El conurbano no necesita más planes: necesita una revolución de integración
Existe la creencia que en el conurbano de Buenos Aires "nada se puede resolver". Esto no es verdad. Qué le hace falta a una zona clave de Argentina.
El conurbano necesita un cambio, según García Moritán
Durante décadas nos hicieron creer que el conurbano era un problema imposible de resolver. Que la pobreza estructural, las villas, la inseguridad y la falta de oportunidades eran una especie de paisaje permanente de la Argentina.
No es cierto.
El problema no es el conurbano. El problema es el modelo político que decidió beneficiarse y administrar pobreza en lugar de terminar con ella.
Las propuestas son siempre más subsidios, más planes, más asistencia y más burocracia. Y el resultado, después de décadas, está a la vista: millones de personas atrapadas en la informalidad, barrios sin infraestructura, escuelas que no quieren romper el círculo de la dependencia, economías dominadas por el narcotráfico y un Estado que gasta cada vez más para obtener cada vez peores resultados.
Hay que cambiar completamente la lógica.
No se trata de hacer mejores villas. Se trata de que dejen de existir.
La pobreza no se combate administrándola, y una sociedad sana no puede aceptar que generaciones enteras nazcan y mueran en barrios donde el Estado sólo aparece para repartir asistencia.
La verdadera inclusión comienza cuando una familia puede ser propietaria, trabajar en blanco, acceder al crédito, abrir un comercio, pagar impuestos y construir patrimonio para sus hijos.
La dignidad no nace de depender del Estado. Nace de poder progresar.
El sector privado puede resolver un problema que el Estado nunca pudo
La mayor equivocación de la política fue creer que sólo el Estado podía urbanizar.
Es exactamente al revés.
El Estado debe fijar reglas claras, garantizar la seguridad jurídica y convocar al capital privado para invertir donde hoy sólo existe abandono.
Grandes desarrolladores inmobiliarios pueden construir nuevos barrios integrados a cambio de obtener rentabilidad sobre parte de los terrenos. y así, todos ganan:
- Las familias acceden a viviendas dignas.
- Los desarrolladores obtienen un negocio rentable.
- Los municipios amplían su base tributaria.
- Y los contribuyentes dejan de financiar un modelo que consume recursos sin resolver el problema.
No cuesta más impuestos. Cuesta cambiar de paradigma—ironía aparte, ya que los asentamientos son de privados: solo que sin recursos ni coordinación.
Propiedad en lugar de dependencia, sin regalar viviendas. Nada es gratis.
Creemos en ayudar a que miles de familias puedan comprar su propiedad mediante créditos accesibles y cuotas compatibles con sus ingresos.
La diferencia es enorme.
Quien recibe un regalo sigue dependiendo.
Quien compra su casa construye patrimonio, cuida su barrio y piensa en el largo plazo.
La propiedad cambia la conducta porque cambia los incentivos.
Es importante reeducar a nuestra sociedad, nada es gratis, todo lo que gasta el estado sale de la espalda de cada trabajador.
Integrar significa mezclar, no aislar.
Las políticas de las últimas décadas consolidaron guetos urbanos.
Barrios separados del resto de la ciudad.
Economías separadas.
Escuelas separadas.
Oportunidades separadas.
Eso profundiza la exclusión.
La integración urbana debe mezclar viviendas sociales con desarrollos de clase media, comercios, espacios públicos, transporte, educación y empleo.
No queremos barrios para pobres.
Queremos barrios donde ya no importe quién era pobre.
Tolerancia cero a nuevas tomas
La integración también exige reglas claras.
Toda nueva ocupación ilegal debe ser desalojada inmediatamente.
No por falta de sensibilidad.
Sino porque permitir nuevas usurpaciones significa condenar a las próximas generaciones a repetir el mismo problema.
La propiedad privada debe ser inviolable.
Sin seguridad jurídica no existe inversión.
Y sin inversión nunca habrá desarrollo.
La seguridad es el primer derecho social
No existe inclusión donde manda el narcotráfico.
Las organizaciones criminales ocupan el vacío que deja el Estado. Por eso recuperar el territorio debe ser una prioridad absoluta.
Más presencia policial.
Investigación criminal.
Inteligencia contra las bandas.
Recuperación del espacio público.
Y una Justicia que actúe con rapidez.
La gente honesta merece vivir sin miedo.
Educación para salir de la pobreza, no para condescender con ella.
La verdadera política social es una buena educación con exigencia.
Tecnología.
Inglés.
Oficios.
Programación.
Formación para el trabajo.
Los chicos del conurbano no necesitan que les bajemos la vara.
Necesitan las mismas oportunidades que cualquier otro argentino.
Formalizar la economía popular.
Miles de emprendedores trabajan todos los días en la informalidad.
No necesitan más inspectores.
Necesitan menos impuestos, menos burocracia y acceso al crédito.
Abrir un comercio debería ser simple.
Contratar un empleado debería dejar de ser un riesgo.
El Estado debe dejar de perseguir al que produce. Resolver el conurbano no requiere más discursos. Requiere abandonar el modelo que convirtió la pobreza en un negocio político.
Hay que reemplazar la cultura de la dependencia por la cultura del mérito.
La administración de la pobreza por la movilidad social.
El asistencialismo permanente por la propiedad.
La burocracia por la inversión.
Y el clientelismo por la libertad.
Porque el conurbano no está condenado.
Está esperando que aparezca una dirigencia que deje de administrar el problema y se anime, de una vez por todas, a terminar con la pobreza.