ver más

La silla vacía de Javier Milei en Ginebra: Argentina en el banquillo de la OIT

El gobierno de Javier Milei mandó diplomáticos a Ginebra. Los responsables del trabajo, ninguno.


Estoy en Ginebra. Participo de la 114ª Conferencia Internacional del Trabajo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Y hay algo que no puedo dejar de mirar: la silla vacía que dejó el gobierno argentino donde debería haber estado la Secretaría de Trabajo de la Nación. No es un detalle menor. Es un símbolo de época.

Lo que pasó en Ginebra

Los sindicatos argentinos y la Asociación Latinoamericana de Abogados Laboralistas presentaron ante la Comisión de Aplicación de Normas denuncias gravísimas contra las políticas laborales del gobierno de Javier Milei. Restricciones al derecho de huelga, sanciones económicas desmedidas contra los gremios, injerencia en la negociación colectiva y paritarias, y las modificaciones regresivas introducidas por la Ley 27.802 fueron el centro del debate. Se denunció la violación de los Convenios 87 y 98 de la OIT, os pilares del derecho internacional en materia de libertad sindical y negociación colectiva, ratificados por Argentina y con rango supralegal en nuestro ordenamiento jurídico. Es decir, por encima de cualquier ley que el Congreso pueda sancionar.

El mundo miraba. Y Argentina no respondió.

Llegaron los diplomáticos. No llegaron los responsables del trabajo. El gobierno envió representantes de la Cancillería y de la misión diplomática argentina en Ginebra. Nadie de la Secretaría de Trabajo de la Nación. Nadie con competencia específica sobre las políticas que se estaban cuestionando. Nadie que pudiera defender, explicar o al menos escuchar en nombre de quienes toman las decisiones laborales en el país.

La OIT es muy respetuosa de la soberanía interna de los estados. Pero esa ausencia no pasó desapercibida. En los pasillos de la conferencia, entre delegados de decenas de países, el comportamiento institucional argentino fue tema de conversación. ¿Qué mensaje manda un gobierno que no va a defender su propia reforma laboral ante el organismo internacional que regula el mundo del trabajo?

GINEBRA-OIT5

La OIT es muy respetuosa de la soberanía interna de los estados.

El costo ya llegó

Hay quienes podrían argumentar que las recomendaciones de la OIT no son vinculantes. Es cierto. Pero ese argumento ignora dos realidades. La primera es jurídica: los magistrados argentinos con visión global del derecho internacional toman como doctrina toda norma, resolución y recomendación de la OIT, ratificada o no. Y los convenios ratificados, como el 87 y el 98, tienen aplicación inmediata por encima de la ley ordinaria. Cada fallo que venga en los próximos meses sobre medidas de fuerza, negociación colectiva o sanciones gremiales va a tener estas presentaciones como antecedente.

La segunda es política: el deterioro de imagen ya ocurrió. Argentina figura hoy entre los diez peores países del mundo para los trabajadores. No es una amenaza. Es un hecho consumado, derivado directamente de las modificaciones introducidas por la administración Milei. Las conclusiones de la Comisión Redactora de Aplicación de Normas se conocerán en los próximos días. Y van a recoger estas denuncias. En el concierto de naciones, eso deja muy mal parada a la República Argentina.

La fractura que nadie puede ignorar

La tensión entre el gobierno y el movimiento sindical llegó a un punto que hace meses hubiera parecido impensable. Gerardo Martínez, quien fue vicepresidente de esta misma Conferencia Internacional del Trabajo, se retiró del Consejo de Mayo porque el gobierno no escuchó los reclamos de los trabajadores. El espacio que el propio Milei creó para planificar las reformas del país perdió a uno de los sindicalistas con mayor reconocimiento internacional. No es solo una ruptura política. Es una señal de que el modelo de reforma unilateral tiene un techo. El argumento del gobierno y su límite

Desde la administración Milei sostienen que la reforma laboral busca flexibilizar el mercado de trabajo para generar empleo, reducir la informalidad y atraer inversiones. Es un objetivo que puede discutirse. Hay economistas que lo respaldan y hay evidencia comparada que lo cuestiona. Ese debate es legítimo y necesario. Pero una cosa es la orientación de una política económica y otra muy distinta es implementarla violando convenios internacionales ratificados, sancionando a los gremios por ejercer derechos reconocidos universalmente y, sobre todo, dándole la espalda al organismo internacional que regula el mundo del trabajo cuando te cita a dar explicaciones. Se puede reformar. Lo que no se puede es reformar solo.

GINBRA-OIT2

Estoy en Ginebra. Participo de la 114ª Conferencia Internacional del Trabajo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Lo que la OIT lleva un siglo enseñando

Desde 1919, la OIT existe para garantizar la convivencia pacífica entre el capital y el trabajo. Su receta no es ideológica: es pragmática. Empleadores, trabajadores y gobierno sentados en la misma mesa. Diálogo tripartito. Sin ese equilibrio, ninguna reforma laboral es sostenible en el tiempo, sin importar cuán bien intencionada sea. Argentina lo sabe. Lo vivió. Las reformas que duraron fueron las que se construyeron con todos adentro. El camino existe. El conflicto universitario mostró que cuando la presión es suficiente, este gobierno también se sienta a escuchar. Puede pasar lo mismo en el mundo del trabajo.

Pero mientras eso no ocurra, la silla vacía en Ginebra va a seguir siendo la imagen más elocuente de una política laboral que le da la espalda al diálogo, y al mundo.

* Nahuel Altieri. Abogado laboralista y analista político. Participó de la 114ª Conferencia Internacional del Trabajo de la OIT en Ginebra, Suiza.