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Desechos que brotan a pesar de los olvidos de Cornejo, palabras que dañan y una revolución necesaria

El mensaje oficial de Alfredo Cornejo tuvo una hipérbole sobre sí mismo y obvió la realidad de Mendoza. La peligrosa violencia discursiva de Milei y una "revolución" necesaria.


Los vecinos de Corralitos, en Guaymallén, y del sur de Lavalle pueden obviar los libros en los que se explica lo que es la retórica. Ellos huelen, tocan y sienten lo que Mendoza descarta y sufren la mierda que brota desde el subsuelo. Sí; no hay una palabra que pueda describir el sufrimiento de convivir con el desecho de las cloacas sin caer en el mismo eufemismo en el que Mendoza redunda desde hace décadas y que se empecina en sostener. La provincia sigue mirándose en un añejo espejo que refleja imágenes en sepia y se enorgullece de las miradas externas que dicen que “Mendoza está de moda”; mientras del subsuelo brotan aguas oscuras.

Se cumple un año desde la explosión de las cloacas de Mendoza que contaminaron parte del cinturón verde de Mendoza y dejaron sin poder producir a cultivadores del noreste mendocino.. Hace un año comenzó a arrojar líquidos cloacales a canales abiertos por los desbordes y lo sigue haciendo ahora sin autorización. El argumento sobre la imposibilidad de solución por el colapso y porque no se pueden “tapar las cloacas” tendría algo de sentido si no se supiera la historia reciente. AYSAM es la empresa estatal que tiene el sistema de agua y cloacas de casi todo Mendoza. Desde 2010 es estatal, la tarifa sube sin techo, el Estado aporta para obras y los usuarios pagan sobretasa para el mismo fin. El colapso de la infraestructura básica de la provincia es un problema altamente diagnosticado incluso antes de la estatización.

Contaminación En El Canal Pescara

En ese conflicto ambiental si hay otras metáforas políticas: dos organismos estatales (AYSAM e Irrigación) que tributan al mismo jefe discuten puertas adentro y no solucionan; mientras que dos organismos estatales discuten, la justicia acumula denuncias pruebas y testimonios, pero no imputa, acusa ni toma medidas sobre los funcionarios y responsables de esa contaminación y el oficialismo opta por una estrategia antigua: creer que lo que no se dice, no existe.

Es la misma estrategia discursiva que el propio Gobernador Alfredo Cornejo empleó en su discurso anual ante la Asamblea Legislativa, donde obvió describir los problemas reales de la Provincia. Lo que no se dice no existe para las redes sociales, los discursos y las complacientes miradas del equipo que rodea al poderoso mandatario mendocino. Pero sí es tangible en la realidad. No es muy profundo analizar un discurso contando nominalmente las palabras, pero en el Caso de Cornejo es curioso que en su larga alocución haya nombrado solo una vez a la “vitivinicultura”; nunca la palabra “acuerdo”, una sola vez a los “intendentes” y solo para saludarlos. Como lo que no se dice no existe, tampoco mencionó la crisis productiva que vive Mendoza aunque sí lo sugirió: si no hay un nuevo enfoque “no hay esperanza”, dijo. La convocatoria hacia una nueva "fase" parecen estar incluidos solo los propios. Una nueva fase del cornejismo, quizá. Fuera de lo político ese mapa presenta a la minería casi como única opción, teniendo en cuenta que es una alternativa complementaria a otras industrias necesarias y de lenta resolución, el proyecto oficialista parece carecer de creatividad productiva.

Asamblea legislativas Alfredo Cornejo 64

En su discurso hubo una hipertrofia sobre sí mismo y sus gobiernos. Todo lo bueno le corresponde y casi todo lo que hizo fue bueno. El texto de Cornejo no pasa ningún filtro ni cruce de datos con la realidad (alcanza con ver la caída del PBG, de las industrias madre de Mendoza como el vino, el petróleo, el comercio, el turismo, la agroindustria y la metalmecánica), pues se desmiente así mismo. En la enumeración selectiva hubo un eje que cruza toda la mirada sobre la gestión que, al quitarlo, las carencias quedan al descubierto. Se trata de los fondos extraordinarios que la Provincia ejecuta para obras públicas y que hábilmente Cornejo supo conseguir para que sean tangibles y liberar para que sean usables.

Si hay algo sobre lo que el Gobernador tiene pericia es en la lectura de la realidad y los escenarios políticos presentes y futuros. Allí puede radicar la decisión de economizar palabras, conceptos y definiciones. Es que lo que marca esa prospectiva es la incertidumbre; las dudas sobre el recorrido de la economía doméstica, de las empresas y los estados; acerca de la reacción social sobre ese escenario. Por eso lo que convine es la prudencia.

Javier Milei y Alfredo Cornejo en Estados Unidos

Cornejo es prudente para trazar el futuro y más aún para cuestionar como debería al Gobierno nacional por el daño que le hace a las cuentas públicas el cepo que impuso a las transferencias y la caída de la recaudación por la merma en la actividad. Prima por ahora el pragmatismo político para sostener la alianza política. Prima, valga la redundancia, la búsqueda para sostener el proyecto político antes que la conveniencia del interés general de la provincia. Solo así se entiende el silencio y la falta de acción. También puede ser prudencia y, esperemos, no coincidencia la nula referencia (positiva o negativa) del Gobernador y su grupo de aplaudidores sobre la escalada de violencia verbal de Javier Milei contra los periodistas y sus ataques a la libertad de expresión. La palabra tiene un valor más potente del que se le atribuye muchas veces; para construir sentido, idearios y generar acciones. ¿Hacia dónde conduce la violencia retórica creada desde el poder? Los hitos de Javier Milei no tienen antecedentes por lo explícito, lo chabacano y violento.

Desde hace dos décadas la política argentina potencia las tensiones extremas. La grieta. Milei lo lleva a un límite aún más radical, pues busca anular al otro. No busca mostrar “dos modelos”; es Milei o muerte. En Mendoza hay un acostumbramiento a una forma unidireccional, construida por potencialidades propias del oficialismo y carencias ajenas. Ambas características han sido largamente analizadas. Ambas improntas han sido efectivas desde el punto de vista político para quienes la capitalizan: Milei y Cornejo.

No hay nada que indique que la violencia verbal, tendencia a los extremos y tensión permanente mermen y, peor, dejen de tener rédito perdido. La pregunta es si eso es lo que Argentina y Mendoza en particular necesitan o si, por el contrario, no es momento de la revolución de la concordia. Es decir, en tiempos de guerra discursiva, buscar la paz de la palabra. En la gestión, quizá también. “La alternativa es hablar y no imponer, persuadir y no ordenar, dialogar y no exigir, charlar y no dictar, acordar y no someter. La alternativa política para Mendoza que tenga estos postulados, no será alternativa”, analiza un dirigente mendocino que asesora a uno de los candidatos.