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Javier Milei se tiró sobre la granada

La defensa presidencial de Javier Milei del jefe de Gabinete Manuel Adorni, abrió grietas en el oficialismo y mostró el costo político del escándalo.


Hay momentos en la política donde el problema ya no es el escándalo original, sino la forma en que el poder decide administrarlo. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo con Javier Milei y Manuel Adorni.

Durante décadas, la lógica del presidencialismo argentino fue siempre la misma: cuando aparece una crisis política o un funcionario queda demasiado expuesto, el sistema activa un mecanismo de protección de la figura presidencial. Para eso existe —entre otras cosas— la figura del jefe de Gabinete. Un fusible político. Alguien capaz de absorber el impacto antes de que el cortocircuito llegue al despacho presidencial. Pero en el gobierno libertario sucede algo completamente distinto: hoy el fusible parece ser Javier Milei.

La entrevista que el Presidente concedió la noche del miércoles a Luis Majul y Esteban Trebucq en LN+ dejó una imagen política muy potente. Milei apareció desbordado, irritado, incómodo frente a preguntas que hace apenas unos meses hubieran parecido impensadas en un canal y con periodistas habitualmente amigables con el oficialismo. El dato político no es menor.

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Presidente Javier Milei.

El blindaje mediático empieza a mostrar grietas

El Presidente no solo salió a defender a Manuel Adorni: directamente se puso él mismo al frente del operativo de rescate: se tiró sobre la granada. Ninguna minucia. Javier Milei entendió que debía neutralizar los dichos de la senadora Patricia Bullrich, que horas antes con Eduardo Feimann, había dicho: “Desde mi punto de vista, la presentación tiene que ser de inmediato. Ya está abierta la posibilidad de presentarla. ¿Para qué vas a esperar si la podés presentar ahora? Es bastante fácil hacerla si tenés la del año anterior". Bullrich se desmarcó y el gobierno entró en emergencia. “Ni en pedo se va”, dijo Milei sobre la continuidad de su jefe de Gabinete. ¿Le contestaba a Bullrich o a Trebucq y Majul?

Milei terminó reconociendo al aire que Bullrich le “spoileó” la presentación anticipada de los números de Adorni. En cualquier gobierno verticalista, semejante movimiento interno sería leído como un desafío político directo. Porque Bullrich hizo algo que el mileísmo considera imperdonable: obligó al Presidente a salir a dar explicaciones personales sobre un subordinado pero además atacó a uno de los soldados más fieles de la hermana Karina. El enfrentamiento entre las damas libertarias parece inevitable. Bullrich tiene mucha experiencia en el barro de la política y en el arte de ejercer la traición como construcción de poder. Pero no solo eso también cuenta con un puñado de legisladores que son indispensables para que el gobierno saque las leyes que necesita. Si la hermana Karina quiere deshacerse de Bullrich, no será una tarea fácil. Detrás del “blindaje” presidencial a Adorni empieza a asomar una interna feroz dentro del propio oficialismo.

“Yo no voy a ejecutar en el altar del ego de los periodistas a una persona honesta”, explicó con visible enojo Milei. La frase es reveladora porque para el presidente el principal problema son los periodistas y no las escandalosas inconsistencias patrimoniales de Adorni. Tal vez suceda ahora. Veremos. El presidente necesitó exponerse personalmente para defender a un funcionario que al día de hoy resulta milagroso que siga en el gobierno, discutió con un alto nivel de agresividad con dos periodistas “amigables” con su gobierno poniendo de manifiesto que libra una batalla emocional con el periodismo. ¿A esta altura el problema es Adorni?

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¿A esta altura el problema es Manuel Adorni?

El problema es Javier Milei.

El presidente ensayó una pobre argumentación, intentó reducir todo el escándalo a una operación mediática. Dijo que Matías Tabar, el contratista que refaccionó la casa de Indio Cuá, es “un militante kirchnerista”, para descalificar su testimonio ante en la causa. En primer lugar ello no es así y por los posteos en redes sociales, Tabar está muy lejos de ser un simpatizante K. Pero aun si lo fuera, ello por sí mismo no explica nada en términos legales.

Un dato incómodo para el gobierno es que el gobernador Axel Kicillof echó a Martin Insaurralde, que también fungía como jefe de gabinete, a las pocas horas de conocerse las fotos navegando en Marbella acompañado por la “modelo” Sofía Clerici. Es cierto que los casos son distintos en magnitud y naturaleza, pero la diferencia en la velocidad de reacción política resulta inevitable de comparar. No es lo mismo que Adorni adelante la presentación de su declaración jurada a los dos meses de haber estallado el escándalo, que haberlo hecho, por ejemplo, a los diez días de iniciada la crisis.

