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En crisis: los malabares de los municipios mendocinos para conseguir plata

Los municipios recortan gastos y crean tasas para poder conseguir plata, en medio de una crisis que los afecta.

Los malabares de los municipios mendocinos para buscar plata. Foto: Shutterstock

Los malabares de los municipios mendocinos para buscar plata. Foto: Shutterstock

Con menos plata que llega desde Nación y una recaudación propia que también se deteriora, los municipios mendocinos empezaron a mirar todos los rincones de sus cuentas. Aumentos de tasas, actualización de unidades tributarias, moratorias, nuevos mecanismos de cobro, controles sobre contribuyentes y hasta la incorporación de monotributistas al esquema de tasas municipales forman parte de una misma estrategia: conseguir recursos para sostener los servicios, los salarios y las obras. Mientras tanto, algunas intendencias congelaron los sueldos de sus funcionarios y otras directamente acudieron a la Provincia para pedir adelantos de coparticipación.

Hay una imagen que resume el momento que atraviesan las intendencias de Mendoza: los intendentes están buscando plata debajo de las piedras.

No es una cuestión exclusiva de un color político ni de una comuna determinada. Los 18 municipios reciben el impacto de una menor transferencia de recursos y, al mismo tiempo, enfrentan un problema propio: cada vez más vecinos y comerciantes tienen dificultades para pagar las tasas municipales.

El resultado es una combinación que obliga a las administraciones locales a ajustar por un lado y a buscar nuevos ingresos por el otro.

En el primer semestre de 2026, la recaudación total de Mendoza cayó 2,2% en términos reales respecto del mismo período del año pasado. La baja se sintió especialmente en los recursos de origen nacional y terminó impactando en la cadena de distribución que llega hasta las comunas.

Y los números empiezan a mostrar la tensión.

¿De dónde sacan plata los municipios?

La primera fuente es la coparticipación. Los municipios mendocinos reciben una porción de los recursos que recauda la Provincia y de fondos provenientes de Nación. El régimen de coparticipación provincial distribuye la masa de recursos entre los 18 departamentos utilizando distintos criterios: un 25% en partes iguales, un 65% de acuerdo con la población y un 10% mediante el coeficiente de equilibrio del desarrollo regional.

También llegan recursos nacionales y regalías, principalmente vinculadas con actividades hidrocarburíferas y energéticas. Por eso, cuando cae la recaudación nacional o provincial, el problema termina llegando a los municipios.

Y llegó. En julio, por ejemplo, la Provincia transfirió más de $44.600 millones a las comunas en concepto de coparticipación correspondiente a la segunda quincena de junio, además de otros $4.396 millones destinados al financiamiento educativo.

Pero ese flujo ya no alcanza para despejar las preocupaciones.De hecho, durante el primer semestre cinco municipios habían acudido a la Provincia para solicitar adelantos de coparticipación: Capital, Santa Rosa, General Alvear, Malargüe y Las Heras.

En el caso de Las Heras, la situación llegó al punto de que la Provincia autorizó un anticipo de $1.500 millones, que la comuna deberá devolver mediante descuentos sobre la coparticipación de los meses siguientes.

Es decir: no se trata de plata extra que aparece mágicamente. Es plata que el municipio recibirá antes y después deberá devolver.

La otra caja de los municipios: las tasas municipales

La segunda gran fuente de recursos son los ingresos propios. Ahí aparecen las tasas por servicios a la propiedad, derechos de comercio, habilitaciones, multas, derechos de construcción, tasas vinculadas al tránsito y otra larga lista de tributos municipales.

Es allí donde los intendentes comenzaron a buscar margen. En el Gran Mendoza, durante 2026 la mayoría de las comunas aumentó sus tasas.

Maipú aplicó un incremento del 27% en abril. Las Heras aumentó un 10% la facturación de mayo. Capital actualizó en julio la tasa de Servicios a la Propiedad Raíz en un 8,7%. Godoy Cruz también aplicó actualizaciones previstas en su ordenanza tarifaria, mientras que Luján de Cuyo avanzó con un incremento más acotado. Guaymallén, en cambio, decidió no aplicar nuevos aumentos durante el segundo semestre.

