Las tormentas que se avecinan y el "multiverso" mendocino
Se construye un discurso de "bienestar" en Mendoza. Pero se avecinan tormentas. La crisis del vino, el turismo y la industria. El ranking de errores que sirven de muestra.
En Mendoza conviven varias realidades superpuestas y la gran “batalla” es cómo se ponderan en el discurso público. En ese “multiverso”, por citar arbitrariamente a la física, el Gobierno ha logrado imponerse y por eso la realidad construida sugiere que a Mendoza le va bien. Si se deconstruye la idea, aparecen matices mucho menos claros y, quizá, se descubra que el Gobierno le va mucho mejor que al resto de la Provincia.
Algunas de las tormentas que figuran por ahora como telón de fondo comienzan a aproximarse. La más obvia es la de la industria madre de Mendoza: la vitivinicultura está quebrada y puede arrastrar en esa crisis a la cadena de valor que tiene asociada, como el turismo, el comercio y la marca Mendoza. La caída de Norton, los problemas de Bianchi y de otras marcas emblemáticas son una señal fuerte de una crisis más aguda que en Vendimia va a explotar.
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El gobernador Alfredo Cornejo y su equipo reconocen esa crisis. Pero como reacción bien entrenada, casi como acto reflejo, aseguran que no es culpa del gobierno provincial, que es parte de una crisis nacional y mundial; como casi todo lo que ha pasado en la década del cornejismo, los problemas están puertas afuera, según su diagnóstico. Uno de los grandes errores de lectura de “las crisis” del vino es creer que tiene poco impacto en el PBG provincial, sin asociar, por ejemplo, a que la nueva era del turismo en Mendoza, por ejemplo, depende de lo que ofrecen las bodegas; al igual que el boom de la industria gastronómica.
La crisis del vino le cae al Gobierno justo cuando tiene un ministro con nombre de bodega. No sería la primera vez en la gestión de Cornejo en la que hay un efecto oxímoron. Cuando asumió fue el Gobernador aliado de los ambientalistas, al punto de haberlos sumado a su gestión en áreas clave. Al poco tiempo esa alianza se rompió. Con el sector empresario Cambia Mendoza tiene mucho más que una alianza, pues forman parte de la gestión y también son beneficiarios de muchas de las acciones en su rol natural de empresarios. En el futuro inmediato deberán acudir a la habilidad dialéctica para explicar las razones del deterioro productivo, pues además de la vitivinicultura hay otras industrias relevantes para la matriz de Mendoza que están en pausa. Ocurre con la metalmecánica, que tiene una actividad menor al 40%; es decir 6 de cada 10 máquinas están paradas.
El 2025 fue el año del golpe de realidad con la industria petrolera, que es uno de los alimentos principales de la cadena de valor industrial de Mendoza. La salida de YPF de la Provincia se sintió con una fuerza enorme en la economía, pero silenciosa. No hace falta redundar en datos ya conocidos, como cuánto se empequeñeció Mendoza o, mejor dicho, cuánto se empobreció: su PBG es más chico, se exporta menos que hace 10 años, hay menos empresas y también más migración.
En los foros mineros regionales los funcionarios mendocinos son abiertamente defensores de la libertad para contratar empresas y trabajadores de otras provincias, es decir están en contra del “compre local”. Detrás de esa premisa hay una realidad escondida: las empresas y trabajadores mendocinos que se van a otros sitios a buscar oportunidades. Se podría decir que la Provincia “exporta” valor, si se usa un eufemismo. La realidad es que acá dejaron de tener oportunidades.
La tensión productiva excede a Mendoza y se nota al leer más allá de los números gruesos o eliminar variables. El boom petrolero en Vaca Muerta tapa la crisis del sector y, por ejemplo, los problemas de competitividad de las industrias asociadas por la apertura de las importaciones hace crujir la idea de bonanza. Ese problema está ya en las altas esferas, pues Paolo Roca, dueño de Techint, es la principal voz de alerta por la sustitución de producción nacional. De ahí para abajo, solo empeora.
