La Mendoza que se marchita y una realidad inédita para Cornejo
Habrá uva que se marchitará en la parra, la metáfora más dura de la realidad económica de la Provincia. No es la única. La dependencia política inédita para ganar elecciones y que puede condicionar al oficialismo.
Durante años hubo una idea; una queja que surgía desde el Gobierno y el sector productivo que servía como efecto placebo ante la caída productiva de Mendoza: la Provincia tiene recursos que no se aprovechan. Apuntaban en general a los recursos naturales no renovables, en particular la minería. En 2026 ocurrirá un hecho que agregará una postal más dramática a la realidad económica de la Provincia. Habrá recursos productivos generados por el hombre que quedarán “colgados”; sin que se siga la cadena de valor que produce riqueza. Y será la uva, el producto insignia de la cadena del vino, la historia y el turismo de la Provincia.
Que haya productores que anuncien que les conviene dejar los racimos en la parra, que se conviertan en pasas o sirva para comida de pájaros antes que producir es una metáfora brutal del estado de situación. Para los productores la crisis será la más grave en los últimos 30 años. Las bodegas no tienen capacidad para producir al nivel de otras vendimias porque tienen vino guardado, los productores primarios no consiguen clientes ni precios. Por eso en el Gobierno esperan que la Vendimia pase rápido. No la fiesta, sino la maquinaria productiva que hizo conocida a Mendoza en el mundo y que hoy cruje. “Voy a convertir la bodega en un depósito de chatarra”, graficaba un pequeño bodeguero del Valle de Uco que, tras varios años de tensión, decidió no producir en 2026. Esas pequeñas unidades productivas ya estaban con problemas, pero el drama del vino se hizo más visible con la explosión de las grandes bodegas como Norton y Bianchi.
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En el Gobierno reaccionan por trivialidades de la vida cotidiana, aunque los problemas estructurales pesan y preocupan más allá de la anestésica reacción pública. La crisis de la industria del vino será visible en las próximas semanas, pero no es la única. Todos los “motores” de la economía provincial están en caída.
La actividad petrolera sufre la transición por el abandono de YPF y la caída de la producción que redunda en menos empleo, menos ingresos y también descenso en la riqueza. Allí, por ejemplo, aseguran que pesa también el quiebre que hubo en la relación con la petrolera estatal, que tiene el horizonte en Vaca Muerta y de quien depende Mendoza para que haya una oportunidad real a mediano plazo. YPF tiene plazo para ejecutar la inversión prometida en la lengua mendocina de Vaca Muerta, pero Cornejo busca que la anticipe para que no pase otro año sin actividad nueva en esa formación. De eso depende que al menos otras dos empresas con intereses en el extremo sur de la Provincia avancen con inversiones propias.
El comercio sufre la recesión extendida, junto con el turismo, que tuvo un 2025 de habitaciones vacías.
Contrato incumplido
La uva no es el único recurso que quedará “en la planta” o en la tierra, a pesar de las promesas y de los contratos firmados. Es lo que ocurre con el cloruro de potasio que, según los anuncios, debería estar produciendo Potasio Río Colorado y cuyo incumplimiento es uno de los fracasos más marcados de la gestión actual.
El año pasado no comenzó a producir la planta piloto que la empresa Minera Aguilar debía ejecutar y, como ocurre con varios contratos que el Estado tiene con los mismos accionistas, el tema quedó en el laberinto legal y administrativo para repartir culpas sin que nadie pague. La empresa no cumplió, y “el Estado tampoco”, como responden para amenguar impactos. En el mismo contrato estaba establecido que el Gobierno debía facilitar, con recursos públicos, una de las principales carencias de PRC; la energía, aunque para la planta piloto no era necesario el volumen prometido. La cadena de errores de gestión lleva incluso al demorado plan para desarrollar Pata Mora: el plan era llevar energía desde la línea de 500kv hacia Pata Mora, pasando por Potasio Río Colorado y así favorecer a ese proyecto minero y llevar electricidad al futuro polo logístico de Malargüe, que sigue sin luz y dependiendo de Neuquén. Pues eso aún no ocurre.
En las negociaciones que el Estado mendocino ejecutó con los accionistas de Impulsa Mendoza el resultado no fue ganancial. Pasó con el caso EDEMSA, la principal distribuidora eléctrica de la provincia. Cornejo como Gobernador y Jimena Latorre como titular del EPRE ejecutaron una auditoría durísima sobre la empresa. Pero Rodolfo Suarez, con el aval del actual mandatario, renegociaron un contrato que extendió la concesión, rebajó canon y otorgó otros beneficios extra, como aumentos más frecuentes de la tarifa. La amenaza de juicios internacionales fue la excusa para ceder. Con Potasio ocurre algo similar.
La renegociación con Minera Aguilar se mantiene en secreto. Más allá de las cláusulas contractuales, el proyecto tiene carencias mucho más tangibles: sin electricidad, gas y un sistema logístico para sacar el mineral, no tiene futuro. La duda es qué pasará con los 1000 millones de dólares de inversión previstos y cuánto más se achicará. Cornejo suele mostrar su disconformidad con ese contrato, que avaló cuando estaba fuera del Gobierno pero cercano al poder. Emilio Guiñazú, el funcionario clave eyectado de Impulsa Mendoza, fue siempre un nexo que atravesó las tres gestiones. El fracaso de Potasio, la apropiación sin resultados de Hierro Indio y otros hitos negativos generan dudas sobre una de las políticas que se convirtió en piedra basal de la segunda gestión de Cornejo.
Nuevo escenario
El Gobernador se ofusca por algunas frivolidades, mientras calcula los pasos políticos a dar en un contexto interno adverso. Acostumbrado a gestionar el recorrido político de la Provincia, con influencia en su sector y también en las filas “enemigas”, desde hace un tiempo Alfredo Cornejo transita un territorio desconocido: la dependencia para subsistir.
Es lo que ocurrió en las elecciones del año pasado, donde su sector arrasó y él mismo capitalizó la habilidad de saber leer los tiempos: se subordinó a Javier Milei y le fue bien. La dependencia le hizo bordear el límite de la dignidad política, resignó mucho más de lo que quería y hasta puso en riesgo parte del futuro.
Con un impacto minimalista, también ejecutó una pequeña estrategia de subordinación a “un nombre” en las elecciones departamentales que se harán el próximo domingo. Se alió a Esteban Allasino, demarchista y ex rival político. Luján es el departamento de mayor crecimiento y también uno de los que más potencial productivo, demográfico y electoral tiene. Cornejo estaba exultante con la alianza y Allasino aliviado por la incertidumbre en la que había quedado con el derrumbe del Pro y la desaparición de De Marchi. Esa alianza fugaz demuestra que al líder de Cambia Mendoza no le tiembla el pulso para lograr su objetivo, aunque en el camino destruya a un alfil propio. En Luján, por ejemplo, expuso a Natalio Mema, uno de los dirigentes que tenía mayor proyección, a una elección que tenía perdida en 2023 y ahora le levantó la mano a su rival, Allasino, dejando a su ministro en un plano incómodo. No es la primera vez, pues así como logró crecer “rebelándose” contra quienes le habían dado espacio (como Julio Cobos y Cesar Biffi), se mantuvo sin que la emocionalidad le gane al estratega.
De cara al futuro político, saben que Cornejo y el oficialismo obsecuente no pueden solos en las urnas. La tensión interna en el oficialismo por esa idea de “dependencia” para la supervivencia del proyecto cornejista va a molestar hasta el final del mandato. Más aún con un rival que irrita en las filas del oficialismo: Luis Petri.




