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¿La nueva de Marvel? Por qué Javier Milei apunta contra el "Iron Man" de la industria argentina

Javier Milei, que le dio vida en otro tiempo al Capitán Ancap, abrió un frente de discusión directo con el CEO del Grupo Techint, Paolo Rocca.

Javier Milei personificó al General Ancap. 

Javier Milei personificó al General Ancap. 

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Recientemente se desató un conflicto entre el Gobierno Nacional y el CEO del Grupo Techint, Paolo Rocca, luego de que una firma india, Welspun, se hiciera con una licitación clave para la provisión de caños del gasoducto que conectará Vaca Muerta con la costa atlántica. Con este escenario cabe preguntarse por qué el encono de Javier Milei con el hombre de acero de la industria nacional.

Tanto el Presidente como quienes integran La Libertad Avanza en su conjunto, desde el propio primer mandatario hasta un simple soldado raso digital, no pierden oportunidad para hacer notar su perspicacia.

En esta oportunidad, Javier Milei llamó a Paolo Rocca “Don Chatarrín de los Tubitos CAROS”.

Javier Milei contra Paolo Rocca

No conforme con esto, el Presidente también acusó a Rocca de azuzar la desestabilización de la administración libertaria de cara al proceso electoral de septiembre del 2025.

Javier Milei apuntó nuevamente contra Paolo Rocca

Ahora bien, en la superficie de la discusión se puede ver el diálogo de dos de los jugadores más importantes del entramado político económico del país. Nada más ni nada menos que el oficialismo, de un lado, y del otro, uno de los grandes empresarios del círculo rojo nacional. Sin embargo, si hacemos zoom lo que se puede apreciar es una discusión sobre el modelo de desarrollo.

Paolo Rocca y la disputa con el modelo libertario

Es interesante volver a un discurso del CEO de Techint para esclarecer conceptualmente algunas cuestiones. En el 42° Congreso Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), Paolo Rocca recibió el premio a la trayectoria empresaria 2025. Estamos hablando del mundo financiero y el mundo industrial dándose la mano.

Allí, Rocca menciona algo interesante sobre la historia de Techint. En su discurso, planteó una concepción de la industria anclada en la continuidad histórica y la adaptación al cambio. “El rol de mi padre primero, después el rol de la tercera generación, yo, mi hermano, ha sido preservar los valores originales de Techint y adaptarlos a un contexto de crecimiento de la empresa en una dimensión internacional”.

Para Rocca, ese proceso implicó sostener una identidad común en el marco de un crecimiento que volvió a la firma un actor industrial global: “Hoy operamos plantas en Japón, Indonesia, China, Rumania y Estados Unidos”.

El CEO de Techint subrayó que ese crecimiento no se explica solo por decisiones empresariales, sino por la construcción de consensos de largo plazo. “La ambición de crecimiento implica convencer a todos los accionistas, primero, de una visión de reinversión permanente de sus utilidades”, afirmó, y agregó que se trata de “un proyecto de transformación de la comunidad, de la sociedad donde estamos”.

En ese sentido, remarcó que el desafío no es únicamente financiero, sino político y cultural dentro de la propia organización: “Hay que construir consenso con toda nuestra gente en muchos países y adaptar los valores originales a la diversidad que surge de operar en contextos tan distintos”. Y recordó que el grupo emplea a unas 95.000 personas y tiene presencia en más de 40 países.

Rocca cerró su intervención poniendo el acento en lo que definió como la esencia del modelo industrial que defiende. “La tarea nuestra ha sido acompañar la fuerza de un grupo humano extraordinario que se ha formado a lo largo de los años, manteniendo los valores fundamentales, los valores de la cultura industrial”, sostuvo. Y concluyó con una mirada sobre el rol de la industria en el desarrollo: “Al final, son valores que transforman un país, transforman los lugares donde trabajamos”.

Discurso de Paolo Rocca en el IAEF

A todo esto, ¿cuál es la mirada del Gobierno respecto a la industria nacional? El último informe del INDEC nos da una idea al respecto.

