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La doble vara de Cornejo con Milei y el plan para continuar en el poder aún lejos del cargo

Cornejo y su gobierno profundizan la obsecuencia con Milei. La divertida pelea por la sucesión y el plan cornejismo eterno.

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En 2007 había un gobernador radical en Mendoza y la provincia tenía una sintonía total con el Presidente. Eran Julio Cobos y Néstor Kirchner, que eran socios políticos en lo que fue la “Concertación”; un plan que llevó más réditos personales a los protagonistas que generales a la Provincia. La relación era de sinergia total.

Sin embargo, hubo un hecho relevante que marcó un hito: ese año la inflación comenzó a ser un problema y el Gobierno nacional comenzó a manipular el índice, pero en Mendoza se denunció esa maniobra y la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE) siguió midiendo e informando la inflación real, con denuncia penal incluida.

Hoy, casi 20 años después, algunas situaciones se repiten. Gobierna un radical, Alfredo Cornejo, hay un presidente de otro partido, Javier Milei, y la relación roza la obsecuencia personal e institucional. El mismo presidente decidió revertir la decisión de cambiar la forma de medir la inflación, algo que se había acordado hace mucho tiempo. La manipulación política de las decisiones del INDEC sobre la inflación generó una crisis alrededor del tema por la pérdida de confianza y las dudas que generará. En Mendoza, a diferencia de lo que ocurrió en 2007, la respuesta fue de obediencia: no habrá información sobre el nuevo índice y se subordinarán a las intempestivas decisiones de Milei. El gesto es uno más en la lista de señales de obediencia ciega a lo que determina la Nación, en una relación política en la que la Provincia pierde cada vez más independencia.

La “heroína” de la rebelión de 2007 fue Patricia Giménez, una funcionaria que construyó prestigio en base a esa decisión. Curiosamente Giménez ahora está en las filas políticas de Luis Petri, es decir dentro del sector más radicalizado a favor de Milei entre los que migraron desde la UCR. Las estadísticas oficiales que procesa y difunde el INDEC son reveladas en gran parte por las provincias a través de convenios de colaboración. Mendoza adhiere a ese mecanismo y por eso hay medición provincial. Es decir, están las herramientas técnicas y los recursos para medir tal como se había acordado. A través de un comunicado, el Gobierno de Mendoza marcó la subordinación total a las decisiones nacionales sobre las estadísticas. Lo hacen, aseguran, para no generar “confusión”. En Mendoza el nuevo índice que se iba aplicar podría tener impactos importantes porque, entre otras cosas, tienen más peso las tarifas de servicios públicos, algo que en Mendoza tienen actualizaciones constantes (en el caso de la electricidad y el agua). Quizá el Gobierno local comparta el temor de Milei de que se diluya el principal bastión de la gestión, es decir la baja de la inflación; más tras la arriesgada promesa del Presidente: que este año la inflación comienza con cero.

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Rumores y temores

La intervención política de las estadísticas para tratar de forzar un objetivo discursivo (Milei prometió bajar a cero la inflación este año) confluye con el mal pasar económico de los “mendocinos de a pie” y también con los graves problemas de las actividades económicas troncales de la Provincia. Aquella imagen de Cornejo con una botella de vino y un pedazo de roca para simbolizar que el progreso para la Provincia sería hacer “vino y minería” pasa por una coyuntura compleja, pues el vino y todas las industrias asociadas (como el turismo) tendrá su peor año en décadas y la minería es una zanahoria de largo plazo donde, además, las señales de los errores de gestión son más visibles. La “coyuntura” de problemas económicos parece más permanentes en las gestiones radicales, pues en la década de gobierno no hubo, salvo el veranito macrista, señales de crecimiento.

