Lealtad, la palabra maldita de la política

En el peronismo y en la política en general se “es leal”, cuando no se traiciona al jefe. Lo mismo que un animal a un amo.

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Pablo Icardi

Lealtad, la palabra maldita de la política

El peronismo es un movimiento político que tuvo siempre la habilidad de abarcarnos a todos. Por derecha, en algunos momentos. Por izquierda en otros. Supo crear los problemas y vender las soluciones. Tener la violencia armada que espantó, y la ternura maternal de Evita. La ampliación de derechos, y la restricción de libertades.

Como tantas otras, la palabra “lealtad” está asociada al peronismo por antonomasia. Y ese es el problema. Lealtad es una palabra maldita para la política, pues se asocia con la respuesta incondicional a la orden de una persona.

En el peronismo y en la política en general se “es leal”, cuando no se traiciona al jefe. Lo mismo que un animal a un amo. Esto no es una característica del peronismo, sino de todo el sistema político. Ocurrió con el kirchnerismo en la Nación, y ocurre en la provincia con Cornejo. Los leales no contradicen, obedecen. Son soldados que acatan.

Ese es el problema. En todo caso, la lealtad debería ser a valores, a máximas innegociables que hagan poner en tensión permanente las ideas. En eso, deberíamos estar de acuerdo.

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