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Javier Milei: la escena se reordena, pero el futuro lo definen la economía y la falta de oposición seria

Javier Milei convertirá el paseo de Adorni en Diputados en un relanzamiento. Enfrente tiene opositores sin brújula, consumo en caída y dudas por el futuro.

El presidente argentino, Javier Milei

El presidente argentino, Javier Milei

Gentileza

El Gobierno vuelve esta semana con una decisión política precisa: instalar que con Manuel Adorni no pasó nada. No solo eso. También busca presentar la batalla del jefe de Gabinete en el Congreso como un éxito.

La reapertura de la sala de periodistas de la Casa Rosada forma parte de esa puesta. No se sabe si habrá conferencia de prensa de Adorni. Ese dato, menor en apariencia, revela el punto central: el oficialismo quiere recuperar control de escena, pero todavía mide el costo de cada exposición.

La vuelta posterior al paso por Diputados no es administrativa. Es una señal: la Casa Rosada intenta convertir una instancia parlamentaria en relanzamiento. Vendrá acompañada por un nuevo paquete de leyes que buscará acelerar en el Congreso. Allí aparece el primer límite. La Libertad Avanza puede alegar victoria, pero no está claro que tenga fuerza suficiente para imponer su agenda legislativa.

Esa diferencia importa. Una cosa es evitar una derrota; otra construir mayoría. El oficialismo logró pasar una prueba porque el PRO y la UCR cumplieron el pacto cerrado con Javier Milei: no complicar la presentación de Adorni en el recinto y no colaborar con el kirchnerismo. Fue un auxilio táctico. No equivale a adhesión estratégica. El Gobierno necesita transformar ese auxilio en poder legislativo. Todavía no lo consiguió.

El pacto que ordenó una sesión no ordena el país

El comportamiento del PRO y la UCR muestra que el Congreso no funciona solo por cálculo. Esos bloques no quisieron aparecer asociados al kirchnerismo ni cargar con el costo de una maniobra que fortaleciera a la oposición más dura. Esa decisión le permitió a la Casa Rosada sostener su relato.

manuel adorni en el congreso 0
Manuel Adorni afirma que no piensa renunciar.

Manuel Adorni afirma que no piensa renunciar.

Pero la misma foto expone una fragilidad. El oficialismo depende de pactos puntuales. Depende de que otros sectores evalúen que el costo de enfrentarlo es mayor que el beneficio. Esa regla puede servir para una presentación. No alcanza para una agenda de leyes. Menos aún si el deterioro económico comienza a alterar el humor social.

El Gobierno interpreta la sesión como una demostración de fuerza. Conviene leerla como una demostración de contexto. La oposición llegó débil y desarmada al recinto. No tuvo conducción ni estrategia. Mostró, otra vez, la crisis que atraviesa. Esa es hoy la principal ventaja de Milei. No surge de la consistencia del oficialismo, sino de la ausencia de un reemplazo visible.

El peronismo discute poder mientras pierde centralidad

El peronismo aparece más preocupado por esconder que no puede elegir jefe que por ordenar una alternativa. Cristina Fernández de Kirchner, desde su departamento prisión, intenta mantener el control del PJ o, si no puede, destruirlo. Ese juego no es nuevo en la decadencia de una conducción peronista, casi todos los que estuvieron en ese lugar hicieron lo mismo. Ahora tiene un costo directo: inmoviliza a quienes deberían construir poder territorial con proyección nacional.

Axel Kicillof es quien más sufre esa disputa. Tiene intendentes aliados, pero los gobernadores todavía se hacen los distraídos con él y con Cristina Fernández de Kirchner. Esperan una definición para la que falta mucho tiempo. Esa espera paraliza; nadie quiere romper antes de saber quién paga la factura. Nadie quiere alinearse antes de ver quién retiene capacidad de daño.

Ese vacío ayuda a Milei. El Gobierno enfrenta problemas, pero cuando el ciudadano mira hacia atrás se encuentra con las sombras de cuatro mandatos kirchneristas que no quiere repetir. Al menos eso es lo que piensa hoy un 40 % del país. No ve una alternativa, ve una oposición que no ofrece salida. Esa percepción sostiene una parte del capital político oficial. Es puro juego de comparación.

La CGT mide fuerzas y descubre su límite

La CGT también mostró su lugar en el tablero. Apareció con un acto moderado y con menos público. Usó el recuerdo al Papa Francisco y una protesta contra Javier Milei como herramientas de convocatoria, pero ni así logró una movilización fuerte. Anunció un paro, aunque no dijo cuándo.

Ese silencio pesa más que el anuncio. El sindicalismo sabe que no puede arriesgarse a convocar una protesta si existe la posibilidad de fracaso. Un paro sin potencia dañaría más a la CGT que al Gobierno. Por eso mide y deja la amenaza abierta, pero evita poner fecha.

Hay internas, falta coordinación y un contexto opositor que no logra mostrar una alternativa a Javier Milei. En esas condiciones, la protesta pierde eficacia política. Puede expresar malestar, pero no necesariamente acumula poder. La Casa Rosada lo sabe y por eso tensiona.

El dato que rompe el relato: el bolsillo

Nada de esto significa que todo marche bien en Argentina. El problema central aparece en el bolsillo del argentino medio. Allí el oficialismo enfrenta su límite más concreto. La morosidad en el crédito al consumo subió 9,6 puntos: pasó de 2,5% a 12,1%. Ese dato muestra familias con menos margen, más deuda y mayor dificultad para cumplir compromisos.