En versión minimalista, la provincia vive algunos de los problemas que generan tensión entre el Presidente y las grandes corporaciones industriales, como Techint. Lo saben los industriales metalúrgicos que lidian con sus máquinas apagadas y también los hoteleros que ven llegar aviones con asientos vacíos. Ni la Fiesta Nacional de la Vendimia entusiasma como antes, al punto de que el Gobierno le bajó el perfil de manera insólita a la promoción, pues ni siquiera está claro el calendario oficial. Cornejo tiene en su haber varios fracasos vendimiales y se sabe que no es muy afín a esos festejos. Ahora se sumó el temor a que en alguno de los eventos pueda haber reclamos imprevistos, algo que incomoda a un Gobierno acostumbrado a controlar todo.

El cambio en la conducción de la empresa Impulsa Mendoza pasó bao el radar porque el Gobierno le baja el perfil. Pero esa empresa tiene un rango mayor al que dice el organigrama, pues desde allí se piensa y se financia la estrategia minera. Emilio Guiñazú, el funcionario desplazado, es de los que se mantuvo en toda la década cornejista. Se lleva en su mochila haber creado el Distrito Minero Malargüe, con los éxitos y fracasos incluidos, como la primera perforación en búsqueda de cobre, la concentración de propiedades en pocas manos y con participación de ex integrantes de la empresa (cosa que roza la inconducta ética), la caída de varios de esos proyectos, la inversión ciega de parte del Estado. Suma también otras maniobras vidriosas, como la apropiación de Hierro Indio, el primer proyecto metalífero que se anunció con potencia comunicacional y que ahora quedó diluido y podría convertirse en una “cantera” tras la participación de la empresa estatal.

Alfredo Cornejo y Javier Milei, en San Rafael.
Alfredo Cornejo y Javier Milei, en San Rafael.

Alfredo Cornejo y Javier Milei, en San Rafael.

El alineamiento total de Cornejo con Milei no es novedad, pues desde que el Gobernador se dio cuenta del impacto político arrasador del presiente movió el timón político propio y el de su equipo para ir detrás de la aventura libertaria. Sí llama la atención la falta de pudor para mostrar la doble vara con la que desde Mendoza se miden los hechos. La lista de silencios ante los perjuicios que tuvo la provincia pesa. Con los fondos educativos cortados, con la ayuda social que la Provincia debió suplir con recursos propios, con el recorte brutal a las obras que la Provincia también suplió con fondos extraordinarios. Cornejo supo cuestionar duramente a otros mandatarios que intentaban amedrentar la libertad de expresión, mientras que ante Milei parece haber un silencio que otorga ante la creación de la Oficina de Respuesta Oficial y los ataques constantes del Gobierno.

Más allá de la noble intención de respaldar la búsqueda de la estabilidad económica, la razón de ese alineamiento tiene más que ver con acompañar y aprovechar los vientos políticos. Claro que a mediano plazo esa estrategia puede ser un catalizador para potenciar las carencias propias. Será muy entretenida la disputa por la sucesión entre el candidato de Javier Milei, Luis Petri, y el que intente ponderar Cornejo tras las zancadillas que el propio gobernador le hizo en los últimos 10 años a los propios dirigentes que tenían potencial. Más divertida será esa disputa al saber la pésima relación que tienen el Gobernador y el exministro de Defensa que, cual sainete, disimulan torpemente ante las cámaras.

A Cornejo le preocupa la sucesión; el nombre, la continuidad del linaje. Por si acaso no lo logra, el plan B es al menos blindar al Gobierno y al Estado de cualquier intento de intervención, aún cuando sea desde el Cuarto Piso. Es decir, el Gobernador supone que logrará la continuidad de su impronta más allá de que abandone el sillón de San Martín y aunque gobierne alguien que no le responda. Desde las direcciones de administración, desde los municipios, desde la Justicia; desde cualquier lugar de decisión. Por eso, por ejemplo, el 2026 será un año de transición importante. No queda mucho por cubrir, pero es probable que algunos espacios de poder, como el Ministerio Público Fiscal, se renueven para que sea el actual gobernador quien elija y también condicione el futuro. En esa gestión será gobernar de manera colaborativa, o ejecutar el poder de bloqueo. El cornejismo después de Cornejo, ese es el proyecto.