Javier Milei festejó con Martín Menem ante un kirchnerismo que deja de ser opción de poder
El presidente de la Nación confía que la mayoría parlamentaria le dará mayor impulso a todos sus proyectos reformistas. El kirchnerismo ingresó en modo resistencia, sin capacidad de conducir una renovación.
Javier Milei festejó con Martín Menem ante un kirchnerismo que deja de ser opción de poder.
Juan Mateo Aberastain/MDZ“Milei tiene todo para tener éxito. Tiene el apoyo norteamericano como jamás nadie se imaginó que iba a tener un presidente argentino y tiene al peronismo entrando en estado de resistencia, sin expectativa de construir una conducción alternativa a Cristina Fernández de Kirchner por mucho tiempo”, se sinceró el afinado analista que cebaba mates mientras se quejaba por la grasa que estaba injiriendo.
De todos los “planetas” que se alinearon tras el triunfo electoral del 26 de octubre, la imposibilidad de regenerar rápidamente en dos años un proyecto de poder por parte del peronismo kirchnerista es el que más tranquiliza las aguas. No solo la de los mercados. “Están en un modo resistencia”.
Mucho de esto se vio ayer en la legislatura bonaerense cuando se votaron las nuevas autoridades. Sinceramente es increíble que en algún lugar de la mente de Axel Kicillof hubiera pasado la idea que podía arrebatarle el manejo de “la casa” al trío compuesto por Máximo Kirchner, Sergio Massa y Martín Insaurralde. La no comprensión de lo que significa ese presupuesto más el que el propio gobernador le facilita a través de Lotería y el IOMA es no dimensionar el orden de prioridades de sus socios.
Esos lugares pasan a ser la “resistencia” desde donde aspiran resucitar políticamente, más unas veinte localidades del Gran Buenos Aires con manejo presupuestario discrecional. Muy poco para un partido político que llegó a ser hegemónico y hoy se deshilacha en todos los frentes. Ni siquiera pueden dominar a sus diputados y senadores que empiezan a ser monotributistas dependientes de los gobernadores que no se pelean con Cristina Kirchner pero no la reconocen como líder.
El kirchnerinismo cristinista es, desde hace tiempo, una expresión oxidada pero dominante en la Tercera Sección electoral. Ni siquiera tiene el manejo de su Santa Cruz natal, provincia a la que Alberto Descalzo, el ex intendente de Ituzaingó, le pidió a Máximo Kirchner que vuela a militar para que abandone la conducción bonaerense.
En este contexto, la duda más grande es la que muestra con su accionar el propio gobierno libertario, vacío de funcionarios en un Estado que necesita de múltiples reformas para empezar a ser viable. “Además, los pocos que hay, no saben ejecutar o piensan que pueden soplar y hacer botellas”, suelta un secretario que vive de sobresalto en sobresalto.
Ahora la discusión se da entre Luis Caputo y Federico Sturzenegger. Pragmático, el ministro de Economía le pide al de Desregulación que no vaya con la motosierra a romper los mínimos acuerdos que se pueden dar en el marco de las reformas laborales e impositivas. “Lo posible es enemigo de lo ideal”, dicen los caputistas mientas que el desregulador pretende ir a “todo o nada”.
Resignado, el reservado hombre de consulta, mientras vuelve a quejarse con la grasa que injiere, dice: “fíjate que Milei es como Néstor Kirchner. Se junta con lo más rancio de la política y los hace operar como si fueran buenos. Total, él maneja con su hermana las cosas importantes y también sufren las consecuencias, como las de Calvete y compañía”.
Exactamente, tanto en las asunciones nacionales como provinciales de los nuevos legisladores se notó esta orfandad política y lo difíciles que son los recambios puros. Si bien es un proyecto en ciernes, aún no nació ninguna flor y tampoco pretenden ayudar a que crezcan los que llegan producto del viento de ocasión. Kirchner y Cristina se van y no pueden dejar a nadie, y cuando Kicillof lo intenta, lo esmerilan y debilitan al extremo.
En su momento, Florencio Randazzo pretendió algún rol independiente. No está más. Daniel Scioli, gobernador reelecto, hoy es libertario.
En el mundo de La Libertad Avanza, Diego Santilli y Patricia Bullrich ya tienen vuelo propio y los demás esperan ser habilitados. Pero figuras como Ramiro Marra, Victoria Villarruel o Diana Mondino sufrieron el destierro mientras los más vehementes libertarios como Diego Valenzuela y Guillermo Montenegro, dos intendentes que se pusieron el buzo violeta hace tiempo, cada vez ven más de cerca sus no deseadas asunciones en el senado bonaerense.