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Mauricio Macri le está tomando el gustito y empieza a escuchar los pedidos de segundo tiempo

Este viernes, en el Centro Galicia de Vicente López, con Soledad Martínez como anfitriona, se desarrollará un nuevo encuentro de PROximo Paso, el esquema que está presentando Mauricio Macri en todo el país para revitalizar las células que aún viven en la interna de su partido.


Macri no quiere romper con Milei. En eso coincide tanto con Cristian Ritondo como con el resto de los gobernadores que aún siguen esperando que los hermanos M, Javier y Karina, no los destraten más y les cumplan algunas de las promesas que tienen en carpeta desde que se trató el último presupuesto. "Con un poquito de cariño sabes lo mucho que lograrían", se ríe uno de los organizadores del encuentro que este viernes se hará en Vicente López,

“La reunión forma parte de la agenda nacional que se armó hace algunos meses en el marco del PROximo paso”, le dijo a MDZ Alex Campbell, senador provincial cercano al presidente del bloque de diputados nacionales, Ritondo, y a la ex gobernadora María Eugenia Vidal.

“Los límites son claros. No queremos nunca más populismo y defendemos el horizonte de la gestión, sin impresión monetaria ni déficit fiscal. Eso sí. No se puede seguir utilizando, como bien decís vos, solamente la motosierra. Hay que buscar otras herramientas que no afecten a las pequeñas y medianas empresas y a los ciudadanos de a pie”, agregó Campbell.

A pesar de los matices que individualmente mantengan los más importantes generales del macrismo, nadie piensa en enemistarse con La Libertad Avanza, aunque reconocen que “de vez en cuando serviría que le hicieran una caricia a Mauricio”. Efectivamente, desde las últimas milanesas compartidas con Javier Milei, todo fue para peor entre el actual y el ex presidente de la Nación.

Aquel viernes posterior a las elecciones generales de octubre el líder del PRO fue hasta Olivos con la idea de generar un nuevo inicio. Volver a empezar tras el encuentro de Acassuso que formalizaron ir juntos al ballotage. Todos coincidían que, para encarar la segunda etapa, el gobierno necesitaba reconstruir el consenso político con gobernadores del viejo Juntos por el Cambio y que tenía que incorporar masa crítica a su gabinete. Sin embargo, esa cena ni siquiera tuvo un final ya que Milei se levantó casi de pronto para avisar que había renunciado Guillermo Francos, a quien, minutos antes, Macri había pedido como interlocutor indispensable.

Todo lo que vino después es noticia vieja. Manuel Adorni asumió la jefatura de gabinete de ministros e inmediatamente el ex presidente twitteó que eso era una soberana irresponsabilidad. A dos meses todos sabían por qué lo dijo.

Macri está sometido a constantes tensiones como Cristina Fernández de Kirchner tiene en su propio espacio. La diferencia no solo es que él está libre. Sino que puede volver a presentarse como candidato presidencial. Pero las disidencias sobre su estilo y sus medias palabras se multiplican a lo ancho y largo del país. A "ella" la consideran presa política pero nadie quiere quedar muy cerca.

“Hay algunos aspectos que tenés que tener en cuenta para su futuro. El cambio de Juliana Awada por Dolores Teuly ya no lo limita al retiro. Después están los cantos de sirena que empiezan a aparecer. El Círculo Rojo le pide que sea el que siga después de Milei para que los cambios tengan un anclaje y, al mismo tiempo, él empieza a ver que puede ser posible un segundo tiempo”, confió un representante de su íntimo think thank.

El mayor problema lo tienen con la estrategia. Mientras que Mauricio Macri cree que hay que hacer lo que hace Patricia Bullrich, “empezar a hablar como nosotros lo hicimos siempre, sin preocuparnos si se enojan o no”, pero por el otro lado “hay intendentes, gobernadores, funcionarios y legisladores, entre los que está el propio Cristian, que tienen manejo en varias dependencias públicas o tienen que conciliar con los libertarios locales para conseguir ordenanzas o leyes”.

Mauricio Macri y Cristina Kirchner, siempre distantes, hoy con un problema en común.

El mundo macrista cree que lo que se viene para la próxima etapa presidencial es ideal para quedar en la historia. Con los números “ordenados” y un muy probable ingreso de dólares por múltiples actividades extractivas, aparte de la soja y el trigo, “Argentina está condenada al éxito”. Pero para que ese horizonte tenga más previsibilidad la irritabilidad presidencial no solo no ayuda sino que asusta.

Quizás por esa posible “reconversión” de la derecha criolla es que desde el kirchnerismo y el propio Axel Kicillof alertan que “el problema no es quien lo ejecute sino que el mayor condicionante para los argentinos es el plan en sí. Lo haga Macri, que ya lo hizo, o Bullrich, que se plantea como una reinvención del mismo proceso”. Quizás algo de esto lo hayan captado en la calle. Es que los mismos que fueron a votar a Milei o sufren la decisión tomada en cuanta actividad se tome. “Mi hijo me decía los otros días… Los kirchneristas, los peronistas, son todos unos chorros, los detesto, pero por lo menos el restaurant estaba lleno todos los días”.

El límite de dolor está en su pico máximo. Estatales, jubilados, familiares con personas discapacitadas, camioneros, gastronómicos, textiles, comerciantes, industriales, todos están quejándose. Lo mismo le pasó a Macri en su primer tiempo. Quizás por eso, con esa lección a cuesta, crea imprescindible y obligatorio cambiar el conductor aunque el proceso sea el mismo.

El consultor y sociólogo Jorge Giacobbe jr. le había advertido a este periodista, en 2018, que era dificilísima la reelección de Macri, a pesar de que como Milei había ganado la elección del año anterior. “El costo es muy fuerte y si no la pone a María Eugenia Vidal como relevo, no terminan la carrera”. Finalmente todo naufragó por errores tácticos, como impedir el desdoblamiento de la elección bonaerense, y la mala administración de los egos, eso que ahora se observa mucho peor que en aquel entonces.