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Lealtad en tiempos de anomia

Se conmemoran 80 años del 17 de octubre, Día de la Lealtad del peronismo. Cual es la herencia de aquella jornada fundante y quienes asumen el compromiso de mantener vigente el cuerpo doctrinario

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Un hito. Un punto de inflexión. El 17 de octubre de 1945 es una fecha sustancial para el devenir de la Argentina, en su forma de República y en su acepción como Nación. Esta fecha sirve como vértice del ángulo político que hasta hoy, 80 años después, se empeña en unir dos lados contrapuestos, divergentes, dos semirrectas de distinta longitud, pero ambas esenciales para la existencia de la figura elegida, ángulo que cambia de grado, de modo pendular, espasmódico y difícil de presagiar.

Aislado

La captura del Coronel Perón, su detención y envío a la Isla Martín García, ex Penal Naval, lugar en el que antes estuvo preso Yrigoyen y luego Frondizi, dio argumento a la movilización popular más numerosa y comprometida en la Historia de Argentina.

El por entonces presidente Farrel no tuvo opción. Además de liberar a Perón, que ese día 17 estaba internado en el Hospital Militar, le pidió a su ex vicepresidente, subsecretario en el Ministerio de Guerra y autoridad del Ministerio de Trabajo y Previsión que calmara a la muchedumbre que pedía por su liberación. Le cedió el balcón de la Casa Rosada y se encendió el capítulo de la participación política de toda la comunidad, sin requisitos de origen, religión, clase, posición social ni actividad.

Invasión de la chusma

La pituca Ciudad de Buenos Aires con su arquitectura europea conoció a cientos de miles de personas que llegaban desde lugares distantes, caminando, otros cruzaron en balsas improvisadas, colectivos y hasta nadando para manifestar su apoyo a aquél hombre que diez días antes se había despedido ante una multitud de trabajadores, renunciando por los desvíos del gobierno que había surgido en 1943 para conculcar el fraude y clausurar la “Década Infame” El mismo que desde el Ministerio de Guerra formalizó la declaración de guerra a Alemania y Japón el 27 de marzo de 1945, había sido alejado de la gestión de Edelmiro Farrel

Idílico o estratégico

Apenas unos días antes, el Coronel le había enviado una misiva a quien sería su segunda esposa, María Eva Duarte, o como prefirió llamarla gran parte de los argentinos : Evita. “Escribiré un libro sobre todo esto…y ya veremos entonces quién tenía razón. Lo malo de este tiempo y especialmente de este país, es la existencia de tantos idiotas, y como sabes, un idiota es peor que un canalla” es un breve fragmento de aquella misiva. Hay quienes sostienen que no se trataba de una edulcorada carta de amor, solamente, sino de un mensaje encriptado, para que pudiera producirse la manifestación de clamor popular que catapultó definitivamente a Perón. En esa carta prometía matrimonio, nuevamente desafiando las estructuras conservadoras de unas Fuerzas Armadas que -cuando no- debatían su apego por el eje o los aliados. La promesa de casamiento se cumplió en diciembre de ese año, y no se trata de un dato subsidiario ni de carácter romántico, la mutua influencia fue un rasgo inseparable en el nacimiento del Movimiento más perenne y rotundo de la política vernácula

Derecho de admisión

El Coronel Perón, de origen Tehuelche por parte de madre, se abrió camino en el Ejército Argentino con importantes aportes desde la investigación y la docencia. Las ediciones de sus ensayos documentan que no se trataba sólo de un oficial carismático y verborrágico : “Higiene Militar” (1924); “Moral Militar” y “Campaña del Alto Perú”, ambos de 1925; “Estudios Estratégicos”; “El frente oriental en la guerra mundial de 1914” (1928) y una obra imprescindible para conocer la diversidad cultural de nuestro extenso y generoso territorio “Toponimia patagónica de etimología araucana” textos con perspectiva de integración social, cuestión que acentuaba la antipatía de los sectores aristocráticos y pseudo aristocráticos, tanto en el ámbito castrense como en los círculos de la intelectualidad. Dirá un pensador contemporáneo: no le perdonaron la popularidad.

