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Manuel Adorni, Javier Milei y el costo político que perturba al poder y al mercado

Javier Milei sostiene a su vocero en medio de una crisis que impacta en encuestas y alimenta presión en el Congreso. La espera a una ayuda de la economía.


Javier Milei y Karina Milei confirmaron su decisión: sostener a Manuel Adorni. No hay señales de un plan de salida distinto. No aparece una corrección, tampoco una toma de distancia, ni un movimiento que permita cerrar el episodio con menos costo.

Una crisis puede tener daño limitado si el poder encuentra una vía de cierre. Cuando esa vía no aparece, el conflicto deja de ser un hecho y pasa a ser un método. Eso es lo que empieza a volverse riesgoso para la Casa Rosada. No sólo por Manuel Adorni, también por lo que esa defensa dice sobre el modo en que el oficialismo procesa sus propios errores.

La señal es clara: el Presidente y su hermana prefieren pagar el costo antes que mostrar una rectificación que tambien sería difícil de procesar. En política esa decisión nunca queda encerrada en un despacho. Se expande, ordena aliados, despierta rivales, modifica relaciones de fuerza y deja huella en la percepción pública.

Dos carriles para un mismo problema

El caso Adorni corre hoy por dos autopistas paralelas. La primera es política. La segunda, judicial. Las dos tienen tránsito pesado.

En la política, el respaldo de la Casa Rosada ya choca con la ofensiva que se prepara en el Congreso. Adorni espera preguntas, cuestionamientos y una embestida opositora que no se va a limitar a su situación personal. La discusión irá más allá del vocero; tocará el modo en que el Gobierno usa el poder, administra recursos y responde cuando queda bajo sospecha.

En la Justicia, el panorama tampoco ofrece alivio. Las investigaciones sobre viajes, pagos y propiedades no declaradas seguirán su curso. En el oficialismo hay quienes creen que ese expediente puede traer noticias malas para Adorni. El problema para el Gobierno es que, en ese escenario, el costo político no depende sólo de lo que diga el funcionario sino de lo que empiece a aparecer.

Ahí está el punto central. Cuando una crisis ingresa al terreno judicial, el reloj político deja de estar en manos del Gobierno. El expediente marca sus tiempos. Y la administración Milei, que llegó con la promesa de limpiar al Estado de abusos y corrupción, queda expuesta a una vara que ella misma ayudó a fijar.

La "corruptela" también erosiona

La palabra vuelve: corruptela. Esa forma menor del abuso del poder. Es una zona en la que no hace falta hablar de cifras escandalosas para que el daño sea profundo. En otro gobierno, un viaje oficial mal explicado o un movimiento patrimonial no declarado podía entrar en el archivo del “más de lo mismo”. En La Libertad Avanza no.

El oficialismo construyó su identidad sobre una frontera moral: llegaron para terminar con los privilegios, los abusos y la vieja lógica del Estado como botín. Por eso la "corruptela" causa un golpe que no es menor, no por el monto sino por la contradicción.

La credibilidad pública no siempre distingue entre escalas cuando el contrato simbólico se rompe. Para un gobierno que prometió otra conducta, el uso de aviones oficiales o las omisiones patrimoniales hacen el mismo daño que un caso mayor: perforan la autoridad moral del discurso. Y cuando eso pasa, la palabra corrupción vuelve al centro del tablero.

Encuestas, luces amarillas y una oposición que revive

La semana pasada abundaron mediciones de opinión. Hubo sondeos de todo tipo. El dato que empieza a repetirse es que el oficialismo muestra luces amarillas en su tablero de control. No se habla de derrumbe. Se habla de desgaste, de caída en la imagen positiva y de un daño que el caso Adorni ayudó a acelerar.

Ese deterioro encuentra un dato más inquietante para la Casa Rosada. Algunas encuestas confiables, entre ellas la de Cristian Buttie, detectan una sobrevida política del peronismo filo kirchnerista que hace seis meses parecía imposible. No se trata del regreso de una centralidad perdida, se trata de competitividad. Y eso alcanza para alterar el cálculo oficial.

En esa encuesta un 53 % de los consultados definió que prefería un cambio en las próximas elecciones. La pregunta que aparece es básica: ¿que significa hoy el cambio para los argentinos? ¿No era que esa marca la tenía registrada La Libertad Avanza y en segundo término el PRO?.

¿Quien puede protagonizar el cambio en el espectro político si no es Javier MIlei? En el peronismo no K ya se entusiasman quienes piensan en una alternativa extra partidaria que represente un movimiento desde el centro hacia la derecha. Hay teléfonos que suenan en las oficinas del banquero Jorge Brito, expresidente de River Plate para ofrecerle ese protagonismo, aunque todavía sin respuesta. Son tanteos, por ahora, pero que se alimentan cuando la situación del poder muestra turbulencias.

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En la cabeza de mas de la mitad de los argentinos la mera chance de un regreso del kirchnerismo se asimila a un regreso al infierno político, económico, moral y social. Si Javier Milei no lo frena cargará con la culpa, tanto como lo hizo Mauricio Macri en el 2019.

