De Raúl Alfonsín a Javier Milei: cómo cambió la estrategia argentina por Malvinas después de la guerra
Organismos internacionales, diálogo con Londres, acuerdos sobre recursos y nuevos reclamos atravesaron las presidencias desde 1983.
Los gobiernos democráticos y su relación con Inglaterra por el reclamo de soberanía.
Chat GPTLa guerra había terminado, la dictadura estaba por retirarse y la Argentina volvía a votar. Raúl Alfonsín llegó a la Casa Rosada en diciembre de 1983 con Malvinas todavía demasiado cerca para cualquier intento de pasar la página. El por entonces nuevo presidente dejó claro desde el inicio que la derrota militar no implicaba abandonar el reclamo territorial y definió la recuperación de las islas como un “objetivo indeclinable”.
Alfonsín llevó el reclamo a Naciones Unidas, la OEA y el Movimiento de Países No Alineados. Su gobierno buscó que los organismos internacionales impulsaran un acercamiento entre Buenos Aires y Londres y que el Reino Unido retomara las conversaciones sobre la soberanía. Entre 1984 y 1988, distintas resoluciones de la Asamblea General de la ONU alentaron a ambos países a buscar una solución negociada. En su discurso de asunción, Alfonsín había marcado el tono de su política: “La soberanía es un dato previo a la negociación”.
Año nuevo, nuevo gobierno: Carlos Menem llegó a la Casa Rosada en 1989 con una política exterior diferente. El presidente buscó recomponer el vínculo con Estados Unidos, Europa y el Reino Unido y eligió bajar la tensión con Londres. La Declaración Conjunta de Madrid de 1990 abrió una etapa de acercamiento y estableció el denominado “paraguas de soberanía”, una fórmula que permitió avanzar en distintos asuntos sin que ninguno de los dos países resignara sus posiciones sobre las islas.
La pesca y los hidrocarburos ocuparon buena parte de las conversaciones durante los años siguientes. La Argentina cuestionó las decisiones británicas sobre los recursos de la zona y creó mecanismos de diálogo para discutir la actividad petrolera. La política hacia los habitantes de las islas también tomó otro rumbo con Guido Di Tella, quien impulsó la denominada estrategia de “seducción” hacia los kelpers.
Menem llevó ese acercamiento hasta Londres en 1999, cuando se convirtió en el primer presidente argentino desde la guerra en realizar una visita oficial al Reino Unido. El viaje permitió avanzar en cuestiones prácticas, como los vuelos entre el continente y las islas y las visitas de argentinos, aunque la discusión sobre la soberanía quedó fuera de las conversaciones.
Fernando de la Rúa llegó para el cambio de siglo y recibió una relación bilateral menos tensa, pero sin avances sobre la cuestión territorial. Su gobierno tomó distancia de la política de seducción impulsada durante el menemismo y volvió a colocar a Naciones Unidas en el centro del reclamo. De la Rúa también defendió que Malvinas debía permanecer por encima de las diferencias partidarias y buscó recuperar el respaldo internacional para que Londres aceptara retomar las negociaciones.
Un 2001 enredado dio como resultado la asunción de Eduardo Duhalde en enero de 2002. Malvinas no ocupó un lugar prioritario en una gestión concentrada en la emergencia interna, aunque el reclamo de soberanía se mantuvo dentro de la posición oficial argentina. Durante un acto por el aniversario de la guerra en Ushuaia, Duhalde sostuvo que “la recuperación llegará de la mano del derecho internacional”.
Kirchner y Cristina de espaldas a Europa
Néstor Kirchner llegó a la Presidencia en 2003, con una mirada nacionalista y soberana, planteó un reclamo ante Naciones Unidas para la aplicación de las resoluciones que instaban a Buenos Aires y Londres a retomar las negociaciones.
Kirchner llevó la cuestión a sus encuentros con funcionarios británicos. Durante una reunión con Tony Blair en Londres en 2003, planteó la soberanía de las islas junto con otros asuntos de la relación bilateral. Su canciller, Rafael Bielsa, sostuvo ante Naciones Unidas que cualquier cooperación con el Reino Unido debía tener a la soberanía como eje.
Cristina Fernández de Kirchner continuó esa línea durante sus dos mandatos. La expresidenta sostuvo que la recuperación debía producirse por medios pacíficos y reclamó en distintos foros internacionales que Londres aceptara negociar. En 2009, durante un discurso en Londres, definió la reivindicación argentina como “inclaudicable” y volvió a vincularla con el derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas.
Sin embargo, los recursos naturales pesaron más que la diplomacia y entre 2007 y 2008, el gobierno de Cristina puso fin a la cooperación bilateral sobre hidrocarburos ante los avances británicos en la zona. La Argentina también rechazó la Constitución de las islas aprobada en 2008, porque consideró que mantenía una estructura colonial bajo control del Reino Unido. La Cancillería sostuvo que no reconocía al gobierno de las islas ni a sus representantes como parte de una eventual negociación sobre la soberanía.
De la mano con Londres
En 2015 el enfoque cambió, Mauricio Macri asumió y buscó reconstruir los canales de diálogo para avanzar en cuestiones prácticas. El entendimiento Foradori-Duncan de 2016 reflejó esa orientación y planteó una agenda de cooperación en asuntos como vuelos, pesca e hidrocarburos, mientras las posiciones de ambos países sobre la soberanía permanecían bajo el denominado paraguas. Macri también acompañó el proceso de identificación de soldados argentinos enterrados en el cementerio de Darwin.
Alberto Fernández asumió en 2019 y volvió a poner el reclamo diplomático en primer plano. En 2022, a cuatro décadas de la guerra, su gobierno impulsó la “Agenda Malvinas 40 Años”, que reunió actividades oficiales vinculadas con la memoria, los veteranos y la reivindicación territorial.
Fernández también llevó la cuestión a sus encuentros internacionales. Durante una reunión con Boris Johnson en 2022, planteó la necesidad de retomar las conversaciones sobre soberanía y reclamó una negociación bilateral. En 2023, la Argentina puso fin al entendimiento Foradori-Duncan y propuso una nueva etapa de negociaciones bajo el marco de la Resolución 2065 de Naciones Unidas.
La actualidad
Javier Milei llegó a la Casa Rosada en 2023 y sumó una mirada diferente sobre la forma de sostener el reclamo. El Presidente ratificó el derecho argentino al ejercicio pleno de la soberanía, pero vinculó esa aspiración con la prosperidad económica, la libertad y la capacidad de defensa del país. Ya para 2025, Milei afirmó que “la soberanía no se reclama, se construye con hechos” y planteó que la Argentina debía alcanzar un nivel de desarrollo que hiciera que los habitantes de las islas quisieran ser argentinos, casi como si fuera una condición a ser ganada.
En 2026, el Gobierno volvió a ratificar el reclamo y vinculó Malvinas con el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas. Milei anunció que el 10% de los ingresos fiscales provenientes de las privatizaciones sería destinado a la compra de armamento y bienes de capital para la defensa.
En los últimos días, la disputa por las islas tomó una dimensión nueva para el Gobierno de Milei a partir de las declaraciones de Donald Trump. El presidente estadounidense dejó abierta la posibilidad de revisar la postura histórica de Washington frente al conflicto con el Reino Unido, algo que Milei calificó como “algo fuerte” para “la causa más sagrada que tenemos los argentinos”.








