Detrás de la euforia legislativa, se demoran los resultados en sectores clave
El Gobierno logró un shock de cambios para impulsar la minería y el petróleo. Pero los resultados no son inmediatos. El antecedente en Vaca Muerta y la expectativa por San Jorge.
Hay pocos antecedentes del impacto legislativo que logró el Gobierno la semana pasada. En una sesión de pocas horas, se aprobaron en la Cámara de Diputados 4 proyectos relevantes para el nuevo enfoque productivo que Alfredo Cornejo busca darle a la provincia: Resarcimiento Ambiental, Regalías Mineras, 27 proyectos de exploración para buscar cobre y la DIA de San Jorge. Lo relevante en cuanto a tiempos no está en el trámite legislativo, sino en el recorrido ocurrido en los dos últimos años para reimpulsar la política de explotación de los recursos naturales no renovables.
El caso de San Jorge es emblemático porque en menos de un año un proyecto minero que había sido descartado fue presentado, evaluado y aprobado. La aceleración política le ganó la carrera a la capacidad de respuesta de la propia empresa y la demanda de información de varios organismos, como el Departamento General de Irrigación. La minería era un tema que atravesaba a los partidos políticos y donde solían “regionalizarse” los votos. Ahora hubo decisiones de bloque con contradicciones curiosas. Desde el PJ argumentaron a favor de esa actividad con más énfasis que el propio oficialismo, proponiendo modificaciones a la ley 7722. Pero votaron en contra. Y algunos de los abanderados del rechazo fueron perjudicados por el mal antecedente electoral que les genera menor permeabilidad. “Mientras el abanderado de la antiminería sea Ramón, estamos bien”, se ufanaban en el oficialismo.
En pocos días San Jorge tendrá el aval político que se le había negado en 2011 y el Estado tendrá en sus manos la mayor responsabilidad: poder controlar un proyecto minero con rigor. Allí hay una clave. No se trata del control de una mina en producción, sino mucho más. Es que esos controles comienzan desde que la DIA fue emitida, ya que se incluye una larga lista de pendientes que se deben cumplir. Y se excede lo ambiental, pues hay compromisos de inversión y transparencia relevantes. “No hay margen para fallar y no se va a permitir ninguna digresión”, repiten en el Gobierno, pues toman a ese plan como mascarón de proa.
Prudencia
Lejos de la euforia legislativa, hay antecedentes recientes para ser prudentes respecto a los resultados esperados tras el shock de modificaciones legislativas. El propio Alfredo Cornejo hizo algo similar durante su primera gestión como gobernador para intentar impulsar la exploración de petróleo no convencional. Impulsó, por ejemplo, la primera reglamentación del fracking, que tiene características normativas más modernas que en otros sitios. Ocurrió cuando la empresa El Trébol ejecutó el primer proyecto piloto y el Gobierno accionó de manera particular: dejó hacer y luego reglamentó. Esa experiencia fue un ejemplo que demostró que no alcanza con las intenciones ni las “buenas normas”. La empresa El Trébol desestimó la inversión prometida y no hubo más inversión real en la lengua mendocina de Vaca Muerta. Las empresas habían posado su atención y su billetera en Neuquén e YPF, de quien dependía la industria en Mendoza, ya tenía señales de abandono. Y en esos años se notaban las carencias mendocinas en infraestructura y se cosechaba la mala siembra del pasado.
Hoy, por ejemplo, Mendoza terminará el año sin inversión nueva en Vaca Muerta, realidad que podría repetirse el año que viene. Para revertir esa situación en el Gobierno presionan para que YPF adelante las inversiones comprometidas y ejecute la exploración no convencional planificada antes del 2028; plazo máximo del contrato. Un poco más allá de la ansiedad que puede generar el mal presente de la industria del petróleo en Mendoza, antes de 2028 debería haber dos yacimientos con actividad en la lengua mendocina de Vaca Muerta y se puede sumar un tercero si la empresa Tango avanza.
En paralelo, Mendoza espera su turno para ver si puede aprovechar la ventana de oportunidad que se abriría con la quita de retenciones a la exportación de petróleo. La Provincia no tiene posibilidad de exportar porque la infraestructura tiene a la Provincia como destino del petróleo al poseer la segunda refinería más grande del país. Tampoco le “sobra” volumen. Sí puede ser un incentivo para aumentar la producción de las áreas maduras que ahora están en manos de otras empresas. Para lograrlo también harían falta algunos gestos de la Nación para facilitar las transferencias “no físicas” de petróleo o que la ecuación económica sea tan favorable que permita transportar el petróleo en camiones. Mendoza hizo los deberes que cree convenientes al promocionar una rebaja de regalías y hasta la posibilidad de llevarlas a cero para incentivar la inversión.
El mismo problema de “ejecución” ocurrió con el proyecto Potasio Río Colorado. El Estado hizo los deberes, le cedió todo a Minera Aguilar por el testimonial precio de un dólar y el propio estado asumió costos de obras de infraestructura básica para garantizar disponibilidad de energía y acceso al yacimiento. Pero Minera Aguilar no cumplió la inversión prometida y habrá renegociación del contrato. Este año vencen algunas de las cláusulas de confidencialidad que tenía el acuerdo original entre Vale y el Estado, que también fueron trasladadas al nuevo dueño.
Mendoza prepara el escenario, acomoda las reglas y desborda de optimismo retórico. Pero en el mismo sentido se inquieta por el temor a que la expectativa no se condiga con la realidad; como una fiesta en la que faltan los invitados. Es lo que pasa con parte del sistema productivo de la Provincia que comienza a tener un giro de enfoque, acomodado a la impronta nacional impulsada por Javier Milei y también con los recursos potencialmente disponibles: minería y petróleo.
Eso ocurre en un momento complejo para la economía local. Tres de las principales industrias están en crisis: la vitivinicultura, el turismo y la metalmecánica. Aquella imagen que construyó Cornejo en la Legislatura con una roca que contenía cobre y una botella de vino para sugerir que ambas industrias podrían convivir (cobre y vino) entró en tensión, pero no por motivos ambientales sino económicos.