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La crisis de la Policía santafesina pone en riesgo a otras fuerzas porque los reclamos son los mismos

No hay más vocación policial. La Policía de Santa Fe, muchas veces vinculadas al dominio narco rosarino, ahora aparece reclamando cosas tan básicas como mejor salario, condiciones dignas para su trabajo cotidiano y que sus efectivos no terminen suicidándose por los padecimientos económicos y familiares a los que lo somete su trabajo.

Los reclamos santafesinos son los mismos en la Federal y la Bonaerense. Cuánto tardará en brotar el descontento en ambos lugares. 

Los reclamos santafesinos son los mismos en la Federal y la Bonaerense. Cuánto tardará en brotar el descontento en ambos lugares. 

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La Policía de Santa Fe dio un alerta. Tremenda, casi inesperada, que terminó con una virtual revuelta de los efectivos policiales por cuestiones salariales y otras demandas que alcanzan situaciones estrictamente laborales como alojamientos y lugares de trabajo cotidianos.

Si se toma literalmente el básico policial promedio, los recibos de sueldo muestran que un integrante de la Policía santafesina gana $135.000 pesos. Esa es la base a la que se suman más de una decena de ítems para engrosar el haber final de $1.073.000 pesos, poco más de los $900.000 que cobra un oficial en la Policía Federal y los $800.000 que perciben los bonaerenses como promedio desde donde luego aparecen otros refuerzos como horas adicionales para completar un promedio mayor.

Oficialmente, el gobierno de Maximiliano Pullaro, deslizó que la revuelta se produce porque la gestión provincial empezó a controlar los gastos y los trabajos por los que los policías tenían sus extras. Pero la realidad es muy distinta. La plata no alcanza, y las amenazas a las que se exponen los efectivos policiales en Rosario, en particular, son altísimas. En 2025 hubo 25 suicidios y el fin de semana un efectivo, Oscar Valdez, le quitó el arma a un compañero para tirarse un tiro y se suicidó.

Salud mental bajo fuego: la alarmante tasa de suicidios en la fuerza

Hace una semana, Maximiliano Trujillo, otro efectivo, también se mató en el barrio Plata. Nadie se suicida simplemente porque lo vigilan o controlan. Lo mismo sucede en otras fuerzas como la bonaerense, el “ejército” armado más importante del país, con casi cien mil efectivos en actividad.

Las sucesivas crisis económicas que afectaron al país y que se profundizaron en los últimos años provocan un freno en las expectativas laborales y afectan a los ingresos de todos los empleados estatales, fundamentalmente a los policías. Muchos de ellos, tanto mujeres como varones, deben trasladarse a diferentes puntos de un mismo territorio por mucho tiempo, minando relaciones personales y familiares.

Los bajos ingresos los llevan a endeudarse, y ese endeudamiento no siempre viene de un banco o entidad financiera inscripta en el BCRA. La calle, su lugar de trabajo, los lleva a enredarse con grupos mafiosos, muchas veces vinculados con actividades ilícitas de todo tipo, y cuando no pueden cubrir sus deudas, terminan suicidándose.

Premios, castigos y el fantasma de un efecto contagio nacional

En Santa Fe en particular, Pullaro tiene, con los empleados públicos, una política de premios y castigos muy clara y en el caso policial pretendió ejecutarla a rajatabla. Los que están “en la calle” o en “los patrulleros” recibirían un plus que el resto no. A eso se le suma que hay medio millar de efectivos que tienen carpeta médica, problemas sicológicos, convalecientes de heridas de bala, que directamente, sin poder trabajar, terminan cobrando menos de la mitad de un policía activo.

Lo sucedido en la provincia del litoral es una alarma para el resto de las fuerzas federales y fundamentalmente para la bonaerense, que luego del conato realizado en Olivos en 2020, que provocó la ruptura entre el entonces presidente Alberto Fernández con Horacio Rodríguez Larreta al armar un nuevo sistema de distribución de la coparticipación para atender los reclamos de La Bonaerense, seis años después muestra los mismos problemas e inequidades.

Maximiliano Pullaro
El ajuste ejecutado por Maximiliano Pullaro resintió a la Policía santafecina

El ajuste ejecutado por Maximiliano Pullaro resintió a la Policía santafecina

La tasa de suicidios de efectivos de seguridad es el doble que la del resto de la población y la Casa Rosada ve frecuentemente cómo efectivos nacionales, tanto Federales como de la Prefectura, se encadenan en sus vallas para reclamar una respuesta que las autoridades no le dan.

El colapso de la asistencia médica para los policías

Además, ninguna obra social da abasto. Los requerimientos son incesantes y ante la angustia económica los reclamos se multiplican y las respuestas se estresan. Esto es lo que está sucediendo desde hace un par de años con la Obra Social y el hospital policial Churruca Visca, donde los familiares, no solo los efectivos heridos en acción, tienen muchísimas demoras, y sus prestaciones y servicios disminuyen o desaparecen, como así también los lugares que aceptan trabajar con descuento como siempre lo venían haciendo.

Mientras se estaba editando esta nota, el Gobierno provincial santafesino convocó a una reunión con los veinte cabecillas del amotinamiento que puso en jaque al jefe policial Luis Maldonado, quien ayer, tras haberse reunido con el ministro de Seguridad, les pidió a los efectivos que volvieran a patrullar pero no sólo los patrulleros se mantuvieron en sus puestos de protesta, sino que, además, en pocos minutos se habían juntado muchos más.

La inseguridad es un problema que atraviesa todo el territorio nacional en donde se combina la crisis económica con el crecimiento de las actividades delictivas como el narcomenudeo, verdadero primer o segundo empleo en bastas zonas, fundamentalmente el Conurbano o territorios fronterizos donde las avionetas pueden aterrizar sin ningún tipo de problemas.

La ruptura del sentido de carrera y el riesgo de un paro federal

Las fuerzas reclutadas para su control, como se observa, están en crisis económica y personal, porque quienes todavía mantienen la vocación terminan en verdaderos padecimientos cotidianos que los marginan del día a día.

Se rompió el sentido de carrera policial. Algunos se incorporaron como un empleo más, sin la vocación, sin la proyección que teníamos los que nos incorporábamos a las policías Federal o provinciales y hacíamos una carrera. No nos amotinábamos por temor a ser despedidos porque nuestro deseo era ser comisarios o Mayor. Eso no existe más", le dijo a MDZ un comisario mayor en estricto off.

Al respecto, un importante intendente del conurbano confesó que “las incorporaciones cada vez son menos porque los requisitos crecieron. Con solo pedir el secundario completo se baja mucho la cantidad de jóvenes que pueden ingresar”.

La crisis de Rosario abrió miles de interrogantes y desnudó algo que estaba escondido. Que ningún problema se resuelve, a pesar que en un momento, hace seis años, se rodeó la residencia presidencial en un reclamo. Esa situación está latente y en la Provincia de Buenos Aires nadie quiere pensar en un nuevo sacudón que replique lo que está viviendo en Santa Fe mientras que la Agrupación Siempre Azules, de la Policía Federal, está alertando en un cese de actividades de los uniformados para mediados de marzo.