Otra vuelta de la revolución de lo sencillo, pero ya sin ninguna revolución
Ya está acostumbrado a ese tipo de escenario institucional. De hecho es la sexta vez que, como gobernador, Alfredo Cornejo se sentó frente a los legisladores reunidos en la Asamblea Legislativa para dar su mensaje de apertura de sesiones ordinarias
La ciudadanía que estuvo atenta al discurso, que año a año es cada vez menor, deberá hurgar en esa hora y pico de lectura atonal y monótona si el mandatario cumplió o no con el objetivo que él mismo había planteado en la previa: brindar un mensaje destinado al futuro y que sea una señal esperanzadora de quién está al frente de la provincia en un contexto tan difícil como el actual. La vara estaba alta se la puso él mismo... Y tan alta estuvo, que terminó defraudando. Habló del futuro, sí. Y basado en un largo balance de gestión de lo que se hizo el año pasado.
Alfredo Cornejo así brindó un mensaje que incluyó un recorrido por algunos anuncios que terminaron por demostrar nuevamente a qué vino en esta, su segunda vuelta al poder. No hay que esperar mucho más de esto que se escuchó del gobernador esta mañana templada de mayo: un discurso atado a lo que es su objetivo que no va más allá de intentar mejorar todo lo que se pueda el funcionamiento del Estado e intentar demostrar que, en este contexto, su gestión está acorde a ese objetivo. Es como una nueva vuelta de la revolución de lo sencillo, aquel latiguillo que se terminó transformando en el eje del relato de su paso anterior por Casa de Gobierno. Pero que a esta altura claramente ya no tiene ningún costado revolucionario.
Una sola vez, dentro de las 7.260 palabras que utilizó en su alusión, pareció salir de este paradigma. "El objetivo del primer mandato fue poner la casa en orden. Sin orden, no hay inversión, no hay seguridad, no hay educación. Lo entendimos antes que muchos y lo hicimos sin miedo. En este segundo mandato, nos hemos propuesto abrir la casa al progreso. Y la minería será el motor de ese progreso. Un progreso que respeta el agua, respeta el medioambiente y respeta a las próximas generaciones", dijo.
Aunque no haya sido novedoso: a esta altura está más que claro que la plataforma más fuerte en la que cree estar parado Cornejo para cambiar en algo la matriz productiva de Mendoza y apostar el futuro es el desarrollo de la minería. Una confirmación y una revelación de lo que dijo al respecto. San Jorge, ya se sabía, es el proyecto madre en ese sentido. No el cobre de Malargüe, el cobre del futuro para Mendoza está en Uspallata. Y aunque no lo dijo con todas las letras, el gobernador le apuntó a un sector en particular para que baje sus defensas. Siempre fue un secreto a voces que el sector vitivinícola fue uno de los que financió a los antimineros en el año 2011 cuando San Jorge naufragó. Y ahí hasta improvisó: "hagamos cobre y hagamos mejor vino", les dijo, a modo de reclamo, con un acting improvisado y buscando impactar levantando una roca y una botella de vino.
Por supuesto no se metió en la cuestión electoral, porque así se lo había autoimpuesto. No hubo referencias a sí concretará o no una alianza con Javier Milei y muchos menos, como consecuencia de esa incógnita, cómo se terminará de armar el cronograma electoral este año. Tampoco se refirió demasiado a las cuestiones macroeconómicas, que son clave a la hora de explicar el funcionamiento productivo de Mendoza y de cómo esto está afectando además la vida cotidiana de la gente. Amagó a justificar a Mieli, diciendo que "un año de ordenamiento no alcanza para reparar décadas de mala gestión", defendió el equilibrio fiscal a nivel nacional, lo mismo con la salida del cepo, esgrimió alguna queja diciendo que "para consolidar el proceso de recuperación se requiere confianza e inversión en infraestructura de base", pero no mucho más. Esta claro por qué: Cornejo viene de reunirse el lunes con Eduardo "Lule" Menen, uno de los arquitectos de la Libertad Avanza de las alianzas electorales en el interior del país , cumbre que se convirtió en el primer contacto serio que el mendocino mantuvo hasta acá con algún libertario para rosquear el tema.
Sobre el resto, lo dicho. Intentó destacar su manejo de la cosa pública resaltando la baja de la presión impositiva con la disminución progresiva del Impuesto a los Ingresos Brutos, anunció que la Sube se extenderá por toda la provincia, habló de que bajó la litigiosidad y anunció una rebaja de la tarifa eléctrica del 4%. Destacó su reforma en Salud y , sobre el problema número uno de la sociedad, detrás de la cuestión económica como es la inseguridad, retomó su discurso de casi siempre: que lo hecho no alcanza y que, una cuota de responsabilidad de lo que está sucediendo le corresponde a la Justicia por no aplicar la ley de reiterencia como el Ejecutivo entiende que hay que aplicar. Pero claro, si hay más detenidos, la política criminal se termina sujetando a la necesidad de más cárceles. Y ahí anunció dos: una nueva en San Rafael y otra para delitos menores en Cacheuta.
La oposición destrozó, casi como de costumbre, el mensaje del gobernador. La libertaria Mercedes Llano dijo que el discurso solo se trató solo de "micro anuncios" y Anabel Fernández Sagasti aseguró que lo de Cornejo de hoy fue la señal de "un fin de ciclo". Aunque no se detecte todavía en el electorado una voluntad de cambio, la pregunta es: Si estamos frente a un fin de ciclo ¿Qué hay después?. El peronismo mendocino todavía no tiene una respuesta clara ante ese interrogante.
"Llevamos un rumbo que busca la prosperidad individual y colectiva en un país complejo pero posible. Por eso nuestra misión sigue siendo poner a Mendoza todos los días un paso adelante. Por ejemplo, esforzándonos para crear mejores condiciones para la inversión, porque la inversión es el verdadero umbral donde se irá midiendo la confianza que inspire la nueva Argentina de la que somos parte", cerró el gobernador reforzado así a su idea base. "Como bien sabemos en Mendoza, los grandes proyectos se miden por el futuro que abren, no por el pasado que celebran. Y el futuro no se espera, se construye. Justamente en eso estamos", buscó emocionar en el último párrafo, aunque ese futuro añorado, aparezca hoy como muy lejano.