En un relato personal, un dirigente gremial expone las penurias de lidiar con la crisis y las urgencias
Debajo de la cúpula cegetista y de dirigentes que conviven con el poder, cientos de delegados observan con resignación cómo trabajadores y operarios quedan al margen de las decisiones. La crisis industrial del conurbano, en primera persona.
La CGT se reúne con vistas a lo que va a suceder el viernes en el Senado.
CapturaEl dirigente sindical está angustiado. "Todos los días, a cualquier hora, me llaman por alguna urgencia. Desde un mangazo para comprar comida, pagar la luz o llegar a fin de mes. Imaginate si vamos a presionar por salarios si no sabemos cuánto más pueden soportar las empresas", dijo.
Joaquín De la Torre, en una larga charla con MDZ, que se publicará el fin de semana en este medio, confesó que "lamentablemente el Gobierno en lugar de escuchar se pelea con quienes solo dan un punto de vista diferente" y adelantó que en las próximas elecciones tendrá incidencia crucial el tema del empleo.
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Lo que relata el sindicalista, que vive en el mismo barrio que nació hace más de cincuenta años, y que por cuestiones personales nos pidió no revelar su identidad, tiene como correlato una historia de fábrica reflejado en sus manos armadas con callos por quemaduras y lastimaduras.
Lo que más le preocupa al dirigente es "la internalización que tenemos en nuestra sociedad de que todo es discutible y pasible de una queja" y recuerda que "cuando vinieron nuestros primeros inmigrantes, la única idea que tenían era la del progreso. Las nuevas generaciones son de cristal. Tienen de todo, comedores, vestuarios, lugares amigables para trabajar y así y todo se quejan porque creen que los están haciendo hacer algo que no corresponde".
Preocupado por el rumbo económico del país, acepta que su partido, el Justicialista, no estuvo a la altura de las circunstancias en los últimos tiempos y que "siempre usaron a los sindicatos como caja de financiación pero nunca como socio del poder".
"Cuando estábamos proscriptos o éramos oposición, la política nos venía a buscar porque éramos los únicos que teníamos la posibilidad de bancar algo, desde un acto o asistir a un compañero. Pero cuando llegamos al poder, empezaron a olvidarse de nosotros. Éramos la columna vertebral del movimiento. Pero ahora lo somos de un invertebrado", disparó sin anestesia.
Su impotencia tiene que ver conque "hay muchísimos dirigentes de base que vemos y hablamos de todo lo que nos está pasando pero nuestros legisladores y nuestro partido no hizo nada". La reflexión llegó luego de la pregunta de este periodista que, mate de por medio, le consultó por qué motivo el peronismo, líder en las ideas pro-trabajador, no hizo nada para cambiar antes leyes que ahora aparecen casi salvajes.
Su región se vio azotada por la abrupta baja de la actividad comercial y productiva. "Si bien la situación viene de arrastre, en los últimos tiempos el problema se transformó dramáticamente. Hasta el año pasado la preocupación era solamente salarial, ahora es directamente por la mantención del empleo. La gente tiene miedo de quedar sin trabajo, y por eso empieza a aceptar vacaciones anticipadas, o prefiere cobrar parcialmente todo el mes. Nadie quiere quedarse afuera del sistema porque no sabe cuándo puede volver a subirse al tren de la actividad formal".
El "hedor a desempleo" está penetrando en esta región del Gran Buenos Aires, hoy casi desértica de camiones, camionetas y furgonetas, que antiguamente atestaban las siempre poceadas y abandonadas arterias bonaerense. Distancias que en épocas de actividad normal demoran 45 minutos mínimo hoy se pueden hacer por poco más de la mitad de ese tiempo. Solo las dos autopistas, la Norte y la del Oeste, muestran un volumen importante y grandes demoras en cualquier horario.
"El corredor norte fue beneficiada por la autopista. Fijate que los distritos pegados a la panamericana crecieron en población y radicación de empresas", le dijo, días atrás, un mega constructor que participa de varios diseños de las "nuevas ciudades" abiertas por Tigre, Pilar, Escobar y Zárate.
Pero ahí también es donde se siente cada vez más el pesar de las actividades industriales. FATE, en San Fernando, Whirpool, en Pilar o Georgalos, en Victoria, marcan a las claras las catastróficas cifras que nadie puede esconder ni tampoco paliar.