El consumo también cae. Según la consultora Scentia, el consumo masivo bajó 5,1% solo en marzo. A la vez, cae la confianza. El índice de la Universidad Di Tella retrocedió 12,1% en marzo, con un coeficiente de 2,02, una baja interanual de 13,2% y cuatro caídas consecutivas: enero, febrero, marzo y abril dentro de una misma secuencia de desgaste.

Esa es la zona de riesgo. El Gobierno puede ordenar una sesión y aprovechar la división opositora. Puede sostener que Adorni salió fortalecido, pero no puede negar que el humor social cambia cuando el consumo se contrae, la mora crece y la confianza cae. La política puede administrar percepciones, pero no reemplazar ingresos.

Inflación y propiedad intelectual: alivios que no resuelven

La Casa Rosada tendrá un dato a favor. La inflación de abril podría quedar bastante por debajo de la de marzo, con un registro cercano al 2,4%, según adelantó la consultora C&T. Ese número le daría aire. En el esquema oficial, la inflación es el indicador que ordena todo. Si baja, el Gobierno puede argumentar que el sacrificio tiene dirección.

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También hubo otra señal favorable: Estados Unidos sacó a la Argentina de la lista negra en propiedad intelectual. El reconocimiento se apoya en avances en protección de patentes y derechos. Deja atrás la Priority Watch List, pero es interesante repasar que el USTR (la Oficina del Representate Comercial de los Estados Unidos) aun pone la lupa en lugares como La Salada y Once, donde se venden productos "truchos" que violan la propiedad intelectual del fabricante o sectores como medicamentos o la piratería digital. Es un mimo de Washington y al mismo tiempo una señal de que no todo esta solucionado.

Son datos útiles para el Gobierno. Pero no compensan por sí solos el deterioro cotidiano. Un alivio inflacionario puede mejorar expectativas. Una mejora en propiedad intelectual puede aportar lectura internacional. Ninguno de esos elementos resuelve la pregunta doméstica más sensible: cuánto aguanta la clase media con menos consumo, más deuda y confianza en baja.

El conflicto con el periodismo y el espejo kirchnerista

Otro frente aparece en los modos. Los gritos e insultos de La Libertad Avanza y del propio Javier Milei contra el periodismo empiezan a cansar. No alcanzan, sin embargo, para hablar de violación institucional ni de censura. El punto no es menor. Los modos del Presidente no parecen republicanos, pero vuelven a chocar con una memoria política pesada: los cuatro mandatos kirchneristas.

En aquellos años hubo formas institucionales, mientras la corrupción y las prácticas de gobierno amañadas dominaban por detrás de las cortinas de palacio. La democracia formal puede servir para cubrir las verdaderas intenciones de los autócratas. La referencia venezolana aparece como advertencia. Ese espejo, que todavía refleja al kirchnerismo, sigue como una fuerza clave para que Milei mantenga intención de voto competitiva.

Pero ese recurso no es infinito. El antikirchnerismo ordena, pero no alimenta. Protege de una parte del rechazo, pero no elimina el desgaste propio. Y ya hay ruidos en la opinión pública.

Imagen en caída y oferta sin renovación

Está claro que Milei no es el mismo que hace un año. Perdió mucho en imagen positiva. Según el informe Latam Pulse Argentina de Atlas Intel y Bloomberg, la aprobación cayó en abril a su nivel más bajo desde que asumió: 35,5% aprueba su gestión y 63% la desaprueba. El respaldo, según ese sondeo, venía de niveles cercanos al 44% hacia fines de 2025.

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Ese dato no derrumba al Gobierno, pero cambia la lectura. Una cosa es gobernar con ajuste y apoyo social alto. Otra es gobernar con ajuste, caída de confianza, consumo en baja y aprobación en retroceso. Allí se achica el margen de error.

Lo curioso y peligroso del informe es que la dirigente con mayor imagen positiva que aparece es Miriam Bregman. Su oferta política repite lo que la izquierda argentina sostiene desde hace décadas y sin efecto práctico ni utilidad alguna. Ese contraste refuerza la tesis principal: el sistema político castiga al Gobierno, pero no produce reemplazo.

La ventaja de Milei también es su límite

El año no es electoral, pero se juega el futuro de la próxima ronda de urnas. Esa es la clave. Milei todavía conserva competitividad porque enfrente hay fragmentación, cálculo y miedo al fracaso. El PRO y la UCR acompañan cuando les conviene. El peronismo no define conducción. La CGT no fija fecha. Cristina Kirchner disputa control. Kicillof espera condiciones. Los gobernadores miran.

Pero el Gobierno también entra en una etapa distinta. Ya no le alcanza con mostrar que la oposición no puede. Necesita probar que su agenda puede ordenar el Congreso y que la economía puede aliviar al argentino medio. La inflación de abril puede darle una tregua y más si la curva de reducción vuelve a los números de hace un año y medio.

La paradoja es nítida. Milei respira por la debilidad ajena, pero se desgasta por los costos propios. Ese equilibrio puede durar, pero también puede quebrarse. El límite no lo pondrá una sesión de Diputados ni una conferencia de prensa en la Casa Rosada. Como siempre, lo pondrá el bolsillo.