Cornejo apunta a que con el impulso minero parte de la crisis interna cambiará, pero la línea de tiempo de la minería es mucho más extensa que la necesidad de la Provincia. Si se toman las palabras del propio Gobernador cuando lanzaba el plan de exploración, podrían descubrirse algunas exageraciones que se contradicen con la realidad de esa actividad. Hoy solo una empresa está explorando realmente en la Cordillera de Malargüe, algo lógico para el poco recorrido de Mendoza y que podría ser exitoso si se entiende el punto de partida. Si se toma la euforia inicial en base al desconocimiento, el resultado es otro.
Multiverso
En el universo exitista hay un hecho al que el oficialismo debería rendirle culto; construirle ermitas si fuera necesario. Es la decisión de Javier Milei de liberarle a Cornejo la posibilidad de gastar a discreción los 1023 millones de dólares del fondo de resarcimiento. La firma de la adenda tuvo más valor que el aporte de votos en la última elección para el propio Cornejo que también supo aprovechar la oportunidad.
Salvado el error que iba a ser Portezuelo del Viento, en 2022 Mendoza se topó con su propia torpeza: tener dinero, pero no proyectos. Por eso se improvisó con un “plan hídrico” que no existía y se anunció “El Baqueano”, aunque no había ni proyecto. Entonces comenzó a funcionar la industria de la consultoría para llenar discursos políticos. Con la billetera gorda, Cornejo ejecutó un plan distinto y puso a una funcionaria que no tiene problemas en no sonreírle a la demagogia para analizar qué hacer con los 1023 millones de dólares. Por eso pasó un año entre que se liberaron los fondos y se comenzaron a ejecutar; pues en la mayoría de los casos lo que la provincia y los municipios tenían eran “ideas sueltas”, expresiones de deseo.
En la era moderna, Mendoza ha “involucionado” en ese sentido, con “ideas” más que con planes. Por eso las carencias estructurales se notan más: pueblos con casas peros sin servicios, zonas industriales sin electricidad y gas, polos productivos a los que no se puede acceder y obras obsoletas, mal hechas o con realidades insólitas.
Es divertido enumerar algunos de esos hitos. La extensión del metrotranvía es la obra más grande y cara de la historia reciente. Entre las dificultades que se enfrenta el plan es la reconstrucción de la vía en una zona que fue tapada. Es decir: se levanta la ciclovía que fue construida sobre las vías aún cuando el proyecto del metrotravía (ferrotranvía en ese momento) ya existía. No hace falta recordar que el intendente que se oponía y le puso cemento a las vías fue el mismo que hoy firmó la obra para romper su propia obra y hacer finalmente la vía.
También en Godoy Cruz hay una obra que terminó siendo decorativa y es un emblema de la falta de permeabilidad con la sociedad: el viaducto peatonal sobre la rotonda en el Corredor del Oeste. Un “pulpo” que nadie usa y, para colmo, fue imitado en Las Heras. Aunque sea casi de color, también en Mendoza hay ciclovías que fueron desmanteladas por mal diseño. En el tope del ranking de las obras mal hechas está el túnel de Cacheuta.
Sí, el emblema turístico de Mendoza tiene un antecedente que roza el papelón: el primer túnel que se hizo para unir Potrerillos con Cacheuta se derrumbó por un mal cálculo y diseño. Fue durante la gestión de Cobos y Francisco Pérez, el gobernador, tuvo que reenviar el proyecto al BID y explicar los por qué se pedía nuevamente un crédito para una obra que ya había fracasado. El mismo Pérez es autor de otra obra clave en el malgasto, como fue el estadio bautizado como Aconcagua Arena. En el medio hay más, como las roturas que fueron reparadas en el Marginal del Atuel, el desastre de calle Rodríguez Peña y hasta podrían citarse los dos puentes caídos en la ruta 40, que son modernos, se derrumbaron por mala gestión hidráulica y errores de diseño y aún siguen en ruinas.
Nuevamente, hay un multiverso en Mendoza y depende qué se quiera contar, el resultado.