Aunque Cristina Fernández de Kirchner esté presa y sin futuro político real, el espacio que la rodea conserva capacidad de daño. Esa persistencia no necesita un liderazgo con horizonte. Le alcanza con un oficialismo que cometa errores y con una economía que no logre ordenar el humor social.

El caso Adorni no ayuda en ese contexto. Le devuelve oxígeno a una oposición que olía debilidad. Y también le da argumento a un peronismo que ya empezó a ver sangre política.

Santiago Caputo gana espacio

Toda crisis reordena la interna. Esta no es la excepción. Santiago Caputo saca pecho y gana espacio. Karina Milei no cede territorios. A veces hace lo contrario: avanza. Esa tensión no siempre se verbaliza, pero existe. Y empieza a sentirse en áreas sensibles del poder.

Uno de esos campos es la decisión de avanzar con el demorado nombramiento de jueces. La movida comenzó esta semana y ya genera ruido. No por la necesidad de cubrir vacantes, que existe y tiene a la Justicia en un estado de desorden, sino por los nombres, los tiempos y la pelea que asoma detrás de esa carrera.

El oficialismo abre así otro frente en un momento complejo. No sólo por las preguntas que espera en el Congreso sobre Adorni. También porque otros funcionarios tendrán que responder por el tema jueces. El Gobierno sumó una discusión institucional delicada justo cuando ya tenía abierta una crisis de credibilidad.

Jueces, vacantes y otra pelea en la cima

La situación de los cargos vacantes en la Justicia es grave. Eso nadie lo discute. El problema aparece cuando la solución agrega conflicto. Nombres ligados por parentesco a jueces para cubrir juzgados no ayudaron. Abrieron otra crisis.

Juan Bautista Mahiques acelera ese proceso, mientras la Corte Suprema juega su propio partido y busca imponer un nuevo esquema de nombramiento y selección. La escena muestra, otra vez, dos poderes en tensión, con la política metida hasta el fondo en un asunto que debería cuidar otro tipo de equilibrio.

Para el Gobierno, el riesgo no está sólo en la polémica por los nombres. También en la acumulación. Adorni, Congreso, jueces, Corte, interna y encuestas. Demasiados frentes juntos. En política, el volumen del conflicto importa tanto como la gravedad de cada episodio.

La economía no ofrece refugio

La otra mala noticia para la Casa Rosada es que la economía no aporta calma. La del bolsillo sigue sin ayudar. Luis Caputo reconoció lo que ya estaba a la vista: el impacto de la guerra en Irán complicó el intento de moderar la inflación en marzo y algo parecido ocurrirá en abril.

Después corrigió el tono y sostuvo que el camino descendente volverá pronto. Pero al mismo tiempo volvió a confrontar con empresarios que piden devaluación. Incluso dejó una frase que expuso nervio antes que control. En una Argentina que aprendió a temerle al dólar, abrir ese frente verbal no ayuda a calmar.

En esa escala de preocupaciones la economía del bolsillo no aporta ayuda por ahora, a pesar de los éxitos del gobierno en mantener el superávit fiscal y la prolijidad de las cuentas públicas. El nivel de los salarios, el poder adquisitivo y los problemas de empleo volvieron al tope de las preocupaciones de los argentinos.

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La regla no escrita del poder económico local sigue vigente: en tiempos de tensión, conviene no hablar del dólar si no se tiene una respuesta cerrada. Caputo hizo lo contrario. Y el mercado tomó nota.

Ahí aparece una de las zonas más delicadas de esta etapa. Al mercado y a la economía les preocupa que Milei se arriesgue a pagar un costo político alto en un año clave para proyectar el futuro de un segundo mandato. No se trata sólo de encuestas. Se trata de autoridad. Un gobierno con desgaste político enfrenta peores condiciones para ordenar expectativas económicas.

Demasiadas peleas para una sola semana

El kirchnerismo ya detectó esa fragilidad. Por eso busca avanzar sobre comisiones sensibles, como la que controla a los organismos de inteligencia. No hace falta una mayoría abrumadora para lastimar a un oficialismo que ofrece varios blancos a la vez. Basta con encontrar el momento.

La Casa Rosada sostiene a Adorni, lidia con investigaciones, enfrenta preguntas en el Congreso, abre una pelea por los jueces, administra una interna con movimientos de piezas y escucha alertas desde la economía. Todo al mismo tiempo.

El problema del Gobierno no es una crisis aislada. Es la suma. Y, sobre todo, la decisión de convertir esa suma en una prueba de resistencia. A veces el poder cree que aguantar es mandar. No siempre es así. A veces aguantar sin corregir sólo agranda el costo.

Milei todavía conserva iniciativa. Karina Milei mantiene poder real. Santiago Caputo gana espacio y movimiento. Nada de eso garantiza que el daño sea reversible. En política, hay errores que se pagan dos veces: primero en credibilidad y después en capacidad de hacer. El caso Adorni empieza a parecerse a uno de esos episodios. Y en un año que define mucho más que una coyuntura, esa señal ya no pasa inadvertida.