En aquella oportunidad Luis Petri, hoy fanático diputado libertario, declaró: "En la misma semana que se conoció el aumento de la pobreza, con casi el 47% de pobres en los partidos del Gran Buenos Aires, Insaurralde en Marbella gastando fortuna en euros. Qué tiene para decir el gobernador Axel Kicillof. ¿Será con el Plan Platita de Sergio Massa?”. Difícil que hoy se atreva a esgrimir un razonamiento parecido.

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Senadora Patricia Bullrich

Milei también minimizó las sospechas sobre las refacciones cuestionadas: “Hablaban de una cascada y eran dos cañitos de agua”. No se sabe en qué se basa el presidente para sustentar esa afirmación, pero la “cascada” surge literalmente de la documentación aportada por Tabar en el expediente. De todos modos, que sea una cascada o “dos cañitos de agua” no cambia las inconsistencias que desde el inicio del escándalo exhibe Adorni en la evolución de su patrimonio. Javier Milei prefiere argumentar nimiedades como si se trataran de cuestiones centrales, algo bastante parecido a lo que hace cuando teoriza sobre economía.

El escándalo Adorni, más allá de su desenlace, a esta altura se convirtió en una verdadera bomba que dinamitó la columna vertebral de la narrativa libertaria. Pulverizó la épica. El relato anticasta funciona mientras los propios no empiecen a parecerse a aquello que prometían combatir. Es el problema cuando se usa la ética y la moral como insumos de gestión. La entrevista también mostró algo más delicado para Milei: su creciente intolerancia a las repreguntas. Cuando Trebucq le recordó inconsistencias en las explicaciones públicas de Adorni sobre sus viajes y patrimonio, el Presidente reaccionó incómodo y cortante:

“Andá y planteáselo a Manuel”

El episodio resulta especialmente significativo porque ocurre justamente en un ecosistema mediático donde Javier Milei suele moverse cómodo. No se trató de un reportaje hostil en un medio “kirchnerista”, se trató de una entrevista en LN+, con dos periodistas que históricamente le ofrecieron escenarios favorables. Y aun así el Presidente perdió la calma, lo que demuestra la gravedad interna de la crisis.

El jueves, el jefe de gabinete Manuel Adorni desembarcó en el streaming de su amigo Alejandro Fantino. La charla, porque no se trató de una entrevista, entre estos dos entrañables amigos se trató casi sobre nada. Si alguien pensó que “Manu” presentaría su declaración jurada en público o al menos diera alguna pista sobre ella se equivocó. Se excusó afirmando que “al estar todo bajo investigación judicial cualquier cosa que yo diga se puede tomar como que tengo intencion de obstruir la justicia. Y no lo voy a hacer…por el cargo que ocupo”. La explicacion no solo es desopilante sino que jurídicamente es incorrecta. Nada le impide a Adorni dar a conocer su declaración juarada como anunció Milei y se lo exigió la senadora Bullrich.

ADORNI y FANTINO

El jueves, el jefe de gabinete Manuel Adorni desembarcó en el streaming de su amigo Alejandro Fantino.

Resulta llamativo que el jefe de gabinete tenga tanto celo en preservar la independencia del Poder Judicial, pero ello no le impidió porponerle al constructor Tabar ponerse en contacto con su abogado antes de que declarara. Todo un republicano intermitente. Por supuesto Fantino no preguntó nada. No estaba en el libreto. La estrategia fue clara, humanizar al villano; una antigua acción de prensa que para amortiguar un escándalo. La maniobra fue obvia: Adorni es un tipo común que lleva a sus hijos al colegio y se “desloma” por el país. Un tipo común. A esta altura la escena es un total dislate.

De todos modos, el todavía jefe de gabinete, no se privó de mandar algunos mensajes encriptados. Acusó de traición a una periodista que conduce un noticiero y reveló que iba a ser parte del pasaje del avión privado con destino a Punta del Este y que iría acompañada por su marido. Muchos sostienen que se trata de Cristina Perez y Luis Petri. Además se definió como “era un pedazo de Milei”. Era cierto: Adorni es Milei. Fantino remataba diciendo que era un “título muy lindo” ¿? Un espctáculo insólito, bizarro y vergonzoso.

Cuando un gobierno necesita transformar cualquier pregunta incómoda en una conspiración periodística, empieza a revelar inseguridad. Cuando todo cuestionamiento es atribuido a “operaciones”, “carpetazos” o “periodistas ensobrados”, lo que aparece no es fortaleza: aparece fragilidad y miedo.

* Martín Pittón, analista político y conductor del podcast Micro Mundos.