Lo malo: gorilas y kukas. Lo bueno: poder superar esos calificativos
Son palabras duras sentenciadoras. Suscitan adhesión y controversias. Sería conveniente superarlas, profundizan ira y grieta.
El origen del término gorila, data de mediados del año 1955. Fue adoptado por los peronistas para describir a personas profundamente antiperonistas, preferentemente de ideología liberal o de derecha.
Se popularizó, luego del derrocamiento de Juan Domingo Perón, por un sketch humorístico, creatividad de Aldo Camarotta en el programa La Revista Dislocada. Basado en un jingle” deben ser los gorilas, deben ser, que andan por ahí”, el termino se mantuvo vigente con el correr de los años, aunque mutó a una especie de sentencia categórica.
En efecto, en los últimos años, el calificativo gorila, ha servido para definir a una persona y cancelar toda posibilidad de debate o contradicción con ella.
Principio y fin; sos gorila, no podes hablar, ni tienes opción de argumentar o debatir. La condición de antiperonista es suficiente para cancelar. Categórico.
La apelación se prolongó durante muchísimo tiempo, y se profundizó su sentido de restricción. Basta con ser antiperonista para impedir todo tipo de digresión. Demasiados perokirchneristas se han regodeado del uso de la palabra gorila.
Pero apareció el mileismo. Proclives a colocar apelativos y de verba creativa, aguda y soez, de ellos nace el término kuka. Define a todo perokirchnerista y los coloca en el infierno de todos los pesares, causante de todos los males y al destierro en el uso de la palabra, por el hecho de serlo.
Medicina inesperada y paralizante. Riesgo kuka y kuka tira piedras, calan profundo en un vasto sector nacional y dejan semiparalizados a los inventores del gorilismo, que no encuentran palabras para contrarrestar el kukismo. Inesperado e inédito.
Medicina mileista a una imposición peronista de larga data. Les aplicaron un remedio semejante al que el peronismo uso durante larga data.
La extrema creatividad y confrontación verbal puede tener un tinte gracioso, pero de categórica y señaladora se ha convertido en un disvalor profundo y cancelatorio.
Sería conveniente aplacar la sentencia extrema y definitiva, permitiendo el disenso fundado con argumentos propios sólidos por ambas partes.
Nada positivo se consigue reduciendo todo al apelativo gorila o kuka. Incentiva la confrontación y aumenta la grieta. Obvio que hay diferencias sustanciales, pero para el bien colectivo, es mejor zanjarlas con firme convicción y seguridad de ideas y conceptos que agreguen valor y no con definiciones, aunque creativas, absolutamente categóricas y vacías de contenido.
No mejoran las sociedades con el uso permanente de palabras descalificadoras. Setenta años de ello son prueba suficiente.
Lo bueno: necesario superar el reduccionismo verbal descalificador.
Lo malo: el uso reiterado de los términos gorilas y kukas.