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Ley de Propiedad Privada: el Gobierno busca avanzar en el conflicto por tierras y barrios populares

El Gobierno negocia apoyos para la ley de Propiedad Privada, con tensiones por tierras, desalojos y cambios en barrios populares que generan resistencia.

El Gobierno busca avanzar con la ley de Propiedad Privada en el Senado.

El Gobierno busca avanzar con la ley de Propiedad Privada en el Senado.

Prensa Senado

La discusión por la Ley de Propiedad Privada entrará esta semana en una fase decisiva, atravesada por tensiones internas entre el oficialismo y los bloques dialoguistas.

En el centro del debate aparecen dos ejes sensibles: la apertura para que extranjeros adquieran tierras sin los límites actuales y la reformulación del régimen de barrios populares.

Ambos puntos concentran las mayores resistencias y explican por qué el Gobierno aún no logra asegurar los votos necesarios para avanzar con el dictamen.

Un oficialismo en busca de acuerdos

La Casa Rosada encara una ronda de negociaciones con la UCR, el PRO y espacios provinciales con un objetivo inmediato: reunir las firmas en comisión y, luego, garantizar la aprobación en el recinto. Sin embargo, el escenario todavía está abierto.

Desde el propio oficialismo reconocen que el respaldo no está cerrado y que el proyecto requiere ajustes para captar voluntades. Esa incertidumbre explica la demora en convocar al plenario de las comisiones de Asuntos Constitucionales y Legislación General, ámbitos donde debe discutirse el texto antes de llegar al recinto.

En paralelo, en la oposición dialoguista avanzan con una revisión detallada del articulado. La estrategia es clara: no rechazar de plano la iniciativa, pero sí introducir modificaciones que atenúen sus efectos más controvertidos.

Tierras: entre la apertura y los límites

Uno de los capítulos más sensibles es el que modifica el régimen de propiedad de tierras rurales. El proyecto oficial elimina las restricciones vigentes para la compra por parte de extranjeros, establecidas en 2011, y plantea un esquema más flexible, con controles focalizados únicamente en operaciones vinculadas a Estados extranjeros.

La propuesta genera incomodidad incluso entre aliados. Desde sectores dialoguistas coinciden en que el esquema actual resulta restrictivo, pero advierten que una liberalización total podría derivar en procesos de concentración difíciles de revertir.

El argumento del Gobierno es que el nuevo enfoque permitiría atraer inversiones sin comprometer la soberanía, ya que el control se mantendría en casos estratégicos. Sin embargo, en provincias con grandes extensiones territoriales, el debate adquiere otra dimensión: allí crece la preocupación por el eventual avance de capitales extranjeros sobre recursos considerados sensibles.

Barrios populares: el nudo social del proyecto

El otro foco de conflicto está en la reforma del régimen de regularización dominial de barrios populares. La iniciativa modifica aspectos centrales de la ley vigente, especialmente en lo referido a expropiaciones y protección frente a desalojos.

Entre los cambios más cuestionados aparece la eliminación de artículos clave que habilitaban mecanismos de expropiación y garantizaban la continuidad del proceso de urbanización. Además, se reduce el rol del Estado nacional, que pasaría a tener una función más coordinadora, dejando la implementación en manos de provincias y de la Ciudad de Buenos Aires.

Los bloques dialoguistas advierten que estas modificaciones podrían frenar los procesos de regularización y generar mayor vulnerabilidad para las familias que habitan estos territorios. También cuestionan la reducción de recursos destinados a obras dentro de los barrios, un punto que impacta directamente en la integración urbana.

Desde el oficialismo, en cambio, sostienen que el esquema actual mostró resultados muy limitados y que, tras varios años de vigencia, la formalización de la propiedad avanzó a un ritmo mínimo.

Desalojos: un esquema más rápido

El proyecto también introduce cambios en los procedimientos de desalojo, con plazos significativamente más cortos. La iniciativa reduce los tiempos de intimación por falta de pago y agiliza los requisitos judiciales, lo que permitiría ejecutar desalojos en lapsos mucho menores.

Para el Gobierno, se trata de una herramienta necesaria para fortalecer el derecho de propiedad y dar previsibilidad al mercado. Sin embargo, sectores opositores advierten que este mecanismo podría derivar en situaciones de mayor conflictividad social, especialmente en contextos de vulnerabilidad habitacional.

Manejo del fuego: el giro en la regulación

Otro punto relevante es la modificación de la normativa sobre manejo del fuego. El proyecto elimina restricciones que impedían cambiar el uso de tierras afectadas por incendios durante largos períodos.

La legislación vigente había sido diseñada para desalentar prácticas especulativas y proteger ecosistemas sensibles. La reforma oficial, en cambio, plantea que esas limitaciones resultan excesivas y afectan el derecho de propiedad sin lograr los objetivos ambientales propuestos.

Este cambio también abre un debate de fondo sobre el equilibrio entre desarrollo productivo, protección ambiental y regulación estatal.