Durante el primer año de gobierno de Javier Milei, la industria manufacturera argentina atravesó un severo ajuste. Según el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI), en noviembre de 2025 la actividad cayó 8,7% interanual, aunque el acumulado de enero a noviembre aún mostró un incremento de 2%, un arrastre estadístico más que una señal de recuperación genuina.

IPI manufacturero interanual

Al desagregar los datos de la caída, podemos ver que el impacto fue marcadamente desigual. Los sectores más castigados fueron aquellos intensivos en mano de obra y orientados al mercado doméstico: textiles (-36,7%), prendas de vestir, cuero y calzado (-17,6%), productos de metal (-18,6%), maquinaria y equipo (-17,9%) y, de forma particularmente abrupta, vehículos automotores y autopartes (-23%).

En muchos de estos rubros, el propio informe del INDEC atribuye la caída a la combinación de menor demanda local y mayor penetración de importaciones, una señal temprana de los costos de una liberalización comercial aplicada sin ningún tipo de amortiguador productivo.

Sin embargo, no todo el mapa industrial es sombrío. Algunos sectores, que son los caballitos de batalla de Milei, mostraron resistencia e incluso expansión.

Entre ellos, la refinación de petróleo y combustible nuclear creció 6,3% interanual, impulsada por mayores volúmenes de combustibles y derivados, mientras que segmentos puntuales como productos farmacéuticos y de minerales no metálicos lograron amortiguar la caída general.

IPI manufacturero nivel general-INDEC

El Gobierno de Milei parece haber tenido mejores resultados en los eslabones vinculados a energía, recursos naturales y exportación potencial, un patrón coherente si tenemos en cuenta la mirada libertaria respecto a la apertura y desregulación.

Una industria para el modelo libertario

El problema, como advierten incluso sus defensores, es que una economía no se industrializa solo con sectores ganadores: sin una política que administre la transición, el ajuste corre el riesgo de dejar más ruinas que cimientos.

Hoy, la política industrial volvió al centro del tablero global. Según Fundar, la pandemia, la guerra en Ucrania y la guerra tecnológica entre Estados Unidos y China dejaron al descubierto la fragilidad de las cadenas globales de valor y reinstalaron una idea básica: producir importa.

Evolución de las políticas industriales-FUNDAR

La industria volvió a ser vista como un activo de soberanía, seguridad y cohesión social. En ese marco, China emerge como el gran motorizador de este giro. En apenas dos décadas, el país pasó de exportar manufacturas simples a dominar segmentos complejos de bienes de capital, electrónica y tecnologías verdes, obligando al resto del mundo a reaccionar con políticas activas para no quedar relegado en la nueva competencia tecnológica.

Productos manufacturados a nivel mundial-FUNDAR

El General Ancap vs Iron Man

El enfrentamiento entre Javier Milei y Paolo Rocca no es un conflicto personal ni una pulseada entre el Estado y un empresario poderoso. Es más bien la traducción de una disputa que atraviesa hoy a todas las economías relevantes en el mundo.

Si la industria debe adaptarse sola a un mundo hipercompetitivo o si el Estado tiene que tener un rol activo en la construcción de capacidades productivas. Milei encarna una lectura fundamentalista del libre comercio, convencido de que la apertura forzará eficiencia aun a costa de cierres y pérdidas en el corto plazo.

Gasto en política industrial-FUNDAR

Rocca, en cambio, representa la tradición de un capitalismo industrial que concibe a la empresa como actor de largo plazo. La paradoja es que Milei plantea su cruzada contra la política industrial en el preciso momento en que el mundo la está resucitando. La Argentina ensaya una liberalización comercial sin amortiguadores productivos. Sin embargo, para Milei, las consecuencias de esto no son un problema.

El punto ciego del planteo libertario es asumir que la industria puede ajustarse al ritmo del comercio global sin transición. La evidencia reciente del INDEC muestra que los sectores más castigados por la apertura son aquellos intensivos en trabajo y orientados al mercado interno, mientras que los ganadores se concentran en ramas primarias o extractivas con ventajas naturales. Extensivos en capital, sí, pero no en trabajo.

Así, el riesgo no es solo social, sino estratégico, ya que una economía que pierde industria reduce su capacidad de absorber tecnología, diversificar exportaciones y amortiguar shocks externos.