Kicillof aparece como "el loco malo" del modelo que Javier Milei impone con el apoyo de todo el resto
La razón sin estrategia no vale de nada. Un importante intendente del conurbano le confesó a MDZ que si bien Axel Kicillof es el único que se para frente al gobierno nacional, "lo hace sin estrategia" porque no consigue que sus pares, o la mayoría de ellos, lo tengan como referente.
Gobernadores kirchneristas se juntaron hace dos meses. Después nunca más compartieron un encuentro a pesar de discutirse proyectos claves.
El Peronismo dejó de ser alternativa, se encuentra sin proyecto, sin estrategia y, fundamentalmente, con un público en continua retirada.
Axel Kicillof se muestra como el más firme opositor de cada decisión adoptada por Javier Milei. Pero lo hace solo, sin representar a nadie más que a sí mismo. El resto de los gobernadores, con quienes se reunió en un par de oportunidades en el CFI, no lo acompañan en nada. Ni siquiera los peronistas, que no quieren seguir bajo la pulsera de Cristina Fernández de Kirchner, pero no lo ven a él como un sucesor natural.
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Ni Zamora, Jaldo, ni Jalil, ni Passalacqua, cuatro gobernadores oriundos de la alianza Fuerza Patria generan una estrategia con Kicillof. El viejo sistema del “policía bueno y policía malo” no cuenta. Mucho menos el gobernador bonaerense puede concitar una mínima coincidencia con Pullaro, Frigerio, Llaryora y otros más “dialoguistas”.
Es inconcebible a esta altura de las ciencias políticas que el gobernador, que no tiene otra alternativa que ser candidato presidencial, no encuentre un mecanismo de generación de confianza con el resto de sus pares, la mayoría a tiro de la reelección en sus propias provincias.
La época no es propicia, por la calidad dirigencial, de ninguna estrategia que no sea el sálvese quien pueda. Este mecanismo de defensa y conservación los priva de discutir como corresponde no solo los temas propuestos por el gobierno sino un proyecto integral del país. Sin plata no hay futuro y a lo único que apuestan los gobernadores de “Provincias Unidas” y algunos otros del peronismo es a subsistir hasta que se termine el proyecto de Milei y empezar a ser parte, con su sucesión asegurada, de un nuevo proceso nacional.
Este feudalismo reinante hace posible que en la noche madrugada de hoy se pueda dar media sanción a una reforma laboral que no resuelve ningún problema de los muchos que tienen los actores productivos y los obreros y empleados del país. Ni siquiera los abogados laboralistas que impulsaron los primeros proyectos están de acuerdo con lo que terminaron votando los senadores, que consiguieron, por presión de los jefes provinciales, que no se toquen los impuestos que los afectan directamente como Ganancias.
La oposición no tiene un proyecto nacional porque no hay una fuerza en condiciones de representarlo en la Provincia de Buenos Aires. Los radicales están en desintegración, a manos de un acompañamiento culposo al proyecto libertario. Desde que terminaron siendo furgón de cola en Cambiemos y terminaron fagocitados en la autodestrucción de Juntos por el Cambio, el radicalismo bonaerense desapareció del mapa nacional.
Lo mismo le pasa al PRO, que se quedó con sin dirigentes que trasciendan las vidrieras municipales ya que sus referentes más conocidos prefieren sonreír y someterse a las circunstancias que le brindan la cercanía al poder nacional.
¿Y el peronismo? Lo único que tiene por delante es elegir entre el conservadurismo extremo de reelecciones indefinidas o participar de una PASO que puede ser destructiva. El que pierde queda afuera de todo para siempre.
En la estrategia de supervivencia aparece no solo la concreción de una primaria abierta. También la posible insistencia en el desdoblamiento electoral, sin cambio en el formato de boleta sábana y dejando solo para la elección nacional a la Boleta Única en Papel.
Entre estos análisis siempre se cuela la reelección de los intendentes, potenciadas por los viejos socios legislativos provinciales que conviven desde el Pacto de Olivos hasta hoy, al que se agregaron, vergonzosamente, las nuevas fuerzas cambiemistas.
Kicillof, quien se animó, por primera vez desde que es gobernador, a conducir el partido que lo llevó legalmente al poder, ahora piensa en una interna abierta contra los Kirchner. Estos amenazan con un acuerdo porque sino podrían provocar un cisma que perjudicaría fatalmente las aspiraciones electorales de todo el peronismo. Máximo Kirchner siempre cree que sus ideas son las únicas válidas y que la gente es la equivocada. La amenaza de Juan Grabois trabajando por fuera de Fuerza Patria o como se llame siempre está latente.
Por eso es fundamental que el gobernador, pensando en su propio proyecto, soporte esa presión, pero no lo puede hacer sin estrategia, algo que ahora le empiezan a reclamar los propios aliados que casi lo obligaron a presentarse como “prenda de unidad” en el Partido Justicialista bonaerense.
Ni siquiera la crisis de seguridad que sacude Santa Fe motivó un reclamo conjunto. Maximiliano Pullaro tuvo que casi duplicar el sueldo policial para calmar la furia de sus efectivos policiales. ¿Cuánto faltará para que los federales, bonaerenses y demás miembros de las policías provinciales pidan algo parecido?
Si esto sucediera, ¿Qué respuesta darán? No hay plata, no hay recursos, y todos los ingresos terminan quedando en las arcas nacionales, que discute su distribución casi de manera kirchnerista. Los gobernadores, que toman nota de eso, terminan aceptando la mayoría de los pedidos mileistas pensando que en algún momento tendrán una chance. Dueños de los recursos minerales y energéticos, piensan en salir desde ahí cuando la “lluvia de inversiones llegue”. Todos eligen creer.