El problema es que subir la tasa no garantiza recaudar más. Y ahí aparece la paradoja.

Municipios del Gran Mendoza consultados confiensan que tienen entre el 20 y 30% de cumplimiento en el pago de tasas. Es decir, el municipio puede aumentar la boleta, pero si la gente deja de pagar, el aumento termina teniendo un efecto limitado sobre la caja.

Las Heras y el caso que encendió la polémica por la plata

El ejemplo más evidente de esta búsqueda de recursos es Las Heras.La comuna de Francisco Lo Presti fue la primera de Mendoza en incorporar la Tasa de Comercio al Monotributo Unificado, mediante un convenio con ATM y ARCA.

La idea era sencilla: aprovechar un sistema ya existente para incorporar el cobro municipal dentro de la misma boleta que pagan los monotributistas.

El problema apareció cuando cientos de personas comenzaron a recibir el cobro de Derecho de Comercio aunque no desarrollaran una actividad comercial en Las Heras.

Profesionales, abogados, contadores y prestadores de servicios que tenían domicilio fiscal en el departamento se encontraron con una tasa que en algunos casos superaba los $15.000.

La propia Municipalidad reconoció las inconsistencias y posteriormente informó un mecanismo para solicitar la baja y el reintegro de los importes cobrados indebidamente.

El episodio dejó expuesta una cuestión mucho más profunda que un error administrativo: los municipios están ampliando la búsqueda de contribuyentes porque necesitan que cada vez más actividades aporten a la caja municipal.

Luján y una nueva forma de buscar plata

En este escenario también aparece el caso de Luján de Cuyo y su nuevo Régimen de Instrumentos de Economía Urbana.

La lógica es diferente a la de aumentar una tasa tradicional. El municipio busca utilizar la valorización que generan determinadas decisiones urbanísticas, cambios de uso del suelo, obras y aprovechamientos del patrimonio municipal para generar recursos que puedan volver al territorio en forma de infraestructura y servicios.

Es, en definitiva, otra forma de mirar la misma pregunta que hoy atraviesa a todas las comunas: ¿cómo financiar obras y servicios cuando los recursos corrientes ya no alcanzan?

La respuesta empieza a desplazarse desde el simple cobro de tasas hacia mecanismos que permitan capturar parte de la valorización que produce el propio desarrollo urbano.

Congelar sueldos de funcionarios mendocinos

La otra cara de esta historia es el gasto. Si los municipios tienen menos ingresos, hay dos caminos: recaudar más o gastar menos. Y algunos intendentes empezaron a hacer ambas cosas.

La Ciudad de Mendoza fue la primera en congelar los salarios de sus funcionarios políticos durante seis meses, desde el 1 de julio. El Decreto 533 alcanzó a las autoridades superiores y personal extraescalafonario del Ejecutivo y a funcionarios de los juzgados administrativos de tránsito.

La medida alcanzó a 116 funcionarios, 86 del Departamento Ejecutivo y 30 del Concejo Deliberante, según los datos difundidos al anunciar la decisión.

Después se sumó Maipú. El intendente Matías Stevanato congeló los salarios de los funcionarios políticos y anunció, además, una reducción del 20% en los gastos corrientes. La comuna también había reducido un 20% los cargos políticos.

Y luego llegó Santa Rosa. La jefa comunal Flor Destéfanis dispuso que los funcionarios del Ejecutivo municipal mantengan congelados sus salarios hasta diciembre, argumentando la caída de los recursos coparticipables y la necesidad de preservar el equilibrio financiero.

Más recientemente se sumó General Alvear, con un congelamiento de los sueldos de funcionarios acompañado por restricciones en pauta, ayudas económicas, horas extras y grandes eventos.

Así, el mapa del ajuste político quedó integrado al menos por Ciudad de Mendoza, Maipú, Santa Rosa y General Alvear.

No es un dato menor. Porque mientras algunas comunas buscan cobrarle más al vecino, también empiezan a enviar una señal hacia adentro: la clase política municipal también tiene que poner algo de su parte.

Los números muestran por qué la desesperación.