Macri y Cornejo potencian la grieta y se reencuentran por el "enemigo común"

Macri y Cornejo potencian la grieta y se reencuentran por el "enemigo común"

El acto del frente oficialista estuvo marcado por lo que será el discurso de campaña: dicotomías, grieta y miedo. 

Probablemente a Miguel Ángel Pichetto le dio algo de pudor y por eso se acordó de una frase conciliadora que Mauricio Macri había usado como eje en la campaña anterior. “Tenemos que unir a los argentinos”, dijo. Claro que lo hizo tras recitar una larga lista de argumentos relacionados con todo lo contrario: miedo al pasado, temor a Venezuela, tensión con quienes están en la vereda de enfrente políticamente. Alfredo Cornejo potenció ese discurso: grieta al máximo, polarización extrema y la construcción de un imaginario sarmientino, pero aggiornado a la mediocre realidad política argentina. No es civilización o barbarie, sino “república o autoritarismo”, “libertad o populismo”.

Fuera de cualquier análisis político que esas premisas puedan generar, la intención discursiva es construir esa dicotomía para influir en las elecciones. “No podemos volver atrás, y muchos menos en esta vuelta, que no es la de cualquier populismo. Es la vuelta de La Cámpora con más poder. Es un grupo minoritario, autoritario que le hizo mal a la Argentina”, aseguraba Cornejo.

Alfredo Cornejo y Miguel Ángel Pichetto.

Aunque era previsible y lo comentamos hasta el cansancio, no termina de sorprender: los frentes electorales buscan polarizar al máximo la disputa electoral

“La sociedad la percibe con mucha claridad a esta elección. Está en discusión una discusión vieja, con componentes autoritarios que altera principios de la división de poderes, de revisar sentencias. Esto está en el primer debate: autoritarismo o democracia. Esta es una divisoria de aguas en la discusión electoral”, dijo Miguel Ángel Pichetto.

Macri siguió por el mismo sendero: “No volver atrás”. “Estamos a mitad del río”, aseguró.

Toda la construcción discursiva de la campaña estuvo reflejada en el acto del Ángel Bustelo. Hubo algo de reconocimiento de la realidad económica; donde Macri agradeció “a todos por haber puesto el hombro” y Cornejo dijo haber tenido dudas. Pero todo apunta a fortalecer el frente oficialista con algunos intangibles.

El reencuentro

Macri y Cornejo tuvieron un reencuentro correcto, pero sin euforias. Abrazos en la inauguración de obras, y pedido del voto con las formalidades del caso. Ambos dirigentes construyeron una relación política por conveniencia. En 2011 Alfredo Cornejo evaluaba ser candidato a Gobernador, pero las encuestas indicaban que a pesar de la mala imagen de la gestión del PJ en Mendoza, el arrastre de Cristina Fernández como candidata a presidenta se llevaría puesto a cualquier rival. En Buenos Aires la presión sobre Mauricio Macri para que sea candidato a presidente también crecía. Pero el entonces Jefe de Gobierno porteño también tenía datos en la mano que le marcaban el destino: nada podría contra el "huracán" Cristina. 

Macri y Cornejo se corrieron, fueron reelectos en sus "comunas" y desde 2012 comenzaron a tejer una relación particular. Firmaron acuerdos de gestión y antes de que la UCR y el Pro se aliaran, ellos parecían con un destino sellado. Fueron juntos en 2015, ganaron y cumplieron el pacto de caballeros: Macri lo ayudó financieramente, Cornejo le correspondió con aval político. Pero la crisis económica tensó la cuerda. Mendoza ganó en autonomía financiera, y el Gobernador en "independencia política" y libertad discursiva. Las diferencias se acentuaron y la relación se enfrió. Pero sin romper. 

Ahora, con las elecciones como plan urgente, se vuelven a unir por conveniencia. Y con los mismos "enemigos" enfrente. 

¿Querés recibir notificaciones de alertas?