La burbuja electoral en medio de la tormenta y el nuevo "cortá boleta"
El Gobierno local sufre en silencio y busca una rara combinación: gozar de los beneficios y evitar las consecuencias de asociarse con Milei.
En las elecciones de la Provincia de Buenos Aires hubo ganadores y perdedores dentro de la política, pero con poco que festejar puertas afuera. El público más ajeno a ese micromundo que veía el show montado en los escenarios de La Libertad Avanza y el peronismo podía sentir desaliento sobre el futuro. De un lado un oficialismo deteriorado, con pocas respuestas y sumando cargas de desilusión para su electorado. Del otro, un sector político victorioso con mucho más aire de reciclaje que de renovación; plagado de dirigentes que fueron parte del fracaso de la gestión anterior y que derivó, justamente, en la selección de Javier Milei como presidente.
Si votar es ante todo un “hecho guiado por las emociones”, como explican los politólogos, las sensaciones hacia octubre podrían estar guiadas más por el desasosiego que por la esperanza. El fracaso electoral del Gobierno nacional en Buenos Aires sacó algunos espejismos relacionados a la idea de inmunidad total de la imagen presidencial.
Como reacción ante el resultado adverso, hubo gestos que parecen más cáscaras que cambios profundos. Es lo que se notó con la convocatoria que hizo el Gobierno nacional a los gobernadores “amigos”, que fue un encuentro vacío y casi burlesco para los pocos mandatarios provinciales que “se la jugaron” por Milei. Entre los invitados estuvo Alfredo Cornejo. En el encuentro les explicaran más de lo mismo: que el Gobierno no cambia, que es importante mantener el equilibrio fiscal y por eso el veto a las leyes que los propios gobernadores impulsaban. Mal favor le hizo el Presidente a sus aliados al juntarlos minutos antes de vetar una norma para repartir recursos federales.
En la reunión estuvo el desgastado ministro de Economía Luis Caputo, que solo considera que con su acto de presencia puede generar buenas noticias. Al otro día la Nación vetó la ley para repartir los ATN (fondos donde Mendoza es una de las más perjudicadas) y también el financiamiento universitario. Cada veto tiene una explicación pero el problema de fondo es otro y curiosamente en el Gobierno local no lo destacan: 2025 es el segundo año sin Presupuesto nacional, medida que le permitió a Milei ejecutar recursos y ajustar con un enorme margen de discrecionalidad. Así como parece una anormalidad que el Congreso “busque gobernar” con leyes que hacen a la ejecución presupuestaria, más anormal es que el Estado no tenga pauta de gastos y plan de gobierno.
La burbuja electoral
En el medio, las noticias económicas no son buenas. La recaudación provincial se estabilizó en “modo crisis”: en el primer semestre de este año hubo un aumento de solo el 2%, que no alcanza ni cerca a cubrir la caída del 10% que se arrastraba. “Durante el primer semestre de 2024, se había observado una caída de 10% respecto al año previo, con lo cual el incremento del corriente año no alcanza a compensar la reducción de 2024”, dice el informe oficial de Hacienda. Incluso los ingresos provinciales cayeron en términos reales y tomando también como base el desastroso 2024. La caída es notable en Ingresos Brutos y se entiende también porque se pinchó la burbuja impositiva que disimulaba los problemas de Mendoza: los bancos dejaron de tributar muchos millones por Ingresos Brutos devengados de los instrumentos financieros relacionados con el tesoro. Hay una “menor percepción de intereses por parte de los establecimientos financieros, vinculada a la disminución de operaciones de crédito con el Banco Central de la República Argentina”, explican en Hacienda.
La realidad se verá tras la burbuja electoral en la que está sumido Mendoza. El Gobierno se atraganta de anuncios, la mayoría de ellos relacionados con las obras y con base en los 1023 millones de dólares del fondo de resarcimiento por los perjuicios de la promoción industrial que sufrió la Provincia y que Alfredo Cornejo ejecuta con “inteligencia política”.
Rutas, trenes, acueductos. Esos fondos rendirán para ejecutar obras y para apuntalar dos campañas electorales. Las legislativas de 2025 con los anuncios y las trascendentales elecciones a gobernador en 2027, cuando esperan que muchas de las obras que hoy se promocionan se inauguren con el candidato o candidata a suceder a Cornejo. Incluso capitalizan anuncios que podrían haber sido un perjuicio en otro contexto, como los “avances” en Potrerillos tres años después de haber concesionado el perilago y con inversiones que serán ejecutadas por subconcesionarios. Como ha pasado en otros casos, las concesiones estatales generan en primera instancia un negocio inmobiliario antes que productivo.
El contexto económico no es el ideal. Algunos anuncios que esperaban para la época también están demorados por la falta de certeza. En agosto debía estar lista la planta piloto de Potasio Río Colorado, proyecto emblemático como eje de la “recuperación” que buscaban. Más allá de la producción testimonial que podría haber este año (aunque aún no se cumple) la clave sigue siendo otra: sin tren o alternativa logística, no hay proyecto sustentable en lo económico. De la misma manera, sin incentivos difícilmente haya proyecto logístico.
El RIGI aparece como una de las alternativas para optar y atraer inversiones. Ese programa es riguroso y no admiten “ideas” sino pautas de inversión concretas. El mismo régimen podría ser el camino para encarar algunas obras de gran envergadura, como la ruta 7. Para ello, incluso, esperan algún tipo de flexibilidad en las reglamentaciones oficiales. Antes, aseguran, debería haber una nueva estabilidad macroeconómica que permita acceso al crédito para potenciales inversores.
Cortá boleta
El estupor invade a los aliados de Mieli. Para conocer el estado real de que pasa no hay que escuchar discursos en actos oficiales, sino lo que ocurre en charlas informales, en asados, reuniones privadas y muchos de los encuentros que se realizan en la residencia oficial del Gobernador, espacio estatal que funciona como un búnker real: no hay registro oficial de visitas, reuniones y encuentros. Lo que ocurre en la Casa Pescarmona, muere allí. Cuentan quienes participan de las charlas reales con el Gobernador y sus máximos referentes que el futuro es incierto, que no hallan una respuesta política sensata en sus socios; que son, como se ha dicho, ininteligibles. Por eso el temor.
Esa tendencia emocional impacta en la extraña estrategia electoral del oficialismo mendocino, un sector político que reniega de sus propias decisiones al punto de competir consigo mismo: los cornejistas “militan” la lista local disociando la elección provincial de la nacional, aunque sean concurrentes y hayan teñido de violeta el histórico color morado de Cornejo. Es el extremo, es una especie de remake del “cortá boleta”, la campaña que impulsó el radicalismo en 2011 para tratar de frenar el “huracán Cristina” y que promovía que los mendocinos voten a Roberto Iglesias como gobernador y a la propia Cristina como presidenta, “cortando” a Ricardo Alfonsín.
Fue la campaña en la que Cornejo dejó pasar a Iglesias hacia el camino de la derrota y comenzó a construir su poder interno en la UCR y estratégico en el territorio y la Legislatura. Los radicales hasta pidieron incluir tijeras en el cuarto oscuro para promover el corte de boleta. En 2025 no hace falta porque habrá competencia electoral frontal: dos urnas y dos boletas distintas.
La diferenciación que hace el cornejismo tiene que ver con el temor a hacerse cargo de las malas consecuencias que puede tener la alianza con La Libertad Avanza. Es esa ambición total de querer gozar de los beneficios, pero no hacerse cargo de las consecuencias.