El 2027 redefine los límites de la mesa política ante un Milei más volcánico
Todo se acelera. El acuerdo entre LLA y el PRO por ahora parece imprescindible para ambos. El gobierno se mete en la campaña y vuelve a mostrar un pragmatismo extremo. El problema de Caputo y la "justicia social".
Karina Milei y Diego Santilli en el Congreso
ReutersJavier Milei tiene una certeza antes de iniciar la campaña formal por su reelección: necesita al PRO. No sólo para cerrar listas. También para garantizar gobernabilidad en el Congreso durante todo el año que queda por delante.
Ese dato ordena el escenario político. La segunda reunión de La Libertad Avanza con el PRO de la semana pasada no tuvo como novedad la foto con Diego Santilli a la cabeza. Lo importante fue la definición que quedó después del encuentro: por ahora, existe intención de no romper.
Es un primer sí para Milei. Pero está lejos de despejar todos los no.
El oficialismo necesita cerrar un frente de campaña mientras la oposición todavía no encuentra una propuesta capaz de competirle. Esa ventaja existe. El problema es que una elección presidencial no depende sólo del orden de las alianzas. También se define por las condiciones económicas con las que la sociedad llega a votar.
Adentro de La Libertad Avanza tampoco aparecen demasiadas soluciones. Karina Milei sigue al comando de toda la estrategia, pero ahora en medio de una división que parece mas evidente. El vocero presidencial Adrián Ravier, tuvo que desmentirse a si mismo sobre el cambio de rol de estratega de Santiago Caputo a Santiago Oría, el jefe de la imagen presidencial. No es un tema menor, sino la punta del iceberg mas complicado que tiene la estrategia electoral de los libertarios.
El Milei duro y el Milei pragmático
El Presidente mantiene el estilo que consolida a los sectores más duros de La Libertad Avanza. La última semana volvió a insultar a periodistas y opositores. En su exposición en la escuela ORT llegó a incentivar que los estudiantes elevaran sus abucheos contra la prensa. Padres y docentes todavía discuten el episodio. En algunos casos reclaman sanciones.
No parece haber una intención de modificar esa conducta, pero, al mismo tiempo, aparece otro Milei. Es el que acepta decisiones económicas y políticas que muestran un pragmatismo cada vez más visible.
Mientras sostiene la línea dura hacia adentro de La Libertad Avanza, el equipo económico habilitó un piso salarial mínimo de $1.070.000 para las negociaciones entre sindicatos y empresas.
La medida no afecta de la misma forma a todos. Las grandes empresas, en especial petróleo, minería y sector financiero, ya tienen pisos salariales por encima de ese límite. El pedido está dirigido a sectores y gremios más chicos. Precisamente, los que están en la curva negativa de la actividad.
Ahí aparece uno de los problemas que puede definir el recorrido hacia 2027. El Gobierno necesita sostener su identidad política, pero también necesita que la economía real no se convierta en un límite para su proyecto electoral.
Tasas, dólar y crédito: señales antes que resultados
La misma lógica aparece en las decisiones financieras. El Gobierno apuró una baja de tasas y dejó correr el dólar para reducir presión. También incentivó a los bancos a fondearse a largo plazo en el ANSES para reactivar los préstamos hipotecarios. Por ahora, esa decisión vale más como señal que por su efecto inmediato.
Pero también allí apareció la política: la Legislatura porteña, por pedido de Jorge Macri, aprobó ampliar el porcentaje de dividendos del Banco Ciudad destinado a préstamos hipotecarios. Esa decisión ya está en vigencia.
El dato conecta dos necesidades del oficialismo. Por un lado, reconstruir una oferta de crédito que pueda exhibirse como parte de una mejora económica. Por otro, mantener abierta la coordinación política con el PRO.
El problema vuelve a estar en los ingresos.
Para que el crédito hipotecario se multiplique no alcanza con aumentar la oferta. También hacen falta salarios que permitan pagar las cuotas dentro de las relaciones entre ingreso y cuota que fija el Banco Central.
Con los valores del metro cuadrado en Argentina, ese horizonte todavía queda lejos para muchos candidatos a tomar un préstamo. Ese límite importa más que el anuncio.
