvinas como paso previo a una solución definitiva, planteando una administración compartida. El gobierno argentino mostró interés y elaboró una contrapropuesta, aunque las conversaciones no prosperaron, demostrando que la soberanía no estaba excluida de la agenda británica.
Las tratativas entre el canciller Alberto Vignes y el embajador británico James Hutton incluyeron propuestas de condominio. Esta discusión se dio durante el gobierno de Juan Domingo Perón y continuó posteriormente, siempre con la oposición de sectores de la población isleña como factor determinante para cualquier modificación de soberanía.
La resistencia interna británica creció desde 1968 con la organización de un lobby en Gran Bretaña. La oposición al Memorándum de Entendimiento demostró las limitaciones políticas del gobierno de Londres para avanzar en una transferencia. La documentación británica posterior reconoce que el gobierno laborista estaba dispuesto a ceder la soberanía, pero la reacción interna frenó ese camino.
El escenario cambió tras 1976, con mayor tensión bilateral y la profundización de la presión diplomática argentina. En Londres, se evaluaron nuevas fórmulas como el lease-back (transferencia de soberanía con control efectivo británico prolongado), impulsado por el canciller David Owen en 1977, ante las dificultades militares y los costos de defensa de las islas.
La última etapa previa a la guerra combinó negociaciones, propuestas reservadas y deterioro de la relación. En 1980, el Reino Unido propuso conversaciones secretas sobre transferencia de soberanía con arriendo prolongado del territorio. Buenos Aires mostró interés, pero las conversaciones no avanzaron. En febrero de 1982 se intentó definir un nuevo mecanismo, pero los acontecimientos desembocaron en la guerra.
El 2 de abril de 1982, la ocupación argentina de las Malvinas puso fin a casi dos décadas de negociaciones, desencadenando el conflicto armado con el Reino Unido. La operación militar resultó en la derrota argentina y modificó sustancialmente el escenario diplomático previo.
Posteriormente a la guerra, la cuestión de la soberanía perdió su centralidad en la política británica. La desconfianza deterioró la relación bilateral, y Londres adoptó una postura más rígida. Las fórmulas previas como memorandos, condominio o lease-back dejaron de formar parte de la agenda en los mismos términos.
La guerra también alteró la relación entre Argentina y los isleños, interrumpiendo los vínculos cotidianos construidos previamente. Lo que fue concebido como una vía para reducir el aislamiento y generar condiciones para una solución de soberanía, quedó asociado al conflicto. La Resolución 37/9 de Naciones Unidas (noviembre de 1982) reiteró el llamado a negociar una solución pacífica.
La historia de las décadas del 60 y 70 revela un escenario distinto al posterior a la guerra. La soberanía era el eje de una disputa no resuelta, pero existía una diplomacia activa con acuerdos concretos y conversaciones sobre distintas fórmulas. Argentina buscaba recuperar soberanía, el Reino Unido exploraba alternativas condicionadas, y la ONU impulsaba el diálogo.