El hombre que está solo y espera

El guion para el espectáculo del 17 de octubre de 1945 no fue escrito por Perón, aunque fue el intérprete indispensable. Fuerza de Orientación Radical para una Joven Argentina (F.O.R.J.A) estaba integrada por lúcidos intelectuales, y el lema elegido describe sin titubeos sus ideas: “somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre”. Esta agrupación le daba soporte histórico y filosófico a las ideas de Juan Domingo Perón. Arturo Jauretche, Jorge del Río, Gabriel del Mazo, Raúl Scalabrini Ortiz, Homero Manzi son algunos de los nombres de aquella agrupación que enarbolaba un pensamiento nacional, sin adherir a los ismos internacionales de la época, que incidieron de modo irrevocable en el nuevo movimiento político del país, proyecto que exhibía como principios irrenunciables la Soberanía Política, la Independencia Económica y la Justicia Social

Buscando el norte

La noche del 17 de octubre inauguró un cambio de época innegable. Cuatro meses después, tal como el Pueblo y su Líder reclamaban, se reanudaba la fallida democracia, sin fraudes. La intrusión del gobierno de Estados Unidos en los asuntos de Argentina hoy, es un capítulo redundante. En 1945, el ex embajador en nuestro país, Braden, desde Washington, repartió el “libro azul”, 130 páginas con demasiadas mentiras y el firme propósito de advertir a los líderes de países vecinos y a la dirigencia argentina, que Perón representaba un riesgo a los principios que Occidente defendía. Tan difícil de considerar que la fórmula Perón Quijano debió competir con Tamborini Mosca, la llamada Unión Democrática en la que convergieron el radicalismo, el comunismo, el socialismo, el conservadurismo, sí, auspiciados por voceros del capitalismo del norte, país que tras la victoria en la segunda gran guerra se repartía el globo con la Unión Soviética, conducida por Stalin.

Un modelo propio, industrial y democrático

En febrero de 1946, la semilla germinal del 17 de octubre previo, vio su fruto. La fórmula Perón Quijano consiguió el 53,5% de los sufragios. Perón supo conjugar a tiempo las posibilidades con las expectativas. Impulsó la industria nacional otorgándole a trabajadores, obreros y peones rurales, espacios de participación, atendiendo sus demandas y fortaleciendo organizaciones sindicales. Absorbía e implementaba ideas con las que en sus comienzos no comulgaba, como fue la compra de los Ferrocarriles a los ingleses, impelido por Scalabrini Ortiz que había estudiado con denuedo la importancia de esa adquisición. Estimuló la creación de empresas para reemplazar importaciones y le dio impulso al incipiente desarrollo energético nuclear. Diseñó el primer Ministerio de Salud de la Nación y convocó al médico sanitarista Ramón Carrillo, para su conducción, con un desempeño que le valió el reconocimiento mundial.

Peripatético

La categórica sentencia “la única verdad es la realidad”, tan difícil de concebir hoy dentro del universo virtual, explica las contundentes decisiones que Perón tomó y pagaría luego con el exilio, con el repudio de los sectores conservadores y hasta con la propia Iglesia durante su segunda presidencia. Antes, en 1949, en el Congreso de Filosofía, el primero de relevancia después de la segunda guerra mundial, sintetizó lo que se conoció como la Tercera Posición, una versión pragmática y sólidamente argumentada desde la filosofía clásica y contemporánea, pariente a la Doctrina Social de la Iglesia, compilada en un texto inevitable “La Comunidad Organizada”. El derecho a la propiedad y el incentivo a la iniciativa individual no son óbice para la consolidación de un Estado potente que pueda administrar lo público, contemplando las dificultades invariables y propugnando una sociedad comprometida en lo político y protagonista en lo social.

Ninguna deidad a la vista

Describir puntualmente los cambios que tuvieron origen ocho décadas atrás, suena a panegírico de una época irrecuperable. No hacerlo, desde la otra arista que le da forma al ángulo, implica omitir hechos trascendentes, como fue en noviembre de 1951 la inclusión de las mujeres en elecciones sin restricciones, o sea, una democracia completa. O la ley que impuso la gratuidad en las universidades, para citar dos elementos constitutivos de los derechos actuales. A la figura de Perón le caben tantas críticas por errores y desaciertos como a cualquier humano que haya aceptado con osadía conducir una Nación y promover cambios culturales profundos.

Nublado y frío

El movimiento surgido hace 80 años sigue vivo y eso sí es otro hecho extraordinario. Haber padecido los dos golpes más trágicos de la historia nacional, asaltos al poder constitucional que interrumpieron la legitimidad democrática, manifiesta un espíritu de supervivencia inédito, pero no da patente de héroes. Soportar proscripciones, fusilamientos, vejación de cadáveres, las recurrentes infamias y las muy frecuentes traiciones, revelan que no se trata de un agente ni de un sujeto político circunstancial que aspira a ocupar el poder para comandar la coyuntura, tampoco le da la cualidad de inmortal y cada día se nota mayor vulnerabilidad.

La promiscuidad y la ausencia de barreras éticas en lo cotidiano, adulteran la historia, modifican las pretensiones políticas y corroen los lazos vitales de la sociedad. Aunque poco atractiva y sin una recompensa rápida a la vista, la lealtad hoy debe constituirse en obligación, porque aunque se confunda, la lealtad no es idéntica a la fidelidad, la lealtad es el apego a la Ley, en definitiva, el antagónico de anomia. La persistencia en la mentira no la convierte en verdad, pero se parece bastante a la realidad.