También resulta difícil separar estas decisiones del cambio de lenguaje dentro del propio Gobierno. Luis Caputo presentó la medida hipotecaria como una herramienta de “justicia social”. El término choca con el discurso habitual de Milei y hasta significó un dolor de cabeza para, por lejos, el ministro más importante del gabinete presidencial.
No es un detalle semántico. Es otra muestra del pragmatismo que empieza a convivir con la identidad política que el Presidente conserva para su base.
El dato que puede complicar la campaña
La economía crece, pero menos de lo esperado. A comienzos de año las consultoras proyectaban una expansión del PBI de 3,5% para 2026. Ahora la estimación cayó a 2,7% y existe la posibilidad de nuevos ajustes a la baja.
Ese es uno de los no que Milei todavía no puede despejar. Si la curva no cambia, las condiciones económicas de la campaña serán más difíciles. El oficialismo puede resolver acuerdos con el PRO. Puede negociar con gobernadores. Puede ordenar el Congreso. Pero ninguno de esos movimientos reemplaza el comportamiento de la actividad.
La inflación parece bajar. Sin embargo, los argentinos siguen comprando dólares. En julio las personas humanas adquirieron USD 4.124 millones.
Parte de esa demanda tuvo explicaciones puntuales. Los viajes al Mundial de Estados Unidos y las vacaciones de invierno aceleraron las compras. Pero USD 2.916 millones fueron adquiridos como resguardo. De ese monto, USD 1.000 millones quedaron en los bancos.
Ese número introduce otra señal. La baja de la inflación no elimina la búsqueda de cobertura. Y la incertidumbre vuelve a aparecer justo cuando el propio Gobierno lanzó con mucha anticipación la carrera electoral.
Ese desfasaje puede transformarse en un problema. Una campaña demasiado larga obliga a sostener durante más tiempo expectativas políticas y económicas. El oficialismo ya empezó a jugar su elección cuando todavía tiene por delante buena parte del recorrido económico que determinará las condiciones de esa elección.
Petróleo: el otro lado de la economía
No todos los datos presionan en la misma dirección. Julio dejó un récord para el petróleo argentino, con una producción de 916.200 barriles diarios. El aumento fue de 17,2% contra julio de 2025.
Vaca Muerta registró un alza interanual de 26,4% y concentró 70% de la producción total del país. Entre enero y julio de 2026, las exportaciones alcanzaron USD 5.722 millones. Fue 59,2% más que en el mismo período de 2025.
Es uno de los sí que el Gobierno puede mostrar. Pero también confirma la diferencia entre sectores.
Petróleo, minería y finanzas tienen niveles salariales que superan el piso habilitado por el Gobierno. Los sectores chicos, en cambio, reciben el pedido de recomponer ingresos mientras atraviesan la curva negativa de la actividad.
La discusión electoral pasa por esa distancia. No alcanza con que una parte de la economía marque récords si otra parte llega con dificultades para sostener actividad, salarios o acceso al crédito.
La oposición todavía no resuelve su propio problema
El segundo factor que favorece hoy a Milei está enfrente. En el peronismo falta ordenar casi todo.
Axel Kicillof tiene por delante la relación con los intendentes. También deberá resolver su vínculo con La Cámpora, Cristina Kirchner y Sergio Massa. Este último volvió a mostrar en los últimos días sus aspiraciones de protagonismo electoral.
Para La Libertad Avanza, Kicillof sería el contrincante ideal, pero todavía falta saber cómo termina ese proceso. La falta de una propuesta opositora ordenada le concede tiempo al Gobierno. No significa que le entregue la elección.
El tercer sostén de Milei aparece en los gobernadores. Las provincias le dieron más de un alivio en los últimos días. La relación con la Casa Rosada parece sostener canales de negociación. En Diputados, la reforma del BCRA y la Ley de Inocencia Fiscal mostraron un nivel de acuerdo que el oficialismo necesita conservar.
Todo tiene un precio. Por ahora, ese precio no parece representar un problema para la Casa Rosada, aunque todavía no hay vía libre para nadie hacia